HOY SIGUE SIENDO AYER

HOY SIGUE SIENDO AYER

(Extraído del libro “La luz al final del pasillo”. De venta aquí: https://www.amazon.es/Luz-Final-Del-Pasillo-confinamiento/dp/B08J1V4QHT/ref=mp_s_a_1_1?dchild=1&qid=1603641120&refinements=p_27%3AJavier+Ruiz+Taboada&s=books&sr=1-1 ).

HOY
14 de Mayo de 2020

Hoy que la eternidad dura un instante, que las medias
verdades son mentira.
Que la vida nos cabe en un bolsillo, que los sueños no duermen por la noche.
Hoy que la ideología es un castigo, que los besos se dan con la memoria.
Hoy que se hace el amor a duras penas, que lo raro es lo bueno conocido.
Hoy que nada es cercano ni de lejos, que los abrazos son de fibra óptica.
Hoy que la libertad es un misterio, que los cinco sentidos no están claros.
Hoy que todo se ve de color prosa, que la rutina se conserva envasada al vacío.
Que la muerte es un mal nicho, que todas las mañanas se hacen tarde.
Que la política es ciencia fricción, que la calle es un una noria desmontada de un parque de atracciones imposible.
Hoy que la gente mira de reojo, que se cubre la cara por miedo y profilaxis, que no se corta un pelo, que anda despistada, que no sabe que atenerse, que no sabe.

Hoy que todo es ahora y el ahora no dura ni un segundo, que estamos esperando que se acabe lo que muchos no saben que ha empezado.
Hoy que la soledad hace la ronda con horarios, distancia y mascarilla, que el futuro es un muro de ladrillos…
Hoy que estamos cansados y nerviosos, hoy que la vida pasa de puntillas.
Hoy es un buen día para empezar de nuevo, para empezar de cero, para empezar a secas, para empezar a saco, aunque solo sea para empezar a pensar en como hacemos para que el día de mañana no se parezca a hoy. Hoy que sigue siendo ayer.

HASTA DONDE NOS LLEVEN LOS ABRAZOS

Escribir un libro es un proceso que, como en el flamenco, te obliga a tocar y dominar varios palos, un ejercicio de funambulismo que te exige a mantener un cierto equilibrio desde que pones la primera piedra hasta que consigues que no se te caigan encima los palos del sombrajo.

Yo escribo a impulsos, a borbotones, cuando las musas están por la labor y me echan una mano que no sea al cuello.

No soy constante al escribir, ni me pongo horario, al menos cuando se trata de poesía. O me viene la inspiración pronto o me acuesto. No soy capaz de escribir versos ( que no ripios) por obligación. Necesito tener el corazón encogido o dando vueltas de campana.

Es verdad que a veces no queda más remedio que apretar los puños de las neuronas para llegar a tiempo, pero tampoco es menos cierto que en ese trance me suelo crecer con el castigo. Ahora bien, si se puede elegir, prefiero tomarme el amor y el desamor sin prisas. Y sí, se escribe mejor desde la tristeza que desde la exuberancia emocional, aunque la felicidad también es una buena excusa para poner las otras emociones negro sobre blanco. So es conveniente evitar que la euforia o el desconsuelo te arrastre a gorrazos hasta la cara ñoña de la luna.

Me gusta elegir un título, con carácter provisional aunque, en la mayoría de las ocasiones, lo escribo con la certeza de que será el primero y el último que le ponga al libro. Prefiero escribir un poema basado en él, que adoptar una frase o un verso y elevarla a los altares de la portada.

“Hasta donde nos lleven los abrazos” es un título que me gustó desde el primer momento, aunque solo hubiera sido para encabezar las instrucciones de un Satisfyer. Es un título que recuerda al futuro, que procura calor, consuelo, reposo, un hombro en el que llorar, no tener que ponerle a nada fecha de caducidad (solo la de envasado y nunca al vacío). Habla de emociones y dice más de lo que parece. Tiene tres partes: Cara, Cruz y Canto. Una moneda al aire donde el lector podrá elegir con la que quedarse.

Editado por ESPASAesPOESÍA. Se pone a la venta hoy y, para mí, como cada cosa que hago con amor y ganas de compartir, es un sueño.

Hazlo realidad. Gracias.

