CONFIANZA SIN FIANZA

CONFIANZA SIN FIANZA

Al final, sin quererlo, no podremos
fiarnos de don nadie o doña nada,
ni distinguir antídoto y veneno,
ni separar el odio y la mirada.

En esta saciedad que padecemos
hay gente con el alma de manzana
podrida, por gusanos que sabemos
tienen la soga al cuello desatada.

Los hechos se revelan como fotos
guardadas, sin mirar, en la cartera.
No hemos vedado suficientes cotos.

La maldad es la luz de una escalera
por la que ruedan corazones rotos
mientras, en un rincón, la vida espera.

MUNDO RARO

MUNDO RARO

El mundo sigue tan loco
como su primera vez.
Descosido por los rotos,
“soplado, por no comer”.

Un mundo sin voz ni voto,
indolente y malcriado,
siempre con cara de foto
sin luz, muy desenfocado.

Con sus batallas perdidas,
con su ganado bovino,
sus crisis, sus estampidas,
sus piedras en el camino.

Con sus guerras y lunares,
sus gobernantes que, encima
de olvidar a sus iguales,
transpiran zumo de lima.

Con su aguanieve en las venas,
sus inclemencias del clima,
la prisa como condena
y un vértigo que da grima.

El mundo es un lupanar
pero no de rica miel
(por más que las moscas van
no se quedan ni a comer).

Para colmo de desgracias
está lleno de ladrones,
asesinos y falacias,
y una panda de cabrones.

Mala leche y poco arroz,
poca fibra y mucho atasco.
mucho trueno y poca voz,
poco tiempo y mucho asco.

El mundo sigue girando
por no pararse a pensar
y, nosotros, mientras tanto,
comidos por no soplar.

POESÍA DE ANDAR POR CASA

POESÍA DE ANDAR POR CASA

Hay poesía en las cosas
normales y cotidianas:
En el tacto de la rosa,
en la luz de la mañana.

En la punta de la lengua,
en los labios de un gemido,
en la luna cuando mengua
sobre un cielo derretido. 

Hay poesía en los goles,
en los cantos de sirena,
por supuesto, en los amores,
si se merecen tu pena.

En el cruce de los vientos,
en el hueco del sonido,
en el noventa por ciento 
de los pliegues del olvido.

En el baile de las notas
tocadas de puño y letra,
en las esperanzas rotas,
en la voz que te penetra.

Hay poesía en las sombras
de los puntos cardinales,
en las rocas cuando nombran
las esquinas de los mares.

En la taberna del puerto,
en el toque y en el cante,
en un vuelo, largo y suelto,
del capote de un desplante.

En el polvo de la feria,
en la brisa de la orilla,
en esa apariencia seria
que tienen las maravillas.

Hay poesía en la risa,
en las arrugas del viejo,
en la luz que se desliza
y se cuela en los espejos.

En la paz de las baldosas,
en la “h” de prohibido,
en las curvas sinuosas
de un pecado consentido.

En la espalda de la piel
que demanda una caricia,
en cada luna de hiel,
en una pasión ficticia.

Hay poesía en el aire
que ventila cada herida.
Tiritas para que escampe.
Paraguas de poesía.

PAPÁS & THE MAMÁS

PAPÁS & THE MAMÁS

Ser padre es mucho más que tener hijos.
No es sólo abrir el mar de los regazos,
es un empleo con contrato fijo
en una escuela que fabrica lazos.
No te cambia la vida, la transforma
en algo diferente a lo vivido.
Es el descubrimiento de una horma
encontrada en el monte de un ombligo.
Es compartir el parto de los montes,
las noches sin dormir, los biberones.
el colegio, el dolor, el horizonte,
las alegrías y las decepciones.
Ser padre te devuelve a las andadas,
pone en tu boca frases que creías
que estaban para siempre desterradas
y que jamás pensaste que dirías:
“Termina de cenar ¡por San Potito!
recoge los juguetes y la ropa,
obedece a tu madre. no des gritos.
hazle caso a Serrat con la pelota…”
Ser padre es babear de fuera a dentro,
sentir el corazón en tus afueras,
enseñar a sumar sueños por cuento,
más todo lo que quieres que te quieran.
Es perder la cabeza, para siempre,
por alguien que te importa más que nada,
desde que te sonríe sin quererte
hasta que te esclaviza su mirada.
También obliga, con remordimientos,
a ser la ley a fuerza de razones,
sin ser de los marines un sargento
pero sin eludir obligaciones.
Ser padre puede ser un sufrimiento
insoportable cuando más escuece:
la enfermedad, el dolor, cualquier tormento,
ponerse en lo peor algunas veces.
Ser padre es la emoción en carne y hueso.
Es un beso en la vida y en la frente.
Es volver a ser niño en cada exceso
y entender a los tuyos de repente.

