EL MÁS ACÁ

EL MÁS ACÁ

Desgraciadamente para mí, yo sí creo que la muerte es el final.

Este convencimiento, tan respetable como el del que opine lo contrario, me hace amar la vida por encima de sus posibilidades, con sus incertidumbres, su rutinas, sus virtudes, sus defectos, sus ruinas y algún que otro impresentable.

La vida es una camisa de fuerza con el loco por fuera.

También creo que que el hombre y la mujer crearon a Dios a la imagen y semejanza de sus necesidades de salvarse de la quema. Probablemente lo parieran el séptimo día de su indecisión, por la tarde. Un domingo cualquiera que no había fútbol ni nada comestible que llevarse a los ojos.

Lo crearon seguramente cuando se dieron cuenta de que la fe, en algo o en alguien, era una buena forma de encontrar consuelo sin más y una salida digna al laberinto emocional de sus racionales miedos.

La vida es la antesala de la muerte como la nada fue la alfombra roja de la vida.

No hay nada más allá de lo que vemos, de lo que ansiamos, de lo que vivimos. Si la vida eterna fuera una realidad duraría lo que los amores eternos: «diecinueve días y quinientas noches».

Si todo desembocara en un juicio final, no quiero ni pensar cómo estaría a estas alturas la sala de espera de los juzgados y, sobretodo, los baños. Por no hablar del estado mental de los abogados sin oficio ni beneficio o el aliño de los periodistas apostados en la puerta intentando marcar alcachofa. Habría demasiada gente hacinada esperando desde hace demasiado tiempo un veredicto de no se sabe quién.

No creer también es una cuestión de fe. Que Dios me perdone.

Precisamente porque la vida no dura para siempre, al contrario que la estupidez y la muerte, esta única vida que tenemos, aunque nos vuelva tarumbas con sus altibajos, sus vaivenes y sus cabronadas varias de todo punto prescindibles, merece toda nuestra atención y nuestras ganas de intentar terminar con nota, lo que empezamos cuando nos trajeron al examen sin haber estudiado ni un poquito.

A pesar de los pesares y de los pisares. Aunque me hayáis oido escribir en más de una ocasión que –la vida es un curso de formación con una mala salida– hay que desvivirse por ella. No nos queda otra.

(Y ahora vas y lo aplicas(cas).

LA POSTURA

LA POSTURA

Apoyó la frente sobre el cristal de la ventana. Dentro de su cabeza llovía a cantaros. El viento despeinaba las copas de los árboles plantados en la acera. La gente iba a lo suyo. Está demostrado que, en realidad,  ir a «lo suyo» es sinónimo y primo hermano de ir a lo tuyo, a lo nuestro o a lo de todos.

Somos poco originales a la hora de elegir qué hacer, dónde ir o con qué soñar. Todos tenemos los mismos problemas, próximos o que finalicen o, como dice también la voz del Metro, con su vital correspondencia con la línea que más o menos nos conviene.

Pensaba, mientras la frente se le quedaba fría y el calor de su piel empañaba el cristal, en lo que puede llegar a cambiar la vida de un día para otro. En la cantidad de veces que se había dicho a sí mismo, o compartido en voz alta en el ascensor sin mayor eco, que había que vivir. Que la vida eran dos días  y uno lo pasábamos durmiendo, otro medio, discutiendo y el resto estrellándonos una vez al mes contra una hipoteca de ladrillo visto. Que no quedaba otra. Que el más allá seguro que sería más tranquilo pero que, donde estuviera un buen meneo de vez en cuando, que se quitase lo bueno por conocer, la certeza de la nada o volver al polvo (al bíblico, no al que obra milagros).

Siempre había preferido estar hecho polvo que serlo.

Había llegado sin saber muy bien cómo, a un punto sin retorno. Necesitaba cambiar algunas cosas, quién sabe si todas. Tomar una decisión que le arrancara de las garras de esa enredadera con pintas en la que se desangraba y desvivía. Era el momento de adoptar una postura. La de la frente apoyada en el cristal de la ventana no le pareció la más cómoda, es verdad que era la que tenía mejores vistas, pero resultaba insuficiente y harto incómoda como para liarse a cambiar nada. Así que, se alejó de la ventana, dirigió sus pasos hacia el sofá del salón, se tumbó con cuidado, a lo amargo y a lo Pancho, y ahí sigue.