EL AMOR Y LA TRISTEZA (Relato)

EL AMOR Y LA TRISTEZA (Relato)

Aquella mañana el amor se despertó sin sobresaltos, se desperezó despacio y dio dos o tres vueltas en la cama, remoloneando. Apagó el despertador, se mezcló con el olor a café y a tostadas proveniente de la cocina y, sin hacer demasiado ruido, se escapó de la habitación por la ventana entreabierta. Sobrevoló la ciudad saludando a cuantas personas encontró a su paso, tampoco demasiadas. Era un día festivo y muy temprano. Las calles aún no habían estirado del todo sus aceras y los árboles medio desnudos dejaban caer al suelo las últimas hojas del recién estrenado invierno.

El amor se había ido de casa queriendo. Tenía curiosidad por descubrir cosas nuevas, por seguir aprendiendo, por tener otras experiencias. El amor tenía unas descontroladas ganas de conocer gente y mundo, de hacerse notar. Un desmedido afán de protagonismo y uno ignorancia supina que, en su caso, se confundía con la inocencia.

El amor no sabia que hay quien no se deja querer, que incluso hay personas que no se quieren ni a sí mismas. Que fuera suele hacer mucho frío. No era consciente de que no sería bien recibido en todas partes. Ignoraba que la vida real intentaba parecer fuerte y hacerse la dura, hasta el punto de que le podría engañar con otros sentimientos y emociones que el propio amor no pensaba que se pudieran sentir.

Así fue como conoció a la tristeza.

Estaba sentada en un banco del parque con la mirada perdida, fija en ninguna parte, absorta en sus pensamientos. La tristeza estaba triste, muy triste (aunque eso al amor no le cupiera en el corazón). La tristeza alzó la vista todo lo que la pena le permitió elevarla, se le quedó mirando y, en ese momento, una lágrima brotó de sus ojos desencajados. Al instante el amor se enamoró de ella.

Hablaron durante horas, dándose y quitándose la razón, consolándose el uno al otro, discutiendo, enfadándose, acariciando a ratos la felicidad y sintiéndose de alguna manera compatibles.

A la conversación se fueron sumando indistintamente: la rabia, la melancolía, la ternura, la ira, la frustración, la locura, el deseo, la pasión, la contradicción… Aquello parecía una tertulia moderada por un mudo, con un nudo apretándole la garganta.

No fue fácil convencer a la tristeza de que se pusiera en pie y le acompañara a dar una vuelta. La tristeza estaba muy ocupada lamentándose por todo, pero al final le resultó imposible rechazar una invitación tan agradable de alguien tan dulce. ¿Cómo negarse a querer a quien te quiere, sin más? ¿Cómo rechazar esa sensación de victoria que provoca el amor cuando consigues que te acepte como amante? ¿Cómo estar mal cuando alguien te espera con ganas de agradarte? ¿Cómo rechazar la belleza?

No os creáis, el amor también tuvo sus dudas a la hora de dar ese paso. No le era fácil entender que se pudiera estar triste cuando se ama o que hubiese momentos en los que la gente renunciara a quererse, renunciara a quererle.

Pero todo compensa cuando huele a café y a tostadas, cuando la calle se viste de fiesta, cuando existe una cama en la que acurrucarse o una ventana entreabierta por la que escapar, llegado el caso, volando entre las hojas secas sobre los bancos el parque y de los árboles que nunca duermen.

El amor y la tristeza, cogidos de la mano, decidieron compartir espacio, tiempo y vida.

Al llegar al portal de su nuevo hogar, sentada en el suelo con la espalda contra la pared se encontraron con la soledad. la invitaron a subir, pero ella prefirió quedarse sola para no amargarles el plan.

Desde entonces, tanto el amor como la tristeza comparten buenos y malos momentos cuando están juntos y sobretodo cuando se separan por cualquier motivo y tienen que tirar de recuerdos e imágenes sueltas, adornadas por la imaginación, para reconfortarse. Sin embargo cuando salen por la puerta de su hogar cada día, la soledad, siempre al acecho, les recuerda que siempre se puede estar peor y que se debe aprovechar lo que se tiene.

Ambos comprendieron que se puede amar estando triste y sentirse triste a pesar del amor.

No es extraño que la tristeza y el amor vayan siempre de la mano llevando por sombra a la imprevisible soledad.

 

AIRES DE CAMBIO Y CORTO

AIRES DE CAMBIO Y CORTO

Hay cosas que nunca cambian.

