Qué invierno tan singular,
tan concentrado, tan breve
tan llueve por no llorar,
tan como de siete a nueve.
Tan de no saber sumar
ni números ni colores,
cerrado de par en par,
abierto por vacaciones.
Qué invierno tan anormal
tan raro, tan anodino,
tan de ponerse a pactar
sin importar un pepino.
Tan de fiesta sin guardar,
tan de no verlas venir,
qué invierno tan peculiar
tan perdido, “Tan, Ton, Tin”.
Tan de -¿Qué dices? Me opongo,
tan chulo, tan “y tú más”,
tan de mirarse el mondongo 
sin pensar en los demás.
Tan absurdo, tan extraño,
como de aquella manera,
tan de no salir del baño.
Qué invierno tan primavera.

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