PIMIENTOS UNO

PIMIENTOS UNO

Todo son rumores y saber «de oídas». Nadie sabe nada, ni los que algo saben. Eso es al menos lo que me parece, eso, y que lo que de verdad importa es que, cuando abras la boca, de la impresión de que te asiste la Razón Pura, la Práctica, la de Estado y la medio pensionista, aunque uno se muera, por boca de otro, como un pez Payaso. Lo que en realidad importa es que tu lenguaje corporal transpire el olor de que estás informado, que estás al tanto de todos los movimientos habidos y por hacer, que estás al cabo de la calle (como si la calle fuera de fiar o un lugar concreto) que hueles al aroma de los que mean colonia. 

Se trata de poder alardear de tu ignorancia sabiendo que, al final, todo se olvida, que nadie se acuerda de los impostores porque, en cuestión de tirarse a la piscina, todos lo hacemos, tarde o temprano. Lo que de verdad importa, importa un pimiento.

La mayoría de las veces estamos más deformados que informados y un buen día, si mostrar arrepentimiento, aparecemos ahogados en nuestra propias fuentes, fuentes, generalmente, interesadas, fuentes de las que solo emana vapor de nada, o agua de lluvia ácida. Las fuentes tampoco saben nada o, al menos, no lo saben todo. Saben también lo que les cuentan, lo que creen haber visto u oído, saben lo que quieren que sepan sus propias fuentes. 

La gente opina «lo que opina el que opina» que, a su vez, traslada lo que le han vendido a él o lo que pretende vendernos. 

Intercambiamos opiniones y «saberes» en camas separadas pero, de hacer intercambio de parejas o, ni hablamos. De perdidos al trío.

¿Quién tiene entonces la primera y la última palabra? Me da a mi que nadie se atreve a tanto, salvo los que no saben nada. En cualquier caso, el que las tenga a mano, o a máquina, que las vuelva a dejar dentro del diccionario.

CADA DÍA MÁS TURBADOS

CADA DÍA MÁS TURBADOS

Malheridos, más turbados.
Con más dudas que Descartes.
Hábilmente hipotecados.
Agarrados por las partes.

Arruinados por el todo.
Huecos, desestructurados.
Con el mapa del tesoro
sin cruz y deshilachado.

Esclavos del corazón
cuando no de la cadera.
Con vocación de escalón
huyendo de su escalera.

Sumisos, agarrotados.
impotentes, descreídos.
Con los saldos arrasados
y los sueldos revenidos.

Así estamos: confundidos,
frugalmente alimentados,
con el aire desteñido
en pulmones asfixiados.

De condición: estreñidos.
De profesión: extrañados.
Con pecado concebidos
por culpa de cuatro vagos.

Hartos de cambiar la hora
y de chorizos en tacos.
Y de que nos den por saco
con embudo y cantimplora.

Resacosos de las pegas,
del chocolate del loro.
De enhebrar hilos a ciegas.
De desafinar a coro.

Solos, mal acostumbrados.
Vestidos, pero sin ropa.
Jodidos, pero animados.
Perdidos dentro de Europa.

Así estamos, así somos,
Así «semos», así andamos.
Intercambiándonos cromos
que ya no coleccionamos.

Más peregrinos que el Papa.
Más listos que los demás.
Más de sayo que de capa.
Más abiertos que un compás.

Y esperando una señal,
mejorando la pendiente
de que, en este carajal,
quede vida inteligente.

TODO ES MENTIRA

TODO ES MENTIRA

Es mentira. Nunca hemos estado en la Luna (algo que jamás le podré perdonar a Manuela Carmena). De haberlo conseguido, ninguno de los astronautas que la pisaron, habría querido volver. Más vale satélite en mano que planeta volando (por los aires)

Las Pirámides de Egipto, la Gran Muralla China, el Puente de Brooklyn, la Alhambra de Granada, la Puerta de Brandenburgo, las Maravillas del Mundo, las dos Corea… Todo mentira. Decorados. Cartón piedra, gomaespuma, plexiglas, pintura y metacrilato. Monumentos y lugares emblemáticos que solo están puestos cuando vamos a verlos (por la noche los desmontan). Reclamos turísticos. Vulgares espejismos de calor. Ejercicios de distracción para alejarnos de la verdad, de la despiadada, absurda y desconsiderada verdad. Esa que nos quita la razón o nos hace perderla.

