LA PREGUNTA

LA PREGUNTA

La pregunta más difícil de responder es esa que te formulan con la guardia bajada. En ese preciso instante en el que el vacío te llena entero y la araña de las esquina del techo te guiña un ojo desde su escondite, cómplice de tu mirada perdida y tu silencio sonoro.

-¿En qué piensas?-. (Preguntan mientras clavan su pupila en tu ignorancia azul).

Con las neuronas desarmadas, la pregunta entra en tu cabeza como una bala de fogueo, como una apisonadora sin nadie al volante decidida a aplastarte la capacidad de reacción.

De tu boca sale una respuesta que suele ser bastante peor que la pregunta.

-En nada-.

Y contestas eso aun sabiendo que es mentira, pero ¿cómo confesar que en realidad hablabas con la araña del rincón, con el cuadro de la pared o con la luz que juguetea con su sombra?

Cómo admitir que estabas pensando en algo que quizá preferirían no saber y, de ser bueno, te gustaría dejarlo para mejor ocasión.

Es en ese instante cuando deseas ser la mosca de paso que se quedó pegada en la telaraña y termina convertida en lo que te han hecho parecer a ti: un capullo.

NO ES LO MISMO

NO ES LO MISMO

Una cosa es la dirección y otra el sentido, pasar inadvertido que desapercibido.

No es igual tener opinión que tener criterio, amar que querer, temer que huir.

Hay cosas que aunque parecen idénticas en teoría, en la práctica son diferentes: como las personas, como los copos de nieve, como las ideas, como las comisuras de los labios, como las intenciones.

No es lo mismo ser bueno que estarlo, el viaje que el camino, pasar de largo que olvidar, estar mal que rendirse.

Las cosas no son lo que parecen, las cosas son lo que son: como las pinturas abstractas, como las falsificaciones, como el amor, como la magia, como la confusión, como la realidad.

DEL REVÉS

DEL REVÉS

Cuando llueve hacia arriba las nubes se ensucian de barro.

Los truenos se reflejan en los escaparates y los rayos retumban bajo la ropa.

Cuando el tiempo desafía el movimiento de las manecillas del reloj, las calles se llenan de cangrejos de mar en busca de un lugar donde esconderse.

Cuando la luna sale al mediodía los lobos pierden la razón y enmudecen de golpe, mientras son perseguidos por cientos de corderos.

Cuando todo es mentira, o lo parece, posiblemente esa sea la única verdad.

Una buena razón para empezar de nuevo o para decidirse a vivir dando vueltas como un reloj de arena. Por derecho y del revés.

LUCES Y SOMBRAS

LUCES Y SOMBRAS

A ella le daba miedo la oscuridad, él padecía fotofobia.

A lo largo de los años habían hablado miles de veces, pero, casi nunca sus miradas habían podido encontrarse.

Ella cerraban los ojos de noche, él los cerraba de día.

Ella le describía los amaneceres, él le contaba al oído los secretos de las estrellas.

Su relación parecía imposible y, sin embargo, se amaban más allá de lo imaginable. Habían aprendido a quererse así y ya no concebían su relación de otra manera.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, la naturaleza les hacía un regalo maravilloso que les reconfortaba: un eclipse de sol.

LAS HORAS MUERTAS

LAS HORAS MUERTAS

He encontrado el reloj

que da las horas muertas.

Un viejo carillón

que cuenta los minutos en voz alta,

desde el fondo del angosto salón

donde se encuentran

las miradas perdidas.

Sobre una mesa camilla

con la falda muy larga,

una diminuta musaraña enjaulada,

mira por la única ventana que tiene

la estancia y que ofrece unas

fantásticas vistas

a un espacio en blanco.

Una vieja musa despeinada,

tumbada en el suelo de madera,

hace un solitario con las cartas

marcadas y ningún interés.

Yo estoy de pie junto a una

mecedora que cabalga despacio,

hipnotizado por su movimiento.

Ausente y sin pensarlo me debato

entre quedarme quieto,

o asomarme a la calle y pintar el

paisaje.

Sin embargo, no siento nada

especial.

Nada ni nadie me desagrada,

ni siquiera tengo la sensación

de estar matando el tiempo.

