LA LUZ AL FINAL DEL PASILLO

LA LUZ AL FINAL DEL PASILLO

Mi amiga y admirada @mirinwino me dio la idea, me animó y editó este regalo en forma de ebook que quiero compartir con vosotros.

Durante el confinamiento, entre mediados de marzo y principios de julio de 2020, Carlos Alsina me pidió que cerrara cada mañana su programa Más de Uno de Onda Cero. Y yo que no sé decir que no y que para mí es un lujo siempre poder colaborar con Carlos acepté sin dudarlo.

Fueron muchos días en los que mis compañeros llamaron a la puerta de mi casa usando la radio como timbre, a eso de las 12.26. Al abrirla cada mañana dispuse de tres o cuatro minutos para enviarle a la España confinada un mensaje de esperanza, de denuncia o de exaltación de la amistad y la rutina, en unas circunstancias especialmente complicadas e inéditas. Como resultado de aquellos meses de encierro he decidido publicar un libro (en pdf) que os quiero regalar y que podéis encontrar, leer o bajaros en el siguiente enlace

Espero que os guste esta recopilación de emociones, sonrisas y lágrimas con el deseo de que esos duros momentos que todos vivimos no se vuelvan a repetir.

HASTA DONDE NOS LLEVEN LOS ABRAZOS

Escribir un libro es un proceso que, como en el flamenco, te obliga a tocar y dominar varios palos, un ejercicio de funambulismo que te exige a mantener un cierto equilibrio desde que pones la primera piedra hasta que consigues que no se te caigan encima los palos del sombrajo.

Yo escribo a impulsos, a borbotones, cuando las musas están por la labor y me echan una mano que no sea al cuello.

No soy constante al escribir, ni me pongo horario, al menos cuando se trata de poesía. O me viene la inspiración pronto o me acuesto. No soy capaz de escribir versos ( que no ripios) por obligación. Necesito tener el corazón encogido o dando vueltas de campana.

Es verdad que a veces no queda más remedio que apretar los puños de las neuronas para llegar a tiempo, pero tampoco es menos cierto que en ese trance me suelo crecer con el castigo. Ahora bien, si se puede elegir, prefiero tomarme el amor y el desamor sin prisas. Y sí, se escribe mejor desde la tristeza que desde la exuberancia emocional, aunque la felicidad también es una buena excusa para poner las otras emociones negro sobre blanco. So es conveniente evitar que la euforia o el desconsuelo te arrastre a gorrazos hasta la cara ñoña de la luna.

Me gusta elegir un título, con carácter provisional aunque, en la mayoría de las ocasiones, lo escribo con la certeza de que será el primero y el último que le ponga al libro. Prefiero escribir un poema basado en él, que adoptar una frase o un verso y elevarla a los altares de la portada.

“Hasta donde nos lleven los abrazos” es un título que me gustó desde el primer momento, aunque solo hubiera sido para encabezar las instrucciones de un Satisfyer. Es un título que recuerda al futuro, que procura calor, consuelo, reposo, un hombro en el que llorar, no tener que ponerle a nada fecha de caducidad (solo la de envasado y nunca al vacío). Habla de emociones y dice más de lo que parece. Tiene tres partes: Cara, Cruz y Canto. Una moneda al aire donde el lector podrá elegir con la que quedarse.

Editado por ESPASAesPOESÍA. Se pone a la venta hoy y, para mí, como cada cosa que hago con amor y ganas de compartir, es un sueño.

Hazlo realidad. Gracias.

EL AMOR Y LA TRISTEZA (Relato)

EL AMOR Y LA TRISTEZA (Relato)

Aquella mañana el amor se despertó sin sobresaltos, se desperezó despacio y dio dos o tres vueltas en la cama, remoloneando. Apagó el despertador, se mezcló con el olor a café y a tostadas proveniente de la cocina y, sin hacer demasiado ruido, se escapó de la habitación por la ventana entreabierta. Sobrevoló la ciudad saludando a cuantas personas encontró a su paso, tampoco demasiadas. Era un día festivo y muy temprano. Las calles aún no habían estirado del todo sus aceras y los árboles medio desnudos dejaban caer al suelo las últimas hojas del recién estrenado invierno.

El amor se había ido de casa queriendo. Tenía curiosidad por descubrir cosas nuevas, por seguir aprendiendo, por tener otras experiencias. El amor tenía unas descontroladas ganas de conocer gente y mundo, de hacerse notar. Un desmedido afán de protagonismo y uno ignorancia supina que, en su caso, se confundía con la inocencia.

