DESCONCIERTO DE AÑO NUEVO

DESCONCIERTO DE AÑO NUEVO

Año nuevo, vida ¡leches!

las de «blanco y en botella».

Año nuevo en escabeche

con los Reyes por estrella.

Sacrificadas las fiestas

toca pasar la resaca

para remontar la cuesta

que nos va a dar la matraca.

Año huevo, vida yema

con clara a punto de nieve.

Ójala valga la pena

lo mejor aunque sea breve.

Diecinueve de una era

que ha empezado muy convulsa

El olmo ya no da peras

y, si las da, son insulsas.

Año nuevo, viejos retos:

gimnasio, aprender inglés,

que no nos ganen al «Teto,

llegar vivo a fin de mes.

Ordenar las viejas fotos,

recolocar el trastero,

y cambiar los ceniceros

por semilleros de poto.

Ventilar nuestros adentros,

guerrear en las rebajas,

llenar bancos de alimentos

con algo más que migajas.

Entre carros y carretas

aguantar de nuevo el hipo

y otros sustos que nos metan

de los que quitan el tipo.

Echar al mar los pelillos,

pedirle al jefe lo tuyo,

cambiar el polvo por brillo

y no hacer mucho el capullo.

Hacer de la capa un sayo,

de la torrentera un río,

de la oscuridad un rayo

y, de perdidos, al trío.

Ya no beben ni los peces.

Vuelta a la mediocridad.

Año nuevo, vida ¡leches!

Adiós. Feliz vanidad.

LA CIUDAD DE LAS PRIMERAS PIEDRAS

LA CIUDAD DE LAS PRIMERAS PIEDRAS

Tuve en mi mano la llave de la ciudad de las primeras piedras.

Una llave de paso que no abre cerraduras.

Inútil como un reloj de luna.

Gastada y oxidada y, sin embargo,

algo sentí al tocarla.

(Volví a la primavera de las cosas.

A mi primer amor sin ataduras.

A clavarme la espina sin su rosa.

Al tacto de una piel sin armadura.

Recordé la inocencia necesaria

que permite dar forma a la utopía

y la fascinación extraordinaria

de confundir tú boca con la mía.

Recuperé la luna enrojecida.

El sol de madrugada en las canciones.

Mi caja de sorpresas escondida.

Volví a encontrar el as de corazones

en la manga que cubre las heridas

de un tiempo saturado de estaciones)

Pude oír su silencio bajo el suelo.

Pude sentir el frío de la duda

y recorrer el tiempo detenido

como una cuenta atrás con borrón nuevo.

Los comienzos son sumamente duros.

Sobre todo, saber por qué regresas.

La razón de ese esfuerzo innecesario

para volver al punto de partida

sin deshacer maletas y equipajes.

Volví de nuevo al tacto de la piedra

que nunca deja huella bajo el suelo.

EN 2019…

EN 2019…

Que nadie, ni la vida, te maltrate.

Que el miedo tenga puerta de salida.

Que «tablas» sea más que «jaque mate».

Que se caigan los puntos de tu herida.

 

Que te sonría (y no se descojone)

el presente de un tiempo mal contado.

Que no nos quiten nunca lo que «pone»,

ni el aire, ni el amor ni lo ganado.

 

Que el año que comienza no se acabe

sin hacer realidad tus fantasías.

Que encuentres el cerrojo de la llave

donde guarda el dolor las alegrías.

 

Que el humor no se muera sepultado

bajo un montón de tristes ofendidos.

Que a los tontos les den por todos lados.

Que tener la razón no esté prohibido.

 

Que lo malo nos muestre el lado bueno.

Que lo bueno no tenga un lado malo.

Que el vaso lo veamos medio lleno.

Que el boomerang no se convierta en palo.

 

Que encuentre pronto piso la cordura

y el sentido que dicen es común.

Que suene a libertad tu partitura.

Que encuentres lo que buscas sin ¡Chimpún!

 

Que la vida y la muerte te sean leves.

Que el deseo te excite sin maldad.

