AJENO OPTO (surrealismo abstracto)

AJENO OPTO (surrealismo abstracto)

Ajeno a lo que se cuece a mi alrededor, opto por levantarme y hacerme el desayuno. 

Ajeno a lo que hay en mi despensa opto por tostarme un plan.

Ajeno al lamentable estado de mis neuronas, opto por comerme un bote de mermelada, literalmente.

Ajeno a mi indigestión, opto por enfriar mi mala leche.

Ajeno a mi desenfado, opto por beberme un café, solo.

Ajeno a mi soledad, opto por volverme a la cama.

Ajeno a lo dormido ando, me doy contra el pico de la mesilla de día y opto por meterme en la licuadora hasta que se me pase el dolor.

Ajeno a que le he dado sin querer al interruptor, opto por hacerme zumo de neuralgia y encharcar la cocina.

Ajeno a que me estoy pisando, me recojo con la fregona, me escurro en el cubo y me tiro por el inodoro. Opto por tirar de la cadena y me hago el firme propósito de no volver a optar a lo que me es ajeno.

UN MINUTO

UN MINUTO

Para llamar a las cosas por su nombre. 
Para decir mentiras a medias. 
Para otorgar callando. 
Para desdecirse.  
Para pedir perdón y parecer sincero. 
Para matar el tiempo.
Para gritarle a Dios que se despierte. 
Un minuto para recuperarme, para recuperarte.
Para dar la razón, para perderla.
Para vivirse de risa.
Para pedir ayuda de prestado.
Para regalar ayuda.
Para quitarle hierro al asunto. 
Para ser desliz.
Para ser feliz. 
Para quedarse mudo y que se entienda todo.
Un minuto para vivir del cuento breve, del relato corto.
Para decir chorradas a cambio de sonrisas, tantas como verdades a cambio de desprecios.
Para no decir nada, cuando no se tiene nada que decir.
Para contar hasta sesenta.
Para ponerse a cien.
Para darte la razón.
Para poner los relojes en hora.
Para parar.
Para partir.
Un minuto para pensar, sin perder un minuto.

En un minuto sobran las palabras cuando faltan razones y sobran razones cuando faltan palabras.

«Necesito un minuto.
Un minuto de tiempo.
Un minuto de luto
¡Por tus muertos!»

Imagen: OTOÑO. Acrílico sobre lienzo. JRTaboada.

HUMEDAD RELATIVA

HUMEDAD RELATIVA

Llovía por fin. En la radio sonaba una de esas canciones que le gusta bailar al corazón cuando se para, de esas melodías de entretiempo que juegan con tu pena a ver quién puede más.  

Miré por la ventana. Parecía como si al suelo le acabaran de pasar la fregona. Yacía reluciente como la frente de las farolas apagadas, como el reflejo de plata del cielo, oscurecido por las nubes al sol. 

Me fijé en como unas agotadas gotas caídas, colgaban de los hierros de la parte de abajo de la barandilla y se precipitaban lentamente sobre la acera dejando dibujada la forma de una estrella estrellada.  

Un brillo repentino de ventana entreabierta, que provenía del edificio de enfrente, distrajo mi mirada hacia la silueta de una mujer que, desnuda de amar, provocativa y
misteriosa, se dejaba llevar por la locura que enciende la tormenta e invadía su terraza. 

La lluvia comenzó a resbalar por su cuerpo, las gotas se cosían a su piel vistiéndola de agua, me pareció oír que me miraba, que me llamaba, que me invitaba a compartir con ella esa danza tribal y silenciosa de pasiones y risas, de provocación  y deseo. La humedad relativa tornó a absoluta.

Justo en ese instante, ahogado en el tiempo, me desperté tumbado sobre un charco de sangre.

