¡ATIZA! EL REY DE LOS HUMOS

¡ATIZA! EL REY DE LOS HUMOS

Me gusta contemplar el humo que huye del fondo de las chimeneas y las chimeneas escupiendo humo. 

Encontrar la belleza de lo que parece feo a simple vista y repintarla (mucho mejor que respirarla, en este caso)

Acrílico sobre tabla 70×40 cm

Hacer una fiesta de un solar sin gracia y llenarlo de música, de un baile de líneas.

Intentar que una fábrica, perdida en la distancia, se convierta en el punto de partida de un viaje fascinante al otro lado de la nada. 

Me divierte sacar reflejos de donde no los hay y hacer eco cuando el silencio suena.

Disfruto sacándole los colores a lo que solo sabe soñar en gris. 

Me gusta pintar sueños oxidados, mares de mentira cubiertos de escamas, barcos hundidos en arenas movedizas, puertos cansados de adioses y olas, reflejos de viento sin puerta de atrás, noches en vela  y techos de metal. 

Me gusta desaparecer, como el humo, en el interior de mis lugares menos comunes. 

Soy más raro…

Me encanta pintar.

INVIER  NO

INVIER  NO

La calle huele a leña y a carbón.
Ya han encendido el aire del invierno.
Ya no revolotean las palomas (afortunadamente).
El cielo es una sábana extendida
que no te quita el frío.
Y esa luz, ese brillo sencillo y penetrante
es la naturaleza de los guiños.
Crepitar de castañas en la esquina, 
burbujeo de guisos en el fuego,
tintineo incansable de juguetes 
que juegan con el viento a que se abrazan.
Las manos buscan manos o bolsillos.
El día es un ensayo de la noche
y hace transbordo en Sol. 
Maldita prisa.
Los árboles desnudos se disfrazan de invierno y…

En el cielo dibujan los aviones
el mapa de los sueños sin escalas,
el pijama de rayas que te pones
cuando quieres usarme como almohada.

En el puerto los barcos amarrados
se miran en su espejo y chapotean,
como cuando mis dedos son tus manos
y entramos en calor tocando a ciegas.

Invierno que confunde el mar y el cielo
y la nostalgia con la cama fría,
cuando no estás conmigo y me desvelo.

Nostalgia de mis noches sin tus días,
cuando la soledad fabrica hielo
que se derrite al sol del mediodía.

(Poema incluído en mi libro Tierra Mojada. Editorial Renacimiento)

PIMIENTOS UNO

PIMIENTOS UNO

Todo son rumores y saber “de oídas”. Nadie sabe nada, ni los que algo saben. Eso es al menos lo que me parece, eso, y que lo que de verdad importa es que, cuando abras la boca, de la impresión de que te asiste la Razón Pura, la Práctica, la de Estado y la medio pensionista, aunque uno se muera, por boca de otro, como un pez Payaso. Lo que en realidad importa es que tu lenguaje corporal transpire el olor de que estás informado, que estás al tanto de todos los movimientos habidos y por hacer, que estás al cabo de la calle (como si la calle fuera de fiar o un lugar concreto) que hueles al aroma de los que mean colonia. 

Se trata de poder alardear de tu ignorancia sabiendo que, al final, todo se olvida, que nadie se acuerda de los impostores porque, en cuestión de tirarse a la piscina, todos lo hacemos, tarde o temprano. Lo que de verdad importa, importa un pimiento.

La mayoría de las veces estamos más deformados que informados y un buen día, si mostrar arrepentimiento, aparecemos ahogados en nuestra propias fuentes, fuentes, generalmente, interesadas, fuentes de las que solo emana vapor de nada, o agua de lluvia ácida. Las fuentes tampoco saben nada o, al menos, no lo saben todo. Saben también lo que les cuentan, lo que creen haber visto u oído, saben lo que quieren que sepan sus propias fuentes. 

La gente opina “lo que opina el que opina” que, a su vez, traslada lo que le han vendido a él o lo que pretende vendernos. 

Intercambiamos opiniones y “saberes” en camas separadas pero, de hacer intercambio de parejas o, ni hablamos. De perdidos al trío.

