Intentaba recordar cómo era aquello de mirarse al espejo y reencontrarse.

Recordar la última vez que la felicidad le había guiñado un ojo e intentado bajar los pantalones en medio de la calle. Una broma pesada pasada, que ahora relamía con la sonrisa puesta.

Quería salir al encuentro de un pasado que cargaba a su espalda una mochila llena de sueños y una vida recién estrenada.

Volver a luchar a favor de obra. Dejarse las manos en caricias, apretones, manchas de tinta y rastro de pintura, polvo y experiencia.

Alisar las arrugas que los años habían tallado en su piel como caminos de paso.

Soñaba con la risa que un día formó parte de su anatomía, del esqueleto de su mirada al verse saltar las olas de un mar en el que ahora tan solo remojaba la nostalgia.

Intentaba recordar, pero su memoria se había quedado encerrada en la habitación del pánico y aunque su mano apretada agarraba con fuerza la llave de la puerta de salida, era incapaz de separar los dedos.

Ansiaba recordar cómo se abren las manos.

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