Que sea año de bienes y de vienes.

Que le ponga tu nombre a la verdad.

TARDE Y TEMPRANO

TARDE Y TEMPRANO

Me gusta ver la luz de media tarde entrar por la ventana de mi cuarto.

El sol cayendo a mares tiñendo de dorado los tejados y los pisos más altos de las casas.

Ese adiós de los días brillando en los cristales

Me gusta imaginarte recostada en mi pecho y en mi hombro retomando las horas que perdimos a causa de la distancia o la rutina.

Me gusta tu calor de chimenea que prende entre tus brazos y en tus labios.

Ese olor a nostalgia y a deseo que enciende nuestra piel cuando haces magia.

Me gusta regresar a los lugares en los que la imaginación nos reconoce. Al tacto de tu cuerpo hecho un ovillo. Al tiempo que contigo nunca pasa.

Me gusta compartir risas robadas y miradas que encuentran la respuesta con sonrisa de guiño.

Me gusta la emoción desenfadada de cubrir nuestro amor bajo la manta y quedarnos dormidos, sin nada que perder.

Me gusta que el invierno nos recuerde que cuando vuelva el mar seremos playa.

Me gusta que te guste aunque se haga de noche.

CRÉEME.

CRÉEME.

¿A quién le va a importar que yo me muera?

me preguntó llorándome al oído.

—a mí—, le contesté muerto de pena

y a todos los que tanto te han querido.

Al aire que respiras y te llena.

Al viento que te abraza convencido.

A la sangre que lleva amor en vena.

Al corazón que siente tu latido.

Lamentará tu ausencia la caricia

que se sabe tu cuerpo de memoria.

Los labios que probaron la delicia

de los tuyos sellando aquella historia.

El agua que bañó tu piel desnuda.

El sueño que entendió tu fantasía.

Los que siempre acudieron en tu ayuda.

Las lágrimas que saben de alegría.

Comprendo el arrebato de tristeza

cuando el presente oculta su futuro.

Se puede superar con la belleza

hasta el más escarpado de los muros.

Le importará tu falta a quien te escribe

porque fuiste el motivo de sus versos.

A la vida que, al verte, se desvive

porque la sientas digna de tus besos.

EN ESTOS DÍAS…

EN ESTOS DÍAS…

Déjate seducir por las miradas.

Por el cálido invierno que provoca

ganas de acariciar bajo la ropa

y beberse el olor de las tostadas.

 

Siente el aliento frío de la vida

con aroma a carbón y chimenea,

a leña crepitando, agradecida,

donde la nieve es luz de luna llena.

 

Días de sol y niebla agazapada,

de noches y de atascos de peatones

que sueñan siete veces por semana

que se hacen realidad sus ilusiones.

 

Déjate conquistar por el paisaje

de aceras a la sal y ramas secas.

Por la vuelta de hoja del viaje.

Por el relleno de las horas huecas.

 

Déjate entusiasmar por casi todo,

incluyendo el placer de no hacer nada.

Por empinar el ánimo y el codo

para recuperar duendes y hadas.

 

Prepárate a nadar con las mareas

con que la Navidad nos redecora,

aunque escarchen sus frutas y maneras,

aunque acabemos por que pedir la hora.

 

Deja de mal pensar en la rutina

que extravió la «t» por el camino

y pongamos a hervir en la cocina

el «caldo con pelota» del destino.

 

Que la suerte termine descorchada.

Que el Gordo pastoree las vacas flacas.

Que tengamos millones de coartadas

para encender sonrisas y no tracas.

VOLVER Y REVOLVER

VOLVER Y REVOLVER

Hay que volver a las pequeñas cosas.

Al calor del abrazo desatado.

Al rojo laberinto de las rosas.

Al beso clandestino agazapado.

 

Hay que volver al tiempo que no dimos.

Al olor con sabor a hierbabuena.

A aquella noche en la que nos perdimos

y el día amaneció con luna llena.

 

Al lugar donde aprenden las mareas

que el mar no se desangra en cada ola.