Ya va para diez años en la misma postura, tumbado y abducido, en y por el sofá de su cuarto de ser.

AYUDA

AYUDA

Hay ocasiones en las que ni tú mismo sabes cómo ayudarte. Por más que lo intentas la llave no entra en la cerradura, no por falta de puntería o de ganas, sino porque nada quieren saber la una de la otra. No encajan. No giran. No tienen vuelta de ojo. Mientras la llave aprieta los dientes, la cerradura mira para otro lado. Tienes la opción de contarlo en voz alta, pero que te asuste tener que decir la verdad, escucharla de tus propios labios. Bastante tienes con que la realidad que padeces atraviese tu cabeza como una bala perdida de fogueo. Es en ese punto en el que te encierras en la habitación de tu propio pánico. Te abrazas a una almohada rellena de preguntas cuya respuesta sabes, si te echas a dormir del otro lado. ¿Cómo se ayuda a otro o a ti mismo sin saber qué hacer, qué decir, qué callar?

Muchas veces basta con saber que hay alguien, con soñar un abrazo, con que, sin más, te escuche. Que oiga tu silencio y entienda cada pausa. Que te lea entre lineas aunque no estén escritas o pasadas a limpio.

Es inútil ahogarse en un vaso vacío, aunque siempre es peor no encontrar la llave ni la cerradura. Que la primera se te haya caído al suelo a través del agujero del roto del bolsillo y que la segunda esté cada vez más lejos cuanto más te acercas. Es entonces pienso: si siempre hay algo peor es que lo mejor también existe. Se llama esperanza y es cuestión de atreverse.

DE MENOS

DE MENOS

Echo de menos la felicidad.

La luz de esos días que amanecen envueltos en ti, en los que un brillo interior te acompaña desde que suena el despertador hasta que decides dormirte a lo largo y a lo ancho de tu drama.

Echo de menos esa sensación de plenitud en la que nada ni nadie puede contigo. La suerte en los talones, la magia en la chistera, las señales de humo de una larga calada del destino.

Echo de menos el olor del mar a la orilla de mi memoria, la nostalgia que te anima con alegre tristeza, la soledad que, asomada a la ventana, ve pasar la vida como un cuento.

Echo de menos la música interior que teje telarañas en la esquina del viento arrepentido. El sabor de los versos a escondidas, las razones que no te dan la gana.

Echo de menos los pasos perdidos, las noches de sol, tu piel en mis labios sin miedo a perderse, las malas costumbres, las buenas ideas, las ganas de estar.

Echo de menos el presente, la belleza de los días sin horas ni llaves en el alma, la satisfacción del trabajo agradecido, los amigos que no van a volver, la esperanza que cambia la suerte.

Echo de menos el final del camino, la fuerza, que no la voluntad. Sentirme bien, pasar del mal.

Y, sin embargo, echo menos de menos cuando no lloraba.

SE CAMBIA POLVO POR BRILLO (Soneto).

SE CAMBIA POLVO POR BRILLO (Soneto).

El universo sigue en expansión

y el mundo cada vez más estirado,

más caliente, más ruin, más achatado,

más a las puertas de su defunción.

Tiene gracia que fuera una explosión

el origen de un caos organizado

que, quitando delirios y pecados,

sigue teniendo visos de ficción.

Este planeta mal alicatado

necesita una mano de pintura

más verde, más azul, más protectora.

Un nuevo corazón aclimatado,

más esperanza en forma de cordura

y que se pare al menos media hora.

QUE LES DEN POR BULO

QUE LES DEN POR BULO

Qué lata la realidad

siempre trastocando planes.

Tanta subjetividad

hace sin huevo los flanes.

Cuando lo evidente chafa

el cuerpo de la noticia,

ni graduando la gafa

te corrigen la presbicia.

Cuando la mentira enseña

lo que la verdad esconde,

ya nunca sabes si sueñas,

ni qué, ni cómo, ni dónde.

