QUEDA LA RADIO

QUEDA LA RADIO

De las voces queda el eco.

De los guiños las miradas.

De la realidad el reflejo

envuelto en polvo de hadas.

De la soledad el frío.

Del río queda la mar.

Del destino un albedrío

difícil de controlar.

Quedan cenizas del humo.

Del humor las carcajadas,

De las palabras un zumo

de frases de temporada.

Del amor quedan momentos.

De la pasión el deseo,

Del adiós un sentimiento

de los de creo y no veo.

Del ayer quedan las ganas

de estar cada vez más vivos.

Hoy que la radio es mañana,

que nos quiten lo emitido.

LA NIEBLA

LA NIEBLA

Nunca estamos tan cerca del cielo como cuando la niebla se nos echa encima. Aunque, en este mundo virtual, uno ya no distingue entre las nubes bajas y la contaminación atmosférica, la niebla esconde un misterio, un misterio, y la farola o la señal contra lo que te estrellas como no andes listo.

En sus dominios, lo que siempre ha estado ahí, desaparece como si nunca hubiera existido, como la foto velada de un vago recuerdo.

Uno podría pasearse desnudo en mitad de la niebla y sentirse arropado. Pero ¡cuidado! siempre puede surgir de ella algún espabilado provisto de faros antiniebla que te deje más en pelotas de lo que ya ibas.

Entre la niebla se ocultan los deseos fallidos, las miradas extraviadas, los espías con licencia para palmar, los demonios devoradores de luces, Sigourney Weaver, la muerte inesperada, los amantes andantes, el humo camuflado, los espejos sin rostro… No hay nada como una buena niebla, siempre que no te pille conduciendo o distraído.

En ciertos aspectos la niebla es el negro vestido de blanco.

EL TIEMPO ES PORO

EL TIEMPO ES PORO

En cuestión de tiempo a cada uno le funciona el reloj de la cabeza de manera diferente.

Cuando hay poco trabajo el tiempo se eterniza. Cuando no paras, el tiempo se pasa volando (salvo en el cine, que se pasa rodando; en misa, que se pasa rogando; o aparcando junto a una columna, que se pasa rozando). Cuando no hay trabajo dan ganas de matarlo.

De noche, las horas van a mil por ídem si estás a gusto, pero no ves el momento de que amanezca si estás de guardia.

Nunca fue fácil calcular de memoria lo que dura un minuto. El tiempo es sugestión y tu gestión.

Los días son demasiado cortos para lo largos que se hacen. Los años son eternos pero los devoramos como bolsas de pipas.

Lo cierto es que nos pasamos la vida deseando que llegue un instante en el tiempo: el fin de semana, las vacaciones, la hora de salida, la pausa de llegada, el descanso del partido, el vis concierto, el final del desconcierto, la hora de la verdad… sin darnos cuenta de que, esperar a que lleguen, es en sí misma una pérdida de tiempo.

Visto así, no es extraño que pretendamos que el futuro nos lo tengan terminado para antes de ayer.

A CUENTO

A CUENTO

Está el cuento del calendario que solo tenía de un mes y no tenía vuelta de hoja. El de la ola que se negó a volver al mar y se quedó atrincherada en el foso de un castillo de arena. El del rayo de sol que quería ser de luna, pero se iba a la cama antes de tiempo. El cuento del camino de ida, que deseaba ser de vuelta, porque había olvidado el lugar del que venía. El del árbol que no crecía porque dormía como un tronco. El cuento de aquel pez que no sabía nadar y andaba bastante escamado o el de la pesadilla que padecía insomnio y pasaba las noches en blanco. El cuento de la llama que estaba a dos velas. El de la princesa que se enamoró de su doncella y el del príncipe que tuvo un percance con una rama. Hay cuentos inverosímiles, de difícil explicación, tan reales como los que nos cuentan a diario sin venir a cuento.

¿EN QUÉ PIENSAS?

¿EN QUÉ PIENSAS?

La pregunta más difícil de responder es la que te hacen en ese instante impenetrable en el que el vacío te desborda y, la telaraña de la esquina del techo, te guiña un ojo desde su escondite, cómplice de tu mirada perdida y tu silencio sonoro.

–¿En qué piensas?–

Entonces es cuando, con las neuronas desarmadas, la pregunta atraviesa tu cabeza como una bala de fogueo, como una apisonadora en un cementerio de elefantes, llevándose por delante tu capacidad de reacción.

Así las cosas, tu boca balbucea una respuesta que puede llegar a ser peor que la pregunta.

–En nada–.

Mentira, pero, cómo confesar que en realidad te estabas comunicando por guiños con la araña del salón, o con el descorchón de la pared, o con la luz que juguetea con el cristal de la ventana y se va por las ramas del árbol plantado en tu acera.

Cómo responder a esa pregunta, diciendo que estabas pensando en algo que no le gustaría oír a tu curioso interlocutor o, que le ilusionaría tanto, como para preferir quedarte ensimismado en esa nada tan tuya.

En ese instante es cuando desearías ser una mosca, haber caído en su telaraña y terminar convertido en lo que ya pareces, un capullo, el capullo de una mosca cojonera.

INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR UN CUENTO

INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR UN CUENTO

Un frustrado dragón con dos cabezas.

Un verdugo de ángeles caídos.

Cenicienta, sin aires de princesa,

que antes de las doce se haya ido.

Un castillo en el aire, fortaleza

de un rey atolondrado y malherido.

Un laberinto recto de una pieza

y una bruja y un mago confundidos.

Se podría añadir, si se quisiera,

un hada con un palmo de narices

para que cada uno, a su manera,

le diera calabazas. Dos matices:

que el “Erase una vez” nunca lo fuera

y que no estén en veda las perdices.

DESEO

DESEO

Que ni el amor ni el odio te maltraten.

Que nunca tengas nada que temer.

Que si escuchas de pronto ¡jaque mate!

que sea por jugar al ajedrez.

Que no se pare el mundo de un frenazo

sin tener abrochado el cinturón.

Que no te cierren nunca de un portazo

la puerta giratoria del amor.

Que te den la razón como a los listos.

Que te quiten la venda de los ojos.

Que no se borren nunca tus antojos.

Que empieces a prever los imprevistos.

Que despierten clavándose la aguja

los príncipes del reino de las ruecas.

Que se traguen la escoba de la bruja

y se vayan, de paso, a hacer puñetas.

Que el viento de poniente no levante.

Que el tiempo de occidente se decida.

Que no nos den un toque por el cante

de clausurar la entrada y la salida.

Que implanten un cerebro a los violentos.

Que el sexo sea siempre con(sentido).

Que el miedo no te obligue al desacierto

de preferir lo malo conocido.

Que el trato no confunda las señales.

Que el humor alimente la ironía.

Que el dolor no sea colmo de los males.

Que el deshonor no siga estando al día.

Que no tengas en cuenta a los idiotas.

Que los idiotas no salgan de cuentas.

Que los reyes se rindan a las sotas.

Que los ases no tengan que ir a tientas.

Que la ciudad sea un campo de terrazas

Que el alma no sea el cuerpo de delito.

Que le cosan la boca a los bocazas.

Que ser de otro sabor huela bonito.

Que no vendan tristeza en las rebajas.

Que se cumplan los sueños sin azar.

Que si no quieres caldo falten tazas.

Que si la vida es río, tú seas mar.