¿Quién tiene entonces la primera y la última palabra? Me da a mi que nadie se atreve a tanto, salvo los que no saben nada. En cualquier caso, el que las tenga a mano, o a máquina, que las vuelva a dejar dentro del diccionario.

CADA DÍA MÁS TURBADOS

CADA DÍA MÁS TURBADOS

Malheridos, más turbados.
Con más dudas que Descartes.
Hábilmente hipotecados.
Agarrados por las partes.

Arruinados por el todo.
Huecos, desestructurados.
Con el mapa del tesoro
sin cruz y deshilachado.

Esclavos del corazón
cuando no de la cadera.
Con vocación de escalón
huyendo de su escalera.

Sumisos, agarrotados.
impotentes, descreídos.
Con los saldos arrasados
y los sueldos revenidos.

Así estamos: confundidos,
frugalmente alimentados,
con el aire desteñido
en pulmones asfixiados.

De condición: estreñidos.
De profesión: extrañados.
Con pecado concebidos
por culpa de cuatro vagos.

Hartos de cambiar la hora
y de chorizos en tacos.
Y de que nos den por saco
con embudo y cantimplora.

Resacosos de las pegas,
del chocolate del loro.
De enhebrar hilos a ciegas.
De desafinar a coro.

Solos, mal acostumbrados.
Vestidos, pero sin ropa.
Jodidos, pero animados.
Perdidos dentro de Europa.

Así estamos, así somos,
Así “semos”, así andamos.
Intercambiándonos cromos
que ya no coleccionamos.

Más peregrinos que el Papa.
Más listos que los demás.
Más de sayo que de capa.
Más abiertos que un compás.

Y esperando una señal,
mejorando la pendiente,
de que en este patatal
queda vida inteligente.

TODO ES MENTIRA

TODO ES MENTIRA

Es mentira. Nunca hemos estado en la Luna (algo que jamás le podré perdonar a Manuela Carmena). De haberlo conseguido, ninguno de los astronautas que la pisaron, habría querido volver. Más vale satélite en mano que planeta volando (por los aires)

Las Pirámides de Egipto, la Gran Muralla China, el Puente de Brooklyn, la Alhambra de Granada, la Puerta de Brandenburgo, las Maravillas del Mundo, las dos Corea… Todo mentira. Decorados. Cartón piedra, gomaespuma, plexiglas, pintura y metacrilato. Monumentos y lugares emblemáticos que solo están puestos cuando vamos a verlos (por la noche los desmontan). Reclamos turísticos. Vulgares espejismos de calor. Ejercicios de distracción para alejarnos de la verdad, de la despiadada, absurda y desconsiderada verdad. Esa que nos quita la razón o nos hace perderla.

El pito del sereno, la carabina de Ambrosio, los sobres de Barcenas, la flauta de Bartolo, el IBEX35, el coño de la Bernarda, el mechón de Urdangarin… Más mentiras. Juegos de palabras. Nombres propios e impropios. Artilugios inútiles. Falta de sexo. Aquí, todo vale, menos permitir que descubramos lo que creen que no sabemos. La verdad es mentira, es incómoda, aunque no tanto como “una cómoda”, otra mentira.

Los trajes de los Reyes Magos, las siluetas de las reinas magas, los padres, los hijos, el Espíritu Santo, Belén Esteban… Nada. Fuegos artificiales. Sobredosis de camellos. Ganas de enredar, de malmeter, Burdas mentiras. Si hasta no creer es cuestión de fe.

La objetividad, la paciencia, el diálogo, los pactos, “tranquila que yo te aviso”, la mayoría no independentista, la alta fidelidad… Rumores. Bulos interesados. Maniobras orquestadas en la oscuridad. Simulacros gestados con los pies, pero sin cabeza o, con cabeza, pero sin cerebro. Todo una mentira. Un invento para seguir inventando. Un socorrido autoengaño mientras descubren que hasta la mentira es mentira. Y, en estas va, y se muere David Bowie. 

Vamos a morir todos. Esa es la única verdad. Esa, y que la Luna si que ha pisado, más de una vez, nuestra cara oculta.