O COMO SE DIGA

O COMO SE DIGA

A estas alturas (harturas) del año, con el cansancio por las nubes y el ánimo por los suelos, con la mala leche a punto de nieve y la nata con galletas, lo mejor que podemos hacer es abrir una maleta, meternos dentro y dejarnos llevar. Sacar del armario los sueños del verano (la ropa aún sigue fuera) y guardar en la cómoda la incómoda memoria astillada. Comprar un billete de ida, sin pensar en el de vuelta y hacernos amigos de lo inolvidable y, por defecto, de lo inoxidable. Disfrutemos de lo bueno conocido por si nos endosan un día lo malo por conocer.

A estas alturas del año, pesan las palabras y las voces, lo comido y lo servido, lo malo y lo peor, el este y el «o este», el bien y el mar, el mal y el ven

El pasado es un eco lejano que se pierde de vista. El futuro es un ruido incesante de caracolas saturadas de peces que ahogan el sonido de las olas y te escaman, de corazones cerrados por fuera, de fantasmas encadenados a su melodía, de vecinos bajando a la calle a subir la basura.

Regálate un minuto vacío para llenarlo como más te plazca, aunque sea camuflado entre el lenguaje que solo entienden los que se desvelan en mitad del día, con tal de no darse contra la mesilla de noche de madrugada. Relájate un minuto.

Llena tu vacío de caricias por probar, de luces por encender, de aire que ventilar, de sueños por arreglar, de vida por vivir, de ideas por tener … llena tu vacío de esas pequeñas cosas que a veces se asoman al balcón de la punta de la lengua y que nunca recordamos que están ahí, y que sienten el vértigo de la memoria y no les dejamos dar un salto al presente.

Fabriquemos tiempo, que es lo único que no se acaba nunca, que no cierra ni por vocaciones ni por derribo, que está ahí aunque no lo veamos o sepamos ver. 

Cumplamos las promesas que el enero pasado nos hicimos, antes de que se junten con las mismas promesas del enero que viene, excepto las promesas imposibles tales como: aprender inglés, ir al gimnasio, tomarse las cosas de otra manera, ahorrar para el puñetero capricho que ya no tenemos, hacerte la colonoscopia («lo bueno si breve dos veces radio»), la dolorosa y tan necesaria mamografía y conseguir no volver a prestarle dinero al primo del prestamista.

Saquemos la piel al sol en cuanto cante el rayo. Sequemos la mente al aire en cuanto calle el trueno. Hagamos algo por nuestro bien, por una vez, en defensa propia, en propia puerta, como un gol que te metes con gusto, que los autogoles pican menos que la sarna.

Y, si fuera posible, vamos a ponernos manos a la obra e intentar joder menos y follar más (o como se diga).

BLANCO Y NEGRO

BLANCO Y NEGRO

Cuando negro dijo que sí, blanco, más colorado que un gaznate, le contestó que -a buenas horas- y que -verdes las habían sesgado-.  

El futuro, de repente, apareció ante sus ojos de color gris (marengo para más señas).
Blanco siempre estaba que se subía por las paredes, negro, sin embargo, se quedaba agazapado en un rincón como una sombra. No le gustaba dejarse ver así como así, ni así.

Blanco no podía soportar que negro tuviera siempre una visión tan pesimista de la vida. Negro palidecía ante cualquier contratiempo pero, no se confundan, a negro por su parte, le ponía amarillo mostaza que blanco fuese siempre el idem de todas la miradas. Que lo viera todode color de rosa. Lo cierto es que no había color. 

Blanco y negro se habían conocido por casualidad una tarde en el bar, jugando al dominó y bebiendo carajillos. Fue la única ocasión en la que ambos tuvieron algo en común, aunque no dejaran de darse la espalda durante toda la partida. Era solo cuestión de puntos de vista.

Desde entonces hasta hoy se han pasado la vida echándose las cosas en cara, de paleta en paleta, de arco iris en arco iris, poniéndose de todos los colores. Uno piensa que es mejor que el otro. Blanco se escuda en que viste a la luna, negro presume de agujeros negros, blanco del día, negro de la noche. No terminan de comprender que sin la oscuridad no tendría sentido la luz y viceversa. Simple viceversa en blanco y negro.