El viejo reloj de péndulo

ya se encarga de dejarme claro,

cada dos por tres,

que allí se viene:

a desaprender,

a desoír,

a descreer,

a deshacer,

siempre a deshoras.

“Entre tu espalda y mi pared”.

Editorial Renacimiento.

IDIOTAS

IDIOTAS

El ser humano, del divino ya ni hablamos, ha conseguido, no sin gran esfuerzo, tozudez y estulticia, a lo largo de los siglos y por los siglos de las siglas, que la vida sea tan complicada como para hacerla imposible.

Para ello nos hemos dotado de leyes que regulan leyes que regulan leyes que jamás debieron haber sido leyes (seguramente escupidas por la mente de alguien que perdió un juicio o el suyo propio, o quiso vengarse de otro u otra).

Hemos creado absurdos mecanismos de autodefensa y de defensa ajena que, amén de innecesarios, han contribuido a enredar más esa madeja que hoy nos hace las veces de alzacuellos y de excusa para ahorcarnos con la primera rama tronchada (de risa) del camino.

No contentos con estar contentos y despreocupados, le pusimos una aclaración a cada sílaba, un pero a la parte de atrás de cada frase, una excepción a cada regla, una regla a cada acción, una pega a cada gesto y una mueca a cada respuesta.

Sembramos de dudas los campos de labranza y las laderas del conocimiento y, con la cosecha resultante, llenamos de mierda el silo de la experiencia hasta dejarlo inservible.

Aprendimos de nuestros errores que rectificar era cosa de sabios y nos lo creímos por interés, sin entender que equivocarse es de torpes, que los sabios no están para equivocarse ni pendientes de esas bobadas.

Somos esclavos de las leyes, de los bancos, de la nómina, de las ideas peregrinas, de los políticos, de los miedos de incomunicación, de lo que digan u opinen de nosotros, del papeleo, del temor a ser autónomos (que a su vez son esclavos de todo eso y de ellos mismos).

Estamos presos al otro lado de la valla. Vivimos (o eso creemos) atrapados en el tiempo y en el cada vez más escaso espacio. Entre cuatro paredes por mucho que dos de ellas estén hechas de cielo y de mar.

Nuestro horizonte es la quietud. El futuro sentarnos en cuclillas y matar el tiempo echando de comer a las baldosas.

Todo tiene su excepción, su lado oscuro, su lado absurdo, su lado bueno, pero, ni lo bueno nos convence. Nos sentimos obligados a buscarle siempre tres gatos al pie., de encontrar culpables

Llegará un día en que respirar sea delito o esté mal visto o nos lo prohiba un necio, y habrá quien deje de hacerlo.

Porque somos idiotas.

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(Y cuando aumentó la preocupación por la contaminación acústica en las ciudades, alguien inventó las maletas con ruedines).

CULPABLE

CULPABLE

Camino despacio persiguiendo a mi sombra que me indica el camino que espero sea de luz.

Camino medio grogui como el preso que enfila el corredor de la muerte, con la esperanza de que sus verdugos no hayan pagado el recibo ese mes o se funda la silla o que les hayan cortado el gas por avería o que su ejecutor no encuentren ni una sola vena sana por la que inyectarle su veneno mortal.

Camino sin ganas de llegar a ninguna parte y menos a alguna que termine al borde de un precipicio sin salida, sin más salida que una nada envasada al vacío, al fondo a la derecha.

Camino y no siento la calle, no reconozco las aceras ni las caras que siempre se han cruzado con la mía. Nadie me reconoce ni me conoce. Es como si se hubiesen olvidado de que alguna vez fui bueno o merecí la pena o la alegría.

Camino y me pregunto qué mal pude hacer más allá de respetar la vida, de querer vivirla, de sentirme vivo, de cuidar de todos.

Y así voy caminando de puertas para dentro, dando palos de ciego, sumido en una suerte de desgracia ganada a pulso.

Me siento como el pájaro al que han quemado el nido, como el gato que ansía no ser como los otros, como el árbol cansado de no poder crecer.

Camino y al doblar la esquina compruebo que mi sombra me ha dado la espalda y ahora me pisa los talones.

Camino y no reviento por no sentirme más culpable y solo.