El pito del sereno, la carabina de Ambrosio, los sobres de Barcenas, la flauta de Bartolo, el IBEX35, el coño de la Bernarda, el mechón de Urdangarin… Más mentiras. Juegos de palabras. Nombres propios e impropios. Artilugios inútiles. Falta de sexo. Aquí, todo vale, menos permitir que descubramos lo que creen que no sabemos. La verdad es mentira, es incómoda, aunque no tanto como «una cómoda», otra mentira.

Los trajes de los Reyes Magos, las siluetas de las reinas magas, los padres, los hijos, el Espíritu Santo, Belén Esteban… Nada. Fuegos artificiales. Sobredosis de camellos. Ganas de enredar, de malmeter, Burdas mentiras. Si hasta no creer es cuestión de fe.

La objetividad, la paciencia, el diálogo, los pactos, «tranquila que yo te aviso», la mayoría no independentista, la alta fidelidad… Rumores. Bulos interesados. Maniobras orquestadas en la oscuridad. Simulacros gestados con los pies, pero sin cabeza o, con cabeza, pero sin cerebro. Todo una mentira. Un invento para seguir inventando. Un socorrido autoengaño mientras descubren que hasta la mentira es mentira. Y, en estas va, y se muere David Bowie. 

Vamos a morir todos. Esa es la única verdad. Esa, y que la Luna si que ha pisado, más de una vez, nuestra cara oculta.

FELIZ AÑO BUENO Y…

FELIZ AÑO BUENO Y…

Que no se nuble el cielo de tu boca.
Que no te metan mano si no estás.
Que, si reinas, el trono no sea Roca.
Que no me dejes nunca si te vas.

Que den un paso al frente los parados.
Que bajen de la nube los poetas.
Que se coloquen los inadaptados.
Que al machista le crezcan cuatro tetas.

Que no olvides el alma de las cosas.
Que no se pudra nunca tu fragancia.
Que no te dejen puestas las esposas.
Que no pase de largo tu ambulancia.

Que Dios rece por ti en sus oraciones.
Que sueñes con la almohada entre los pies.
Que si se para el mundo te emociones.
Que sepas contestar cualquier porqué.

Que no te den el todo sin sus partes
ni te toquen las partes sin querer.
Que no te quieran por amor a helarte.
Que, si te odian, sea por placer.

Que te encuentres el séptimo sentido.
Que supriman el mismo mandamiento.
Que tu suelo recuerde al firmamento.
Que no te quiten nunca lo vivido.

FUN, FUN, FUN

FUN, FUN, FUN

Luces que encienden los sueños.
Frío que apaga las caras.
Besos que no tienen dueño.
Ilusiones de diseño
y una sensación muy rara.

Almas que no tienen pena.
Penas que afloran con duelo.
Corazones que condenan
que no puedan tener cena
los que duermen en el suelo.

Niños con risas de almohada.
Padres con manos de abuelo.
Noches de jugar con hadas.
Días de guardar las balas.
Motivos para el anhelo.

Copos de nieve en las copas.
Copas llenas de poesía.
Alegrías como rocas
y tristezas como pocas
demandando compañía.

Decorados para un cuento 
como en «Qué bello es vivir»
Flor de piel del sentimiento
contado en renos por viento
con ganas de confundir.

Fantasía que nos mueve
a resaltar las bondades.
Estrellas que van y vienen 
sobre un desierto de andenes
guiando a sus majestades.

Pensamientos solidarios.
Noches para recordar.
Concierto sin escenario.
Regalos en los armarios.
En fin: Feliz Navidad.

CON MIS MEJORES DESEOS

CON MIS MEJORES DESEOS

Déjate cautivar por las miradas.
Por este suave invierno que provoca
ganas de acariciar, con o sin ropa,
y beberse el olor de las tostadas.

Siente el aliento fresco de la vida
con aroma a carbón y chimenea,
a leña crepitando en la salida
donde la nieve es luz de luna llena.

Días de sol y niebla desgastada,
de coches y de atascos de peatones
que sueñan, de la noche a la mañana,
con que dejen en paz sus ilusiones.

Déjate provocar por el paisaje
de aceras a la sal y ramas secas.
Por la vuelta de hoja del viaje,
por el relleno de las horas huecas.