El optimismo convulso

aburre hasta a la utopía.

El onanismo sin pulso

carece de garantía.

Si cada día te dan

razones para engañarte,

lo mejor es apoyar

la cabeza en otra parte.

Si lo que no puede ser

además es increíble

dejémos por imposible

lo que nos hacen creer.

Para evitar el temor

a caer en ese abismo,

se recomienda realismo

y un poco de por favor.

Acabaremos idiotas

sin intentar distinguir

un culo de una pelota,

una cobra de un Fakir.

Lo peor no es no entender

lo de «tonto el que lo lea»,

lo desconcertante es ver

que la gente se lo crea.

LOS REVERSOS DE MIS ESPAÑAS

LOS REVERSOS DE MIS ESPAÑAS

España de los hechizos
que trastornan a las masas.
Curadero de chorizos
cortados en tabla rasa.

España de cuchipanda,
de fuegos artificiales,
de bobos como Dios manda,
de burocracia a pedales.

España del digo Diego.
Jardín de Manostijeras.
Inventora del «te veo»
y, de paso, te doy cera.

España del negro paro.
De balcones con bandera.
De lo bueno sale caro
y lo barato de pena.

España con aditivos
y bastantes conservantes.
Patria chica de los divos.
Senda de los elefantes.

España del conformismo.
Tierra de los brotes verdes.
Estado del triunfalismo,
generalmente, los viernes.

España del varapalo.
Con pecado concebida.
Mucho pico, pero malo.
De siesta y ¡abre, María!

España de los juzgados.
Casino de la retranca
en el que tiras los dados
y siempre gana la banca.

España de los amores
que duran toda la huída.
Trastienda de los horrores
de los locos a medida.

España con acritudes,
de peineta y butifarra,
de coleccionar virtudes
que lindan con lo macarra.

España de risa tonta
y de llanto con chorreras,
de disculpar al que monta
pollos «de aquella manera».

De las pelotas de goma,
de los caprichos de Goya,
de los sujetos de broma,
de ida y vuelta de  olla.

España de los olores
que saben a naftalina.
Estación de los amores
con trenes a la deriva.

—————————-——/

No se salvan de la quema
ni los nobles, ni los ricos,
ni los grandes, ni los chicos,
ni las malas, ni las buenas.

No se salvan del barullo
ni los cuerdos, ni los locos,
ni el que sigue a perogrullo,
ni el que nos da soplamocos.

No se salvan de follones
ni los que pagan el pato,
ni los que cobran millones,
ni los líderes, ni El Tato.

No se salvan de los gritos
ni los que imponen la pena,
ni los que cumplen condena,
ni los crudos ni los fritos.

No se salvan de la hoguera
ni el que reparte las cartas,
ni el que pinta la pancarta,
ni el que menos se lo espera.

No se salvan de la ira
ni el macarra con peineta,
ni la manzana podrida,
ni la princesa reineta.

No se salvan del derribo
ni los feos, ni los guapos,
ni los muertos, ni los vivos,
ni las ranas, ni los sapos.

No se salvan de la rueca
ni el hilo, ni Blancanieves,
ni aquel que asó la manteca,
ni los lunes, ni los jueves.

No se salvan del tormento:
–Mira qué bien y qué pronto–
le dijo la tonta al tonto,
ni el ciento veinte por ciento.

————————————/

Al retrato de esta España
(en vientre de pandereta)
le han pintado una guadaña
envuelta en una patraña
coronada con peineta.

Lo han pintado a navajazos
y pelillos a la mar,
con un pincel de mil trazos
al que le han puesto dos lazos
y un árbitro en cada bar.

Un retrato con paisaje
(a modo de bodegón)
donde sobra paisanaje,
una perdiz sin plumaje
y un huevo de corrupción.

En el cuadro compulsivo
de esta España con coleta,
junto al mundanal cautivo,
un San Nicolás esquivo
abarca pero no aprieta.

A la izquierda pueden ver
una multitud confusa.
A la derecha el querer,
y en el centro un «sinsaber»
en una montaña rusa.