Es más (véase la foto) la sombra de blanco es negra y el brillo de negro es blanco.

LA EDAD MEDIOCRE

LA EDAD MEDIOCRE

Ultimamente, unos cincuenta años calculo yo,  no hago más que encontrarme con personas a las que casi todo les sale mal o tienen esa impresión. Almas en pena que viven en un martes y trece de la marmota, sin pausa pero con prisa. Que parecen no llegar nunca, que no arrancan. A todos nos pasa en un momento dado.

Me cruzo con personas que en el fondo saben que, poco o nada, tienen que ver ellos con sus fracasos o con su frustración. Que desean creer que no hay mal que cien años dure, ni mente que lo recicle.

Gente insatisfecha con su trabajo, con su vida, con su entorno, que se aburre tanto que le aburran, que han logrado que la rutina parezca un juego de guiños. Seres que saben que podrían dar más de sí, si no les dijeran tantas veces que no. Si les dejaran sacarse de golpe todas las espinas.

Los cambios de estación, de rumbo, de tren, de hora, de agua, de alimentación, de vida, de clima, de cama, de coma, de cima, de guardia… con todo lo que eso implica, son también factores que nos influyen. 

El estado de ánimo se altera, para bien o para mal, en ese transbordo que tenemos que hacer cada cierto tiempo del frío al calor, de la oscuridad a la luz, del día a la noche, de las tres a las dos, de la lluvia a la sequía, del coro al caño… pero, echarle la culpa al tiempo, o a los demás, nunca consuela, así que, vamos a echársela a algo más consistente. Culpemos de los males de esta era, al cada vez más alto nivel de incompetencia y mediocridad, de contaminación que flota en el ambiente, al miedo a acertar, a perder la razón, a que no te la den, al consuelo de tontos.

En este mundo de esclavos, cada vez se hace más patente que no triunfa el que más vale sino el que sabe hacerse valer, aunque no valga. Como siempre, se admiten excepciones a las reglas y nuevas reglas sin excepciones. Es triste comprobar como el mal talante se come al talento. Como al genio le ahoga el grito.

A los que se aburren de esperar, de soportar y de buscar, les propongo que se entretengan intentando cambiar al menos sus cosas. Que piensen que los que tienen la sartén por el mando, son incapaces de freír un huevo sin su ayuda. Entre otras razones porque no tienen huevos, solo mando.

¡Chupito!

LA VIE EN PROSE

LA VIE EN PROSE

Me he sentado un rato, a ver pasar la vida, en uno de los contados bancos buenos que hay en mi calle y, hay que ver lo bien que nos sientan los pantalones de cuello vuelto, las faldas cinturón, las horas de gimnasio, los segundos de desahogo, el carro de la compra, los pasos de peatones, las mierdas de perro recién pisadas, la dieta mediterránea, los auriculares apoyados en la cadera, las tallas grandes, el móvil en la boca, las bicicletas adosadas, las motos desordenadas, las malas caras, los buenos culos, las papeleras llenas, las cabezas huecas y la ausencia de complejos.
La calle es una interminable pasarela de modas y de modos de vida, de ser, de estar, de huir, de venir. Es un sucedáneo del carné por pantis. La calle es una acera con aires de grandeza, una excitante excusa para sobrevivir con disimulo.
Nos sobran coches, cachas, pisos, motivos para tener razones y razones para tener motivos. Tenemos el mar a un paso y las montañas al peso, un clima envidiable y un pegajoso olor a lluvia seca. No nos falta comida en el supermercado, ni vino en las copas, ni un -se fue- al borde de la cama, ni un borde sin fama, ni excusas para levantarnos cada día a estirar los sueños.
Tenemos amigos de infarto y amagos de felicidad. Aires de grandeza, vientos de cambio. Tentaciones y poco tiempo para caer en ellas. Una verdad para cada mentira y una mentira para cada ocasión. A mí es que mirar alrededor desde los bancos me da mucho de sí. Y eso que solo me ataba los cordones de los zapatos e inflando los condones de la libertad.
Tenemos los pies en la luna y el ojo en el suelo, la risa floja y las rosas trabajando en nuestro ramo. Nos adornan amores que atan con hilo de seda, agua de charco para lavar las lágrimas, calor en verano y otoño en invierno, tenemos la fuerza de la primavera. Tenemos un poco de todo y nada del otro mundo.
Somos afortunados aunque a veces nos falle la memoria y la fortuna. Tenemos playas para la esperanza donde ondean banderas azules hechas jirones, una diversidad digna de Eulogio y una mala salud de hierro, hasta para eso nos sobra el consuelo de tantos. Pero, sobretodo, tenemos una oportunidad para la paz que no tenemos y, ya se sabe que sin paz, lo demás son sólo aceras para seguir yendo y viniendo vestidos de fiesta sin saber que celebramos, salvo el hecho de que tenemos de todo, incluso miedo.