Aprovecha estos días para todo,
Incluyendo el placer de no hacer nada.
Para empinar el ánimo y el codo.
Para recuperar duendes y hadas.

Déjate engatusar por la manera
con que la Navidad nos redecora,
aunque escarchen roscones y maneras,
aunque tengamos que pedir la hora.

Dejemos de pensar en la rutina
que ha perdido la «t» por el camino
y demos rienda suelta en la cocina
a una nueva receta del destino.

UN SUSTO DE SUERTE. (ENTRADA DEL PROGRAMA ESPECIAL LOTERÍA EN ONDA CERO)

Hoy, unos niños, nos van a poner un ejemplo de lo que es ponerse de acuerdo. Van a ser cuatro y cada uno tendrá una función diferente, aunque en el fondo se trate de la misma. Uno de ellos, situado en la parte de atrás del escenario, junto a un bombo pequeño, sacará una bola con un premio, Otro niño, o niña, a la misma altura del escenario, junto a un bombo mucho más grande, será el encargado de extraer otra bola, en este caso con un número. 

Delante de ellos, con un protagonismo algo mayor, más visible, más sonoro, otros dos niños, le pondrán voz a ambas cifras y por lo tanto, nos harán saber a todos, qué premio hemos ganado, o no, y a qué décimo le ha correspondido, o tampoco.

Así de sencillo. Cuatro niños se van a poner de acuerdo, a lo largo de la mañana de este martes, para darnos un susto de suerte.

A partir de ahí, ya veremos quiénes se sienten ganadores, a quiénes les rechinarán los dientes y las neuronas, o quiénes lamentarán no trabajar en una fábrica de maniquíes como vigilantes de seguridad.

Este 22 de diciembre, día en el que por cierto también empieza el invierno, el «ingobierno» que dicen algunos, es el día en el que la actualidad se hace un poco más respirable, abre un paréntesis y, a nosotros de paso, nos permite tomarnos un respiro, al cava, si es posible. 

Porque hoy las noticias vienen con la sonrisa puesta, con aires de fiesta, con un plan debajo del brazo, con un emoticono en la mirada, con retuit en el alma, con una mariscada en Instagram y todo ello, gracias a una lluvia de millones de euros, Montoro más, Montoro menos que, a más de uno, le van a venir como anillo al dedo, como tapón al agujero. Porque ya saben ustedes que cuando se trata de agujeros, España es un paraíso fecal. Aquí todo el mundo tiene uno que tapar, o dos sin son pequeños. Lo mismo que todo el mundo tiene: un partido, un equipo de fútbol, un credo, una opinión, un vecino ruidoso, un bobo conocido, un perfil en las redes sociales, un cuñado y, lo que es más importante, un montón de sueños que hoy puede que se hagan Navidad.

HABLANDO EN PLATA

HABLANDO EN PLATA

Una vez arbitrado el apriorismo
que pueda resultar más efectivo
para crear un caldo de cultivo
con el que controlar el alarmismo,
siempre con un enfoque positivo,
habrá que promover un mecanismo
que valga de acicate y de reactivo
y aborde en una mesa el objetivo
de frenar, de momento, el cataclismo
de encontrarle a los otros un castigo.
Se deben conseguir, sin más tardanza,
consensos que estimulen la manera
de perseguir, conciertos y alianzas,
que tiendan a servir de lanzadera
para recuperar la confianza.
Crear las comisiones necesarias
para aclarar del todo casi nada
y mantener reuniones ordinarias
en las que discutir cualquier chorrada
con cierto aire de sesión plenaria.
Hay que ponerse manos a la obra
y «contextualizar» pares con nones.
Disimular el «tente mientras cobras»
e intentar asumir ciertas funciones
sin que parezca que vendemos sobras.
Lograr que se mantenga consensuada 
la solución al marco generado
por una decisión mal explicada
y entre nosotros, digámoslo claro,
que no parezca que no hacemos nada.