Al fondo sombras y luces
bajo un sol enladrillado,
un monte con muchas cruces,
gente dándose de bruces
y tontos por todos lados.

De estilo remordimiento,
con un toque surrealista,
la obra es un sufrimiento
pintada sin fundamento
por un loco hipo realista.

Este retrato sin cielo
huele mucho a hierba mala,
a galán de medio pelo,
a tocinillo de suelo
y a “obso…eso” programada.

REVERSOS DEDICADOS, DE AYER Y DE HOY, PRESENTAN…

REVERSOS DEDICADOS, DE AYER Y DE HOY, PRESENTAN…

#ElReverso de la @BujulaOndacero

29 de enero de 2013

MINUTO DE GLORIA.

DEDICANDO CON EL EJEMPLO.

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El reverso de hoy va dedicado

por nada en especial, quizá por todo:

Al viento que te da por cualquier lado.

Al discreto que calla por los codos.

Al año convertido en almanaque.

A las fotos que huyen de los marcos.

Al que no se defiende al contraataque.

Al que pide en la fila de los bancos.

A la media verdad que no es mentira.

A lo que nunca cuentan de la historia.

Al mediocre gris perla que te mira

y sabe que es idiota de memoria.

A la gota de sangre que se seca.

A la tela de araña abandonada.

A los ratones de las ludotecas.

Al vacío que llena una mirada.

Le dedico también este minuto

al vaso de los lápices gastados.

Al negro por estar siempre de luto.

Al blanco cuando está recién manchado.

Al libro que se aburre en la mesilla.

Al ojal del botón que no se abrocha.

Al sueño que no acaba en pesadilla.

Al que sabe agarrarse de la brocha.

A la luz que se apaga en la nevera.

Al garbanzo del pito del sereno.

A la huella que borra la marea.

Al que cose los trajes de neopreno.

Le dedico el reverso al espejismo

que convierte en cristal la carretera.

A ese instante fugaz contigo mismo

en el que eres feliz a tu manera.

A la parte más baja de los muros.

Al adiós que no espera un hasta luego.

Al lado sin usar del lado oscuro

y al que sin decir digo, dice Diego.

También al interior de las afueras.

A la parte caliente de los paños.

Al cristal de las gafas de madera

y a los que cada día cumplen años.

EL ÚLTIMO ABRAZO

EL ÚLTIMO ABRAZO

No quiero estar aquí el día que al planeta le de por irse de agujeros negros, ni tampoco la tarde que, la Luna, se acerque a contemplar como se pone el último sol, sentada en la hierba de la colina de las tetas, contemplando el atardecer sobre el cráter de El Golfo o en una hamaca del Café del mar.

No sé si me apetece estar aquí cuando Saturno nos regale su anillo de soltero, o el día que un cometa vagabundo nos parta el corazón ya hecho pedazos.

No quiero estar aquí pero por miedo a no encontrarte entre tanto saqueo, entre tanto canalla, entre tanto superviviente sin futuro y el resto de la gente en estampida.

Si la vida se acaba en un repente, avísame con tiempo de buscarte y morir en tus brazos.

¡QUÉ PAÍS! (Da igual la época)

¡QUÉ PAÍS!                                        (Da igual la época)

Recupero este Reverso de la Brújula, que me han recordado, lo cual agradezco.

(Uno de los primeros Reversos de la Brújula en el 2007)

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Hay más dardos que dianas.

Hay más puñales que espaldas.

Más cantantes que mañanas.

Más colores que guirnaldas.

Hay más suciedad que trapos.

Hay más veneno que lenguas.

Menos gargantas que sapos.

Más vengadores que mendas.

Hay más agujas que ruecas.

Más vigas que ojos ajenos.

Hay menos gestos que muecas.

Más mentiras que boleros.

Hay más dolor que consuelo.

Más sobredosis que venas.

Más tomaduras que pelos.

Hay más caras que monedas.

Hay más crimen que castigo.

Hay más témporas que culos.

Más dije Diego que digo.

Más secuestrados que zulos.

Hay menos cera que fuego.

Hay más odio que condena.

Hay más quebrantos que duelos.

¡Ay! qué país ¡Ay! qué pena.