Empieza el mes de las cenas.
la lotería, los puentes,
del gasto como condena,
de la bondad recurrente.

El mes de la Inmaculada
versus la Constitución,
el de la luz deslumbrada
y el besugo de ración.

Del enemigo invisible,
del jefe venido a menos,
del amor incomprensible,
de los cuñados amenos.

Tiempo de mascar turrones,
por no morder yugulares,
y kilos de omeprazoles
contra la acidez de males.

El año en la cuerda floja
llevado por su mal fario
no tiene vuelta de hoja
y huye del calendario.

Con diciembre hemos topado,
con menos placer que roces,
de un año descontrolado
que se va soltando coces.

Quedan ya, como quien dice,
doce días laborables
y, sin entrar en matices,
dos noches inigualables.

Se nos muere el año en curso
como se ha muerto Fidel.
(esos si que eran discursos,
aunque fueran por jodel).

Rajoy conserve los puentes
y España su mismidad.
Sin novedad en el frente,
lo que hay, es Navidad.

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