LA REALIDAD

LA REALIDAD

Decía el dramaturgo y narrador Friedrich Dürrenmatt que «la realidad es una opción de lo posible». Es decir que, de todas las cosas que nos pueden suceder, en todos los momentos dados, la realidad es solo eso que nos pasa. Lógica no le falta, sentido del humor, bastante.
Dependiendo de tus circunstancias, uno puede elegir: muerte en lugar de susto, papel en lugar de piedra o incluso de tijera, la de avena en lugar de dos de sal. Decantarse por los culos en lugar de por las témporas (lógico por otra parte), por las «churris» en lugar de por las Meninas. Preferir, llegado el caso, que te trague la tierra a comerte dos kilos de arcilla, sin alginato ni leches, a puro huevo.
Por descontado y paralelamente, existen infinidad de opciones que, ni elegimos, ni nadie nos da cuartelillo para poder hacerlo. Cosas tan elementales como: nacer, «la cuna», el nombre de pila, la pila, el apellido de nuestro jefe, ciertos caminos, inciertos destinos, a nuestro peor enemigo íntimo, a los que van y vienen en las listas electorales, al idiota de turno, el turno del idiota y tanto etcétera suspensivo.
La realidad es la que es en cada instante y, a menudo, no se deja meter mano. Sin embargo, tiene de buena que, si bien no se puede devolver a los corrales, a veces se puede cambiar por otra, aunque que no todo el mundo pueda permitirse ese lujo. Cuando de la realidad se trata, si no quedas satisfecho, ni El Corte Inglés te devuelve el dinero. Pero… una manita de chapa, pintura y mecánica en general puede que sí admita. A veces hasta una pasadita por el desguace.
Por eso es tan importante que, en lo que de cada uno dependa, no bajar la guardia. No permitir que nadie se meta ni decida cual es nuestra realidad, al menos la básica, la rutinaria, la del día a día, la de andar por casa, «la de la mochila azul, la de ojitos dormilones, la que nos deja gran inquietud y bajas calificaciones…». (Perdón, que me he venido arriba, o abajo, según).
Intentemos que esa «opción de lo posible» se aproxime bastante a lo que en realidad soñamos. ¿Cómo se consigue eso? No tengo ni la más «repajolera» idea.
Yo solo sé que, menos lo absoluto, todo lo demás es relativo. Que peor sería que la realidad fuese una opción de lo imposible. Así que, como todo es susceptible de empeorar, no demos ideas, salvo que nos las paguen, como las que damos en Twitter, esa realidad paralela.

DE PROMESAS, UTOPÍAS Y VAMPIROS

DE PROMESAS, UTOPÍAS Y VAMPIROS

No sirve de nada tener buenas ideas si nadie acepta ser conejillo de indias. Las buenas ideas, en ese aspecto, adolecen de la misma falta de aceptación que las malas, ninguna. Los ases y los conejos quedan muy bien en mangas y chisteras pero, fuera de ellas, la magia les abandona como a las axilas los desodorantes baratos.

Aunque quisiera estar equivocado, muchas veces he manifestado convencido de ello que, el mundo suele cambiar a los que vienen a cambiarlo. Será por falta de valor, de consenso, de poder, de capacidad de convicción o sencillamente por miedo a perder la confianza de tus votantes pero, lo cierto es que, a la hora de la verdad, en política, o te adaptas a lo que la gente está dispuesta a consentirte o Puerta, Camino y Mondeño. 

La utopía está bien como castigo, en la práctica, no hay quien sea capaz de hacerla funcionar. Por eso es utopía, si no, no tendría la gracia que promete. No reniego de ella, me gustaría que pusiésemos más interés en lo que propone, en su capacidad regeneradora, en su locura. La mayoría de las genialidades nacen de lograr hacer realidad un imposible. Lo cierto es que: «es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja» que un pobre se deje arrastrar a un cielo que ni ve, ni siente, ni está dispuesto a padecer (Siempre que escribo el verbo padecer me acuerdo del chiste del hombre cubierto de pelo que le pregunta a su médico: Doctor, ¿qué padezco? y este le contesta: «Padece uzted un «ozito»)

No suelen cumplir las promesa sencillas, como para tragarse otro sapo a estas alturas, aunque el sapo parezca una rana y esconda un príncipe de infinitos colores. Condenamos a los justos por pecadores antes de que puedan salir de su «almario». Pero así son las cosas, la sociedad tiene miedo a los cambios, a la estética y a la ética que no ve del todo clara. Pintamos más de lo que exponemos, porque lo que se dice exponer, no exponemos nada,

A todos nos gustan los vampiros hasta que sentimos sus dientes clavados en nuestro cuello.