Y luego están los que no tienen nada. Esos que me miran tumbados envueltos en cartón de soñar.

MÁS QUE PALABRAS (Breve diccionario abrevado)

MÁS QUE PALABRAS (Breve diccionario abrevado)

Alguna vez se ha dicho que habría que redefinir ciertos términos y palabras, para que su significado se acercase más al uso y desuso que le damos en la actualidad.

Sin ánimo de molestar y por simple divertimento, me he tomado la libertad de darle unas cuantas patadas al diccionario, con la sana intención de destrozarlo con cierto desconcierto. Hagamos el humor mientras llega la censura 2.0.


Humor: Sentido que se tiene cuando el chiste sirve para reirse de tus enemigos y que desaparece cuando te acorrala.

Demagogia: Rama de la sinrazón que practican los que todavía no se han bajado del árbol. Linea argumental de los que, ni piensan bajarse del burro, ni piensan en general.

Facha: Insulto que se aplica a una persona que no piensa como tú (piense lo que piense).

Rojo: Facha viejo.

Radical: Auto excusa que algunos utilizan para liarse a tortas y a zascas en cualquier concentración, manifestación o red social. Si el radical es libre, suele ser por los pelos.

Periodista: Profesional, o no, de la información, que cae mal cuando no cuenta las cosas y, ni cae, cuando las cuenta.

Política: Dedicación, sin explicación aparente, que consiste en que parezca que los otros hacen mal incluso lo que hacen bien y que, lo que «los tuyos» hacen igual de mal, sea que lo que hay que hacer.

Opinión: Provocación por vocación (y por rotación).

Diálogo: Álogo.

Referéndum: Consulta popular que no se hace ni para consultar si se puede hacer una consulta. 

Nación: Estado emocional, en concurso de acreedores, que permite usar el comodín de la manada.

Patria: Espacio mental, a modo de jardín, en el que si te metes ya no sabes salir.

Autonomía: Distancia que recorre una región hasta que se le vacía el depósito. 

Parlamento: Que no parlamenta. Almacén de impresiones y de impresoras.

Monarquía: Forma de gobierno por la que una persona hereda el cargo de rey o reina. Heredar el cargo no es exclusivo de las monarquías, también ocurre en países como Cuba, Corea del norte o Venezuela, pero con menos niños en lista de espera para ocupar el trono.

República: Forma de gobierno por la que, en España se cambiaría a Felipe de Borbón, como rey,  por Maria Dolores de Cospedal, como presidenta de la misma (por poner un ejemplo en diferido).

Tertuliano: Especialista en ti y en to.

Feminismo: Movimiento que se demuestra igualando.

Zasca: Cansino corte de mangas con peineta y con razón. Es curioso que la única palabra que empieza por zasca sea «zascandil».

