DICIEMBRE

DICIEMBRE

Empieza el mes de las cenas.
la lotería, los puentes,
del gasto como condena,
de la bondad recurrente.

El mes de la Inmaculada
versus la Constitución,
el de la luz deslumbrada
y el besugo de ración.

Del enemigo invisible,
del jefe venido a menos,
del amor incomprensible,
de los cuñados amenos.

Tiempo de mascar turrones,
por no morder yugulares,
y kilos de omeprazoles
contra la acidez de males.

El año en la cuerda floja
llevado por su mal fario
no tiene vuelta de hoja
y huye del calendario.

Con diciembre hemos topado,
con menos placer que roces,
de un año descontrolado
que se va soltando coces.

Quedan ya, como quien dice,
doce días laborables
y, sin entrar en matices,
dos noches inigualables.

Se nos muere el año en curso
como se ha muerto Fidel.
(esos si que eran discursos,
aunque fueran por jodel).

Rajoy conserve los puentes
y España su mismidad.
Sin novedad en el frente,
lo que hay, es Navidad.

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REGRESO AL PASADO

REGRESO AL PASADO

Últimamente he pensado que no me importaría poder viajar a mi pasado. Un viaje de ida y vuelta, sin pasarse. Unas cuantas puertas del tiempo y a casa, que en aquella época si hacía frío.
Volver a mi pasado para reencontrarme con aquello que fui y que fue conmigo. Se me antoja volver al morboso instante inesperado de compartir el primer beso a ciegas. A recorrer las calles de mi olvido, por ver si me sigo perdiendo en los portales. A esconderme de nuevo en los rincones en los que jugábamos a encontrarnos cuanto antes, no sé si por miedo a esa sensación de soledad asistida o por la absurda necesidad de tener que cambiar de entretenimiento cada cinco minutos. 

Me gustaría volver por unas horas a reencontrarme con mi padre y darle un abrazo de padre, y de paso la razón, la razón y las gracias, y otro abrazo. 

Volver a mi pasado por un rato y comprobar qué ha sido de los que desde hace años no sé nada o se fugaron sin mi o yo sin ellos. Ir de visita el día aquel que me sacaron a la pizarra y saqué mi único diez sin querer y sin saber por qué. Regresar al borde del camino donde dejaba tirada mi bicicleta y mi cuerpo descosido, harto de tanto pedalear cuesta arriba para no llegar nunca a ninguna parte. Volver a aquel atardecer, que se me antojó único, cinco minutos antes de hacer la foto que no pude tirar en su momento porque llegué muy tarde.

Quisiera volver a sentir el tacto de su piel en el asiento de atrás del coche, mientras aprendíamos a entender que todo sería distinto al día siguiente. Al susurro del vientre de la tela al pasarle la tiza, ayudando a nada en la sastrería de mi abuelo. A detener aquella bofetada de patio de colegio con la que me quedé sin dar nada a cambio. Me gustaría ver de nuevo cosas que no recuerdo por más que me reintento. Volver a aquellas noche de concierto, con cierto desconcierto, al fondo de las copas 

Volver a mi pasado, no por mucho ni por nada, ni siquiera por nostalgia, acaso un poco en defensa propia, para dar una vuelta a algunas cosas que quedaron pendientes, a algún reloj de arena que se quedó colgado, a la tortilla que acabó en el suelo y me salvó la cena. Volver para volver a dar la cara y a hacer más de una cruz.

Al futuro he renunciado a ir por si, una vez allí, ya no estuviera.

Y AHORA ¿QUÉ?

Y AHORA ¿QUÉ?

Ahora que a la callada mayoría
le da igual que les peinen lo cardado,
sin ninguna acritud, les pediría
que confiesen qué fuman o han fumado.

Ahora que los mercados están tiesos,
mucho más que la hueva y la mojama,
invirtamos en pan, jamón y queso,
fruta, verdura, huevos, leche y cama.

Ahora que lo que sobran no son vendas
porque nos sangran todas las heridas,
la esperanza tendrá que pagar prenda
amén de deshacerse en despedidas.

Ahora que fabricamos terremotos
que sacuden cimientos prescindibles,
la realidad de ateos y devotos
sigue siendo una opción de lo posible.

Ahora que todo va de hacer amigos
tirando de grilletes y de fusta,
los que solo se miran el ombligo
que enseñen el botón del no me gusta.

Ahora que las ranas crían pelo
en lo que afecta a la mediocridad,
hay que ver como está de negro el cielo
que toca suelo en esta sociedad.

Ahora que las jornadas son más cortas
y anochece más pronto cada día,
que al menos al poner las luces cortas
tengamos unos metros de alegría.

FIERABRÁS

FIERABRÁS

Sobrevivimos en un lugar de la revancha cuyo nombre ignoran, o del que no quieren acordarse, cada vez más personas. Reniega que algo quiebra. Les sucede lo mismo con sus símbolos, su situación geográfica, su historia, su orografía, su forma de llenar la paella, su clima, sus lenguas, su régimen político, sus instituciones, su cultura, sus afluentes por la derecha y por la izquierda, su manera de sentir y disentir, su si es no es y, ya puestos, que reniegan también del resto de la población. 

No se sabe muy bien si tamaño desapego nace de la convicción, de la ignorancia, de la mala baba ancestral, o porque realmente les asiste la razón pura, la razón crítica y la sinrazón práctica. Se desconoce si lo hacen por joder o directamente por intolerancia a la tortilla de patata (con o sin cebolla, que en esto también hay sus Mas y sus memos). 

