¡ATIZA! EL REY DE LOS HUMOS

¡ATIZA! EL REY DE LOS HUMOS

Me gusta contemplar el humo que huye del fondo de las chimeneas y las chimeneas escupiendo humo. 

Encontrar la belleza de lo que parece feo a simple vista y repintarla (mucho mejor que respirarla, en este caso)

Acrílico sobre tabla 70×40 cm

Hacer una fiesta de un solar sin gracia y llenarlo de música, de un baile de líneas.

Intentar que una fábrica, perdida en la distancia, se convierta en el punto de partida de un viaje fascinante al otro lado de la nada. 

Me divierte sacar reflejos de donde no los hay y hacer eco cuando el silencio suena.

Disfruto sacándole los colores a lo que solo sabe soñar en gris. 

Me gusta pintar sueños oxidados, mares de mentira cubiertos de escamas, barcos hundidos en arenas movedizas, puertos cansados de adioses y olas, reflejos de viento sin puerta de atrás, noches en vela  y techos de metal. 

Me gusta desaparecer, como el humo, en el interior de mis lugares menos comunes. 

Soy más raro…

Me encanta pintar.

Anuncios

ESPEJO DE AGUA

ESPEJO DE AGUA

A algunos nos pasa como a los astronautas, que tenemos un amor en cada puerto. Aunque, en honor a la verdad,  lo que yo tengo en cada puerto es un humor distinto.

Acrílico sobre tabla (70×60)

Soy menos de puertos de montaña que de mar. Esos espacios recogidos en los que la mejor defensa es un buen atraque. Esos rincones en los que los barcos descansan sobre el llamado “Espejo de agua”. Esos remansos de paz en los que el peor ruido es el tintineo de las poleas contra los mástiles.

Dicen los entendidos que no hay que tener barco sino amigos que carguen con ese gasto y, porqué no decirlo, con ese gusto. Es conveniente, como dice la canción, tener alguien que sepa manejarlo para que a la deriva no te lleve, o si.

Este cuadro lo pinté recordando las noches de sol de un verano cualquiera. Esas en las que se puede ver el horizonte gracias al brillo de cualquier luz sobre el mar. En las que la luna llena chapotea en su superficie. En las que cualquier orilla es un puerto.

Mis lunas son soles que se parecen como la noche al día. Mis casas son bloques de color con grandes ventanales. Mi mundo es así. Una deformación como otra cualquiera.

Hay una combinación de tonos que me cautiva y es la que juega con los azules y los naranjas. Para gustos, los colores.

Bienvenidos a bordo y feliz travesía.

A DOS VELAS

Me gusta el mar por encima de todas las cosas, salvo que sea, claro está, porque se hayan derretido los polos.

Acrílico sobre tabla. 70x60
Acrílico sobre tabla. 70×60

Este cuadro pertenece a la colección “Velas y Humo”. Lo pinté un día que debí ponerme más colorado de lo habitual.

El reflejo de la costa en el agua, la luz del faro y, el contraste del blanco de los barcos con el resto de los tonos, son mis rincones favoritos.

A veces pienso que los cuadros se firman para poder dejar de pintarlos. De no ser así, lo mismo a estas alturas, estaríais contemplando un bodegón (con lo poco que me gustan). Para mi firmar un cuadro es como un -vale, ya te dejo tranquilo-.

No pinto mucho, en general, pero con los pinceles, menos. Puedo pasarme años sin coger uno y, luego, el día que me pongo (a pintar) puedo estar cuatro meses sin hacer nada más. Suele coincidir con el día menos pensado.

Volviendo al mar, pocas cosas me provocan mayor sensación de libertad. El espacio abierto que dibuja y ocupa, me permite escapar sin moverme del sitio. Me desata, me excita, me conmueve. Pocas cosas hay más entretenidas como ver la leña crepitar en una chimenea, o contemplar como las olas rompen contra las rocas. Fijarse en cada forma, en su cresta de espuma, en cada gota.

Igual que a los viejos piratas de salón, me da mucho respeto. No es miedo, pero no es algo con lo que crea que haya que jugar, salvo en la orilla.

Como de tantas otras cosas, me invento sus colores, su olor, su luz, su textura, su aquel. Me invento un mar cualquiera para poder tenerlo siempre cerca. Colgado en alguna de mis paredes como una falsa ventana a lo que extraño. El mar es mi pasión, pasada y presente, y espero que el colchón de mi pensión futura.

A DOS VELAS es un reflejo de lo que digo. Mar y cielo rojo, con mostaza. Blanco de vela al viento, viento en popa. Puesta de sol sin sol. Luz de sábado noche. Un mar que no da frío, ahora que casi hemos olvidado que antes de ayer fue estío.

Comparto con vosotros otro de mis cuadros y os invito a surcarlo. Feliz travesía.

MADERA DE BLOG

Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a la posibilidad de abrirme un blog. Pasado el mareo,  y cierta sensación de vértigo, aquí estoy, dispuesto a superar la barrera del silencio, del sonado y la de los 140 caracteres (esa, creo que ya).

No sé si tengo “alma de bloguero”, cuerpo de jota y otras letras similares, o madera de blog, pero de lo que si estoy seguro es de que, ya que me pongo, voy a intentar hacer lo mismo con los que tengan a bien asomarse a ésta botella medio llena.

Los tragos serán cortos, espero que no amargos, la uva de todas las variedades y la copa, rebosará de: textos, fotos, cuadros, versos y reversos. Espero que gustéis y, al final, os guste.

Bienvenidos y ya lo iremos viendo.