Twitter: Pues anda que tú. Y ya tal.

Independentista: Odontólogo empeñado en sacarle las muelas a todo el mundo, tengan o no.

Oportunista: Se dice del que aprovecha cuando le conviene, para criticar que los demás no hagan lo que él tampoco haría. 

Democracia: Sistema político (mejorable e imprescindible) que permite que una amplia minoría parezca más que la mayoría silenciosa. 

España: País de Siempre Nadal ¡vamos Rafa! (Todo lo demás es un follón).

Rufián: Humorista desganado.

Corrupción: Eso de lo que usted me habla.

Mentira: Posverdad.

Posverdad: Pos eso.

Banderas: Antonio.

Insulto: Nueva forma de manifestar respeto.

Libertad: Pasapalabra.

Educación: Forma de convivencia que cada uno entiende como le sale del asunto en cuestión.

Borde: Actitud que cualquiera puede tener contigo, sin venir a cuento, y en lo que tu te conviertes por el mero hecho de responder a su provocación.

Infantil: Salvo los niños, todo lo demás.

Razón: Dícese de lo único que nos asiste a todos. Multipropiedad a tortas. Ego sin Descartes.

Tonto: Muy tonto.

Constitución: Lo que nos permite dar la talla cuando te quieren hacerte un traje a medida. Conjunto de leyes que no han pasado la ITV.

Transición: Periodo de la histeria de España que hubieran sabido resolver con nota los que no la vivieron. Cremallera para cerrar y abrir heridas mal curadas.

VOLVER TAMBIÉN ES IR

VOLVER TAMBIÉN ES IR

Hay que volver a las pequeñas cosas:
A la puesta de sol bien entendida,
al tacto de los pétalos de rosa
de aquel ramo de amores sin espinas.

Es grato regresar a las entrañas
del viejo corazón que nos enseña
que en el fuego que funden la guadañas
importa más el aire, que la leña.

Hay que volver al beso que no dimos,
al olor de los cuerpos que consuelan,
a aquella noche en la que nos perdimos
y el día amaneció con luna llena.

Al lugar donde aprenden las mareas
que el mar no se desangra en cada ola,
al azul que, en la llama de las velas,
se enciende con el paso de las horas.

A la gota de lluvia que se escurre
descubriendo caminos de cristal,
al punto donde al cielo se le ocurre
jugar a confundirse con el mal.

Hay que volver a recorrer la acera
donde se cruzan todas las miradas,
hay que recuperar la primavera
en la que el sol brilló de madrugada.

Hay que volver al rastro del camino,
a la ropa interior de las afueras,
al tiempo en que escribieron tu destino
y hacer de musa de quien lo supiera.

A escondernos detrás de los cristales
del asiento de atrás del infinito.
Hay que volver a deshacer finales,
a volver a decir –te necesito–.

PODRÍA SER PEOR

PODRÍA SER PEOR

No hay mal que cien años dure
ni gallo que lo resista.
No hay bálsamo que no cure
el sueño de ser realista.
 
Pensemos en positivo.
No nos faltan invenciones
para hacer más digestivo 
este guiso de jirones.
 
La vacuna de la rabia,
clavo que echarle a la pava,
adosados hasta en Babia,
champán por la vena cava.
 
Tenemos anticiclones,
más alas que un aeroplano,
la acidez de cien limones,
diez dedos en cada mano.
 
No nos falta cachondeo
ni buen humor al pil-pil,
ni edificios de Moneo,
ni casetas en abril.
 
Tenemos una moneda
que tiene más de dos cruces,
molinos con muchas ruedas,
dudas en traje de luces.
 
Tenemos una fortuna
invertida en tragaderas,
embajadas en la luna,
veranos y primaveras.
 
La botella medio llena,
lo bueno por conocer.
Tenemos la vida en vena
por nuestra forma de ser.
 
Así que no se depriman.
Quédense con la canción,
que la situación da grima
pero no es #Eurovision.