El amor no sabia que hay quien no se deja querer, que incluso hay personas que no se quieren ni a sí mismas. Que fuera suele hacer mucho frío. No era consciente de que no sería bien recibido en todas partes. Ignoraba que la vida real intentaba parecer fuerte y hacerse la dura, hasta el punto de que le podría engañar con otros sentimientos y emociones que el propio amor no pensaba que se pudieran sentir.

Así fue como conoció a la tristeza.

Estaba sentada en un banco del parque con la mirada perdida, fija en ninguna parte, absorta en sus pensamientos. La tristeza estaba triste, muy triste (aunque eso al amor no le cupiera en el corazón). La tristeza alzó la vista todo lo que la pena le permitió elevarla, se le quedó mirando y, en ese momento, una lágrima brotó de sus ojos desencajados. Al instante el amor se enamoró de ella.

Hablaron durante horas, dándose y quitándose la razón, consolándose el uno al otro, discutiendo, enfadándose, acariciando a ratos la felicidad y sintiéndose de alguna manera compatibles.

A la conversación se fueron sumando indistintamente: la rabia, la melancolía, la ternura, la ira, la frustración, la locura, el deseo, la pasión, la contradicción… Aquello parecía una tertulia moderada por un mudo, con un nudo apretándole la garganta.

No fue fácil convencer a la tristeza de que se pusiera en pie y le acompañara a dar una vuelta. La tristeza estaba muy ocupada lamentándose por todo, pero al final le resultó imposible rechazar una invitación tan agradable de alguien tan dulce. ¿Cómo negarse a querer a quien te quiere, sin más? ¿Cómo rechazar esa sensación de victoria que provoca el amor cuando consigues que te acepte como amante? ¿Cómo estar mal cuando alguien te espera con ganas de agradarte? ¿Cómo rechazar la belleza?

No os creáis, el amor también tuvo sus dudas a la hora de dar ese paso. No le era fácil entender que se pudiera estar triste cuando se ama o que hubiese momentos en los que la gente renunciara a quererse, renunciara a quererle.

Pero todo compensa cuando huele a café y a tostadas, cuando la calle se viste de fiesta, cuando existe una cama en la que acurrucarse o una ventana entreabierta por la que escapar, llegado el caso, volando entre las hojas secas sobre los bancos el parque y de los árboles que nunca duermen.

El amor y la tristeza, cogidos de la mano, decidieron compartir espacio, tiempo y vida.

Al llegar al portal de su nuevo hogar, sentada en el suelo con la espalda contra la pared se encontraron con la soledad. la invitaron a subir, pero ella prefirió quedarse sola para no amargarles el plan.

Desde entonces, tanto el amor como la tristeza comparten buenos y malos momentos cuando están juntos y sobretodo cuando se separan por cualquier motivo y tienen que tirar de recuerdos e imágenes sueltas, adornadas por la imaginación, para reconfortarse. Sin embargo cuando salen por la puerta de su hogar cada día, la soledad, siempre al acecho, les recuerda que siempre se puede estar peor y que se debe aprovechar lo que se tiene.

Ambos comprendieron que se puede amar estando triste y sentirse triste a pesar del amor.

No es extraño que la tristeza y el amor vayan siempre de la mano llevando por sombra a la imprevisible soledad.

 

AIRES DE CAMBIO Y CORTO

AIRES DE CAMBIO Y CORTO

Hay cosas que nunca cambian.

(Reverso del 23/1/2015)

En el nombre del viento irrelevante,

que no mueve gigantes ni molinos,

hay que cambiar de aires cuanto antes

aunque al poder le importe tres cominos.

Huir hacia los mares de la luna,

a pesar de que son innavegables,

o a algún planeta donde exista alguna

forma de vida medio razonable.

Buscar un laberinto sin entrada

semiesquina a la calle de Ojalá

y no perderse en medio de la nada

y, más que nada, porque allí “no hay na”.

Cambiar el paso cuando nada pase.

Quitarse un peso, no besar el piso.

Tener encuentros en alguna frase

con los que ni al hablar piden permiso.

Hay que echar a la calle los perfiles

junto a los avatares del cretino

y bailar a la luz de los candiles

el tango de los tangas clandestinos.

Dar un giro de ciento ochenta grados

a ésta suerte de vida desigual

y jugarse, a los chinos o a los dados,

qué Dios nos va a librar de todo mal.

Abrir armarios, sacudir alfombras.

arrancar las espinas de la cama.