La solución no es fácil porque, frente a ellos, están los que tampoco tienen la menor intención de bajarse de su burro, ni de dejarse pisar el callo, ya sea hecho a la madrileña o a la bilbaína. Me refiero a los miembros destacados de una auto engañada mayoría silenciosa, que lo mismo un día se lleva una estruendosa sorpresa. Los que prefieren que nada cambie no vaya a ser que sea a mejor.

El caso es poner, quitar y cruzar mejillas a diestro y siniestro. 

En España, o como se diga, de los 365 días del año, 378 se emplean en ponernos a parir los unos a los otros (como Dios nos ha amado). Así no hay quien se entienda, ni quien nos atienda. Aquí todo el mundo tiene razón y sujeta la sartén con su mango, nadie da su brazo a torcer ni a entablillar, todo hijo de vecino mea colonia y se la coge con papel de fumar.  En Expaña tener la fiesta y la siesta tranquila resulta harto difícil. 

Lejos de mejorar, con el paso del tiempo, las cosas van de mal en peor. Nadie descarta que terminemos todos pidiendo la hora, solicitando asilo político en un manicomio, o que acabemos a sopapo limpio por las calles con los nardos y los leotardos apoyados en la cadera. 

Nunca tan buen fondo fue defendido con tan malas formas. Lo único que ha evolucionado, para mal, es el ridículo que, antes rozábamos, y, hoy en día, vivimos estrellados en él.

Seguimos sin querer aprender que la única manera de poder convivir es conviviendo, a ser posible en paz, cada moco con su flema, pero en paz. El escozor ininterrumpido en las partes y en el todo, no tiene sentido, ni mejora con pomada. La verdad nos hace liebres y la mentira conejos.

Quede constancia de que todo esto lo digo apenado por ver que cada vez es más la gente que sufre esta suerte de hemorroides identitaria de manera desatada. En lo que a mi respecta me confieso aves de paso, de esas que pueden soportarlas en silencio sin inmutarme. Me creo capaz de vivir tan ricamente sin fiesta nacional, sin navidad, sin halloween, sin semana santa, sin mes de las flores, sin Black Friday, sin fútbol, sin gobierno, sin nido, sin pelo, sin nitrógeno líquido en la cocina, sin discutir y sin próstata.

DÍAS CORTOS, CARAS LARGAS

DÍAS CORTOS, CARAS LARGAS

Estas tardes de sol con cataratas,
con farolas de parto prematuro,
nos enseñan el lado más oscuro
de un otoño arropado en papel plata.

Anochece con prisa a media tarde
y sin quererlo el ánimo lo nota.
Una mecha que prende y que no arde
un fuego que cocina la derrota.

El invierno a la vuelta de la esquina
viste traje de luces perla y gris.
Faena al natural que corta espinas
de una rosa que sueña con abril.

El agua en el asfalto hace de espejo
de un cielo que se mira de reojo.
Llueve sobre mojado en el añejo
océano sin par de los sonrojos.

En medio de esa niebla hay quien navega
en un barco con casco retornable
intentando encontrar un puerto a ciegas,
un abrigo, una cuerda o un amarre.

Menos mal que nos quedan las farolas,
las luces de los faros que regresan,
el susurro de un mar en caracolas,
la cama donde sueñan las sorpresas.

Tenemos mil salidas para darnos
un respiro fugaz a cada instante,
una forma sencilla de fugarnos
disfrazados de huida hacia adelante.

DE REMATE

DE REMATE

Huir sin escapar ni sentir frío.
ni miedo, ni dolor, ni nada malo.
Sacar a pasear tu desvarío
con la sana intención de no dar palo.

Simplemente mirar, cruzar el río
que separa el futuro del pasado.
Dejar el callejero a su albedrío
aunque elija el camino equivocado.

Y que no importe el nombre de la calle
o si son empinadas las aceras,
o si el viento te coge por el talle,
o si suben o bajan las mareas.

Caminar sin saber de dónde vienes,
sin que importe una mierda adonde vas,
si se cruzan tus males con sus bienes,
lo que piensen o digan los demás.

Echarle un pulso al loco segundero
que te sigue a sesenta por minuto
Salir de tu universo diminuto
volando sin volar a ras de suelo.

Pasear por tu vida sin complejos
pero sin vocación de escaparate,
persiguiendo sonidos y reflejos
hasta volverte cuerdo de remate.

VERDES Y SIN ASAS

VERDES Y SIN ASAS

Siervos y un tanto serviles.
Locos pidiendo favores.
Pícaros, fenicios, viles
cuando se trata de amores.
Currantes con o sin IVA.
Expertos en sacar bola.
Piratas a la deriva.
Suecos en bata de cola.
Mitómanos, maleables.
Devotos del gran joder.
De forma de estar, culpables.
Libres de forma de ser.
FunambuIistas sin cable
con carne de alma de artistas.
Expertos en tragar sables.
Despiertos y conformistas.
Con honrosas excepciones,
quien más quien menos se busca
la vida (y sus ambiciones)
en ésta España tan chusca.
Supervivientes innatos.
Listos con clase y sin clase.
Ilusionistas a ratos.
Reciclados sin envase.
Somos lo que padecemos.
padecemos lo que somos.
Y no, no nos merecemos
que nos fundan como plomos.