Al azul que, en la llama de las velas,

baila un vals con el paso de las horas.

 

Es bueno regresar a las entrañas

del viejo corazón que nos enseña

que, del fuego que funde las patrañas,

importa más el aire que la leña.

 

Hay que volver al guiño de reojo

de un baile inesperado y clandestino.

Al rosa, anaranjado, casi rojo,

del cielo de un pecado concedido.

 

A la gota de lluvia que se escurre

y recorre caminos de cristal.

Al punto donde al cielo se le ocurre

jugar a confundirnos con el mar.

 

Hay que volver a recorrer la acera

por la que se desnudan las miradas.

Hay que recuperar la calavera,

las tibias, el navío y las andadas.

 

Hay que volver al rastro del camino.

A la ropa interior de las afueras.

A mandar a galeras al destino.

A quitarnos las gafas de madera .

 

Hay que volver a hacer cosas normales

como echarle un buen polvo a la tristeza.

Hay que volver a hacer habituales

la paciencia, el placer y la belleza.

Y 12

Y 12

Empieza el mes de las cenas.

la lotería, los puentes,

del gasto como condena,

de la bondad recurrente.

 

El mes de la Inmaculada,

el de la Constitución,

de las luces desatadas

y el besugo de ración.

 

Del enemigo invisible,

del jefe venido a menos,

de la multa intransferible,

de los cuñados y renos.

 

Dos mil dieciocho extremo,

con la bala entre las cejas,

tanta paz lleve en su seno

como descanso nos deja.

 

Habrá que mascar turrones

por no morder yugulares

y kilos de omeprazoles

contra la acidez de males.

 

El año en la cuerda floja,

más pesado que un vicario,

no tiene vuelta de hoja

y huye del calendario.

 

Con diciembre hemos topado

sin cariños y con roces

de un año descontrolado

que se va soltando coces.

 

Quedan ya, como quien dice,

doce días laborables

y, sin entrar en matices,

dos noches incontestables.

 

Se nos muere el año en curso

como se encoge una tela.

Encendámosle una vela

como último recurso.

 

Que el rio no tire el puente

y vuelva a su mismidad.

Sin novedad en la frente

y, en en frente, Navidad.

NO TE QUIERE

NO TE QUIERE

Si te pega o te grita no te quiere.

Si te maltrata no vale la pena

tener que soportar esa condena

del que dicta “la mato si se muere».

 

Hay que bajarse en marcha de ese exceso.

No engaña quien no acepta el desengaño.

No hay nada que alimente más el daño

que morir golpe a golpe y beso a beso.

 

No mejora el amor con maquillaje

para no delatar a ese gusano.

Es preferible hacer el equipaje.

 

Es mejor señalar que dar la mano

al cobarde, patético y salvaje

cabrón que no se mata de antemano.

¡YA EMPEZAMOS!

¡YA EMPEZAMOS!

Ya han parido las bombillas.

Han dado a luz las aceras.

La Navidad, de puntillas,

va a llegar aunque no quieras.

Viene pasada por agua

como caída del cielo.

Suplicio de los paraguas

que te clavan en el pelo.

En las redes hay «figuras»

para montar un Belén,

algunos no tienen cura,

ni cara, ni cruz, ni amén.

Ya suenan los villancicos

en los centros comerciales.

El otoño se hace añicos

deshojado en los portales.

Se nos termina noviembre.

El frio es nieve cuajada.

En breve será diciembre

que llega como si nada.

Para encauzar el enfado

y no nos falte detalle,

el mundo sigue atrapado

en los ecos de la calle.

La pereza aviva el fuego,

el frío encoge el ombligo

y dónde decimos Diego

al tiempo nos dicen digo.

Ya han parido las bombillas:

luces, cámaras, invierno.

Fin de mes con pesadillas.

«Compro piso en el infierno».

Naviluz por todos lados.

Reza el rosario la Aurora

y el año desorientado

anda pidiendo la hora.

Las semanas tiran millas

y dicen que hará más frío.

Saca cuatrocientas sillas

o de perdidos al trío.