…Y CON EL MAZO DANDO

…Y CON EL MAZO DANDO

Dios nos libre de los iluminados.
De los que nos desmienten la verdad.
De los excentricos descafeinados
que viven presos de su mismidad.

Dios nos libre de los encapuchados.
De los que sólo ven su realidad.
De los ególatras maleducados.
De los idiotas de solemnidad.

Dios nos libre de los acelerados.
De los que dan la alarma sin motivo.
De los que siempre pasan el recibo
sin importar si vives desahuciado.

De los que sólo ven los sinsabores.
De los que su torpeza justifican.
Dios nos libre de los” opinadores”
que aciertan sólo cuando rectifican.

De los políticos amortizados.
De los videntes en la oscuridad.
De los poderes deshumanizados.
De los podridos sin caducidad.

Dios nos libre de los acomplejados
que reparten estopa sin complejos
y también de los magos acabados
que sacan de chisteras tus conejos.

Dios nos libre de los acomodados.
De los ridículos conspiradores.
De los histéricos apasionados
que alucinan de todos los colores.

Dios nos libre de los endemoniados.
De los que compran libros por las tapas.
De los que hacen su guerra atrincherados
en los pliegues ajados de los mapas.

Y de los herederos del futuro
que nos toman por tontos cual cretinos.
Que a todos, con cariño y sin bromuro,
les den por donde amargan los pepinos.

¿EUROPA?

¿EUROPA?

Hay demasiadas costas de la muerte,
demasiada miseria innecesaria.
Hemos perdido el sur en esta suerte
de mares de metal y negras playas.

No escuchamos los cantos de sirena
porque lleva su tiempo hacerse el loco.
La utopía da nombre a las fronteras
y a los niños que comen hambre y mocos.

Con un blindaje a base de vileza,
el corazón de Europa ni se ampara
ni manda información a su cabeza.

La realidad es un arma que dispara
dardos que no destruyen la pereza.
Es más fácil fingir que dar la cara.

VIENTO SIN AIRE

VIENTO SIN AIRE

En el nombre del viento irrelevante
que no mueve gigantes ni molinos,
hay que cambiar de aires cuanto antes
aunque al cielo le importe dos pepinos.
Huir hacia los mares de la luna
y hacerlos, por narices, navegables,
o a algún planeta donde exista alguna
forma de vida medio razonable.
Buscar un laberinto sin entrada,
semiesquina a la calle de Ojalá,
y no perderse en medio de la nada
(y, más que nada, porque allí “no hay na”).
Salir al paso cuando todo pase,
quitarse un peso sin besar el piso,
tener encuentros en alguna frase
con los que para hablar piden permiso.
Hay que echar a la calle los perfiles
junto a los avatares más cretinos
y bailar a la luz de los candiles
el tango de los tangas clandestinos.
Darle un grito de ciento ochenta grados
a ésta suerte de vida desigual
y jugarse, a los chinos o, a los dados,
qué Dios nos va a librar de todo mal.
Abrir armarios, sacudir alfombras,
arrancar las espinas de la cama,
ventilar bien las luces y las sombras,
limpiarle a las mentiras sus escamas.
Aprender a vivir de otra manera,
a soñar sin perder la perspectiva,
a saber negociar cada quimera
ahora que malvivir ya paga IVA.
Hay que darle un respiro a la memoria
y mejorar lo malo conocido,
desencajar las puertas giratorias
y dejar solo un hueco derretido.
Hay que cambiar la venda y la balanza,
el pulgar por el dedo corazón,
poner a buen recaudo la esperanza
y combatir las penas a traicion.
En el nombre del viento irrelevante
que no mueve veletas ni banderas,
hay que cambiar el miedo y el talante
antes de que nos muerdan las fronteras.