(Reverso del 23/1/2015)

En el nombre del viento irrelevante,

que no mueve gigantes ni molinos,

hay que cambiar de aires cuanto antes

aunque al poder le importe tres cominos.

Huir hacia los mares de la luna,

a pesar de que son innavegables,

o a algún planeta donde exista alguna

forma de vida medio razonable.

Buscar un laberinto sin entrada

semiesquina a la calle de Ojalá

y no perderse en medio de la nada

y, más que nada, porque allí “no hay na”.

Cambiar el paso cuando nada pase.

Quitarse un peso, no besar el piso.

Tener encuentros en alguna frase

con los que ni al hablar piden permiso.

Hay que echar a la calle los perfiles

junto a los avatares del cretino

y bailar a la luz de los candiles

el tango de los tangas clandestinos.

Dar un giro de ciento ochenta grados

a ésta suerte de vida desigual

y jugarse, a los chinos o a los dados,

qué Dios nos va a librar de todo mal.

Abrir armarios, sacudir alfombras.

arrancar las espinas de la cama.

Ventilar bien las luces y las sombras.

Quitarle a las mentiras tus escamas.

Aprender a vivir de otra manera.

A soñar sin perder la perspectiva.

A saber negociar una quimera

cuando por respirar cobren el IVA.

Hay que darle un respiro a la memoria

y mejorar lo malo conocido.

Desencajar las puertas giratorias

y tapiarlas con hielo derretido.

Hay que encontrar sin miedo la estrategia

de cómo hacer de tripas corazón.

Hacer un curso de galvanostegia

por si nos pintan calva la ocasión.

FRASES HECHAS (de aquella manera)

FRASES HECHAS (de aquella manera)

Suele suceder que, “cuando menos te lo esperas”, las cosas “caen por su propio peso”. Es lo grave de tener la gravedad por ley.

También ocurre que cuando algo es “de lo que no hay” es muy difícil encontrar recambios, o que “sin ir más lejos” nunca llegues a ninguna parte, o que el “mal de muchos” acabe siendo epidemia.

No es bueno tomarse las cosas “al pie de la letra” entre otras razones porque las letras ya no tienen pie. Solo las hojas tiene vuelta de idem “Las penas con pan” son las mismas penas, pero con pan. Sin olvidar que “Lo bueno si breve” es una putada como una catedral mediana.

A pesar de todo, “mal que bien”, “vamos tirando” y, aunque de la impresión de que el mundo está del revés, lo cierto es que lo está.

Nos hemos acostumbrado a que “se nos suba la sangre a la cabeza” y eso no es malo, sobre todo porque de no ser así estaríamos todo el día durmiendo la siesta.

La excepción confirma el embarazo y, la regla, si no es de tres, no hay quien la entienda. “Mentiría si te digo la verdad”.

Conclusión:

Que nada, que un abrazo fuerte para todos, que ya he pedido que me suban la medicación y aquí “pin” y encima “Gloria”.

Ya pasó.

Ea.

SIN NAVIDAD EN EL FRENTE

SIN NAVIDAD EN EL FRENTE

Sin Navidad en el frente.

Se acabó lo que se asaba.

Está enero incandescente

así que: Felices Ascuas.

Los Magos ya están de vuelta

igual que Papá Noél.

Ya han desmontado la fiesta

en el portal de Belén.

Ya carbura el nuevo año.

Todo vuelve a la ruina.

Los que no aguantan, al baño,

los demás a la oficina.

Vuelve el niño a su mochila

y el conductor al atasco,

el temor a las pupilas,

vuelve a su precio el churrasco.

Como Pedro por tu casa

vuelve la cuesta de enero

y Paco con las Rebajas

y las lenguas con su pero.

El michelín a la faja,

el atracón al refajo,

los cajeros a hacer caja

y la hipoteca al carajo.

Vuelve al calor del Invierno

la nostalgia de las playas.

La luna llena a su eterno

sueño de noches canallas.

Vuelve la gente al gimnasio,

a las escuelas de idiomas,

a hacer cola en los despachos

rogando puntos y comas.

Vuelven las ganas (que duran

lo que tardan en quitarse)

de hacer alguna locura

o de desintoxicarse.

Quizá dejar de fumar.

Quizá dejar de beber.

Quizá dejar de llorar.

Quizá dejar de joder.

El año nuevo comienza

entre capullos de malvas.

Armémonos de paciencia

que lo han parido de nalgas.