SIEMPRE QUISE TENER

SIEMPRE QUISE TENER

Mis cuadros subiéndose por las

paredes.

Tu corazón en mi puño y viceversa.

Confianza sin fianza.

Un sueño consentido (común).

Mi voz bajo tu almohada.

Una buena oportunidad con

respaldo y dos cojines.

Un sitio donde huir.

Valor para saltar.

Un tiempo que perder.

Dinero suficiente para que no me

importe el dinero.

Un éxito sin más.

Un toque diferente que no

provoque indiferencia.

Volver de todas partes.

Una mirada “de esas”.

Una isla desierta con todo lo que la

gente se lleva y abandona cuando le

preguntan ¿qué tres cosas te

llevarías a una isla desierta?

Un escondite donde encontrarnos.

Una buena razón para no pensar.

La mejor disculpa jamás inventada.

El humor eterno.

Aprobar mi examen de conciencia.

Un pecado vital.

Un trio de dos.

Una noche conmigo pero sin mí.

Otra vida después de la muerte…

(Aquí el lector, si lo desea, puede jugar a aumentar la lista con sus preferencias).

Siempre he querido tenerlo todo,

no creo que sea mucho pedir.

GILHIPÓCRITAS

GILHIPÓCRITAS

No me importa vivir entre cuatro

paredes.

Así puedo esconderme cada noche

en un rincón distinto de mí mismo.

Los habrá que prefieran asomarse a

la calle y exhibirse desnudos, sin

miedo a lo que opine el cretino de

enfrente.

Por amor al arte. Sin temor a

helarse.

Habrá otros que opten por vestirse

de niebla temiendo que levante.

Cada cual se desvive al borde del

peligro en el que más a salvo se

resienta o se resista.

Hace en privado cosas que no

quiere airear, celoso de sí mismo,

receloso del resto.

Porque a nadie le importa lo que

haga mientras no dañe a nadie.

Mientras no lo practique al margen de la ley.

Y a los que no les guste que no

miren.

No busque lo que temas

encontrarte.

Los que buscan lo que no quieren

saber corren el peligro de

encontrarlo.

Cada uno es muy libre de sentirse,

si se da la ocasión, una persona

diferente, dependiendo del lugar,

de las circunstancias, o de las copas

consumidas.

Cada mente se precipita como

quiere a ese abismo tan íntimo

en primera persona que rompe su

rutina.

Casi todos llevamos dentro un

exhibicionista dentro luchando por

salir. Sin ánimo de molestar.

El que lo haga por joder es su

problema y se debe atener a las

consecuencias.

No me quita el sueño lo que la gente

opine de nosotros, de los otros.

Me importa lo que siento, Lo que

me hace feliz, lo que me salva.

Lo que me salva de puertas para

adentro y mentes para afuera.

Nadie tiene la patente de lo que es

moralmente aceptable.

Muchos de los que hablan tienen

tanto que callar que sería mejor que

adoraran al silencio como a un Dios

mayor y más justo.

No estaría de más, llegado el caso, o

el acoso, que dejaran en paz la

desnudez, la “ropa interior” de las

vidas ajenas,

Sería de agradecer que los falsos

santones cesaran en su empreño de

tocarnos los pezones o de pixelarlos

como si fueran hijos Instagram,

No estaría de más poder

desenmascarar y enseñar las

vergüenzas de los cada vez más

rancios y detestables “gilhipócritas”.

Todo el mundo tiene algo que

ocultar y bienvenido sea.

Allá cada uno.

Yo no me meto mientras no me

maten.