Ventilar bien las luces y las sombras.

Quitarle a las mentiras tus escamas.

Aprender a vivir de otra manera.

A soñar sin perder la perspectiva.

A saber negociar una quimera

cuando por respirar cobren el IVA.

Hay que darle un respiro a la memoria

y mejorar lo malo conocido.

Desencajar las puertas giratorias

y tapiarlas con hielo derretido.

Hay que encontrar sin miedo la estrategia

de cómo hacer de tripas corazón.

Hacer un curso de galvanostegia

por si nos pintan calva la ocasión.

FRASES HECHAS (de aquella manera)

FRASES HECHAS (de aquella manera)

Suele suceder que, “cuando menos te lo esperas”, las cosas “caen por su propio peso”. Es lo grave de tener la gravedad por ley.

También ocurre que cuando algo es “de lo que no hay” es muy difícil encontrar recambios, o que “sin ir más lejos” nunca llegues a ninguna parte, o que el “mal de muchos” acabe siendo epidemia.

No es bueno tomarse las cosas “al pie de la letra” entre otras razones porque las letras ya no tienen pie. Solo las hojas tiene vuelta de idem “Las penas con pan” son las mismas penas, pero con pan. Sin olvidar que “Lo bueno si breve” es una putada como una catedral mediana.

A pesar de todo, “mal que bien”, “vamos tirando” y, aunque de la impresión de que el mundo está del revés, lo cierto es que lo está.

Nos hemos acostumbrado a que “se nos suba la sangre a la cabeza” y eso no es malo, sobre todo porque de no ser así estaríamos todo el día durmiendo la siesta.

La excepción confirma el embarazo y, la regla, si no es de tres, no hay quien la entienda. “Mentiría si te digo la verdad”.

Conclusión:

Que nada, que un abrazo fuerte para todos, que ya he pedido que me suban la medicación y aquí “pin” y encima “Gloria”.

Ya pasó.

Ea.

SIN NAVIDAD EN EL FRENTE

SIN NAVIDAD EN EL FRENTE

Sin Navidad en el frente.

Se acabó lo que se asaba.

Está enero incandescente

así que: Felices Ascuas.

Los Magos ya están de vuelta

igual que Papá Noél.

Ya han desmontado la fiesta

en el portal de Belén.

Ya carbura el nuevo año.

Todo vuelve a la ruina.

Los que no aguantan, al baño,

los demás a la oficina.

Vuelve el niño a su mochila

y el conductor al atasco,

el temor a las pupilas,

vuelve a su precio el churrasco.

Como Pedro por tu casa

vuelve la cuesta de enero

y Paco con las Rebajas

y las lenguas con su pero.

El michelín a la faja,

el atracón al refajo,

los cajeros a hacer caja

y la hipoteca al carajo.

Vuelve al calor del Invierno

la nostalgia de las playas.

La luna llena a su eterno

sueño de noches canallas.

Vuelve la gente al gimnasio,

a las escuelas de idiomas,

a hacer cola en los despachos

rogando puntos y comas.

Vuelven las ganas (que duran

lo que tardan en quitarse)

de hacer alguna locura

o de desintoxicarse.

Quizá dejar de fumar.

Quizá dejar de beber.

Quizá dejar de llorar.

Quizá dejar de joder.

El año nuevo comienza

entre capullos de malvas.

Armémonos de paciencia

que lo han parido de nalgas.

REVERSO DEL 25

REVERSO DEL 25

Luces que encienden los sueños.

Frío que alumbra las caras.

Besos de labios risueños,

fugaz colección de ceños

y una sensación muy rara.

Almas con amor en vena.

Penas que tocan el cielo.

Corazones que se llenan

con los restos de una cena

entre cuñados y duelos.

Niños con risa de almohada.

Padres con manos de abuelo.

Día de jugar con hadas.

Tarde de guardar las balas.

Sabores para el anhelo.

Copos de nieve en las copas.

Copas llenas de poesía.

Alegrías como pocas

y tristezas como rocas

haciéndose compañía.

Decorado para un cuento.

La vida en un convivir.

Flor de piel de un sentimiento

que cuenta en renos por ciento

las ganas de resistir.

Fantasía que nos mueve

a exagerar las bondades.

Estrellas que cuando llueven

sobre desiertos de nieve

desperezan las ciudades.

Pensamientos solidarios.

Día para recordar.

Concierto sin escenario.

Secretos en los armarios.

Veinticinco. Navidad.