EL HORÓSCOPO

EL HORÓSCOPO

Un hombre compró una revista y leyó su horóscopo semanal. Le recomendaba que anduviese esos días con pies de plomo, así que, como era muy supersticioso y de talante literal, entró en una zapatería y pidió unas botas con la suela emplomada. Cuando salió a la calle llovía a cántaros, pisó un charco y se ahogó.

Ese mismo día, una mujer leyó también su signo del zodiaco. Le advertía de que iba a estar cargada de energía positiva. Sin pensárselo dos veces se echó a la calle radiante de felicidad, llovía con ganas y por contacto y se electrocutó.

Peor fue lo que le ocurrió al astrólogo de la revista. En el suyo se podía leer: “Yo de usted no saldría a la calle” y así lo hizo. Cinco días lleva encerrado ya en su domicilio en espera de que publiquen su nueva predicción.

De mí ponía que esta semana mostraría cierta tendencia a mostrarme susceptible. Pues no va el nota y me llama susceptible. A mí. A ver si le sale una gotera en el techo y se le inunda la habitación esa de la que no sale, por bobo. Susceptible yo.

LA SEMANA

LA SEMANA

Hoy es sábado, posiblemente el único día de la semana que goza de las simpatías de propios y extraños. Porque el Domingo “mata más hombres que las bombas”. Que no deja de ser curioso que “haya gente que quiera ser inmortal y no sepa qué hacer las tardes de los domingos”, como dijo no recuerdo quién.

El lunes es la mosca cojonera de la humanidad humana, de la humanidad inhumana y de parte de la humanidad divina. El lunes te lo pasas entero recogiendo tu cabeza de cada suelo que pisas.

El martes “ni te cases ni te embarques” ni navegues por la red, ni fuerces el sinus pilonidal sacrcosígeo que todos llevamos dentro, o fuera, según se mire.

El miércoles, cómo será, que lo hemos reconvertido en el día del espectador. Hemos rebajado el precio de su entrada para darle una salida.

El jueves no tienes nunca ni idea de en qué día vives, ni ganas de que te lo recuerden. Es como el martes pero pudiéndote embarcar sin miedo a divorciarte.

Del viernes se dice por fin ya lo es, pero, no nos engañemos, arrastra tras de sí una tarde deprimente, una mosca cojonera, un forúnculo en salva sea la parte, un mini cine de barrio, un “si te he visto no me acuerdo” y, en conjunto, una semana que te deja descompuesto y con fobia.

Hoy es sábado, así que , a disfrutar del único día del que nadie tiene queja. Un día que vale por una semana entera de veinticuatro horas.

LADY B(h)ALCÓN

LADY B(h)ALCÓN

Dentro de nada el sol saldrá por detrás de la mesilla de noche. De la luna ya solo quedará entonces, un bostezo de luz en los cristales.

La noche es una habitación con los balcones cerrados de par en par, o de bar en bar, según se mire. La noche es ese espacio en el espacio en el que los sueños son.

El día es una ilusión óptica pero, al fin y al cabo, una ilusión.

En la calle se escuchan los primeros ruidos: el motor de una moto que va de menos infinito a infinito, de menos a más y de más a menos, algo que se conoce como el Efecto Doppler (de los cojones).

Resuena entre la acera de los pares y los impares, el golpe seco del papel de periódico al chocar contra el suelo, junto al kiosko. Oigo claramente a través de los cristales de mi ventana, concienzudamente insonorizada, las voces de una pareja que se despide tiernamente a gritos.

Desde el interior de la casa llega el murmullo de la ducha de un vecino que se levanta cada mañana, como yo, a despertar al gallo y a apagar el despertador, antes de que sea demasiado tarde.

La noche y el día es gente muy extraña. Empiezan y terminan siempre del mismo modo. La una perseguida por el otro, como dos amantes que nunca tienen tiempo de estar juntos y no encuentran la hora de abrazarse. Un amor imposible que dura lo que dura el guiño de un instante.

Soy de los que cree que siempre es de noche, lo que ocurre es que, una vez al día, durante varias horas, no está oscuro. Lo hemos llamado día porque es diferente. Esa es una vieja costumbre de los seres humanos, ponerle nombre a lo diferente, a lo que es distinto, a lo que es distante, olvidando que la igualdad empieza por reconocer las diferencias, aunque estas sean tan insalvables como las que separan y unen a la noche y al día.

COSAS

COSAS

Hay cosas que no se olvidan, aunque ahora mismo no me acuerdo de ninguna.

Cosas que aún están por descubrir y que ignoramos de raíz.

Cosas que pasan de largo.

Cosas que parecen mentira y, sin embargo, lo son.

Cosas que te hacen pensar en otras cosas.

Cosas que nunca te dicen ni falta que te importa.

Cosas insignificantes como ciertas personas.

Cosas que uno dice sin pensar para poder pensarlas más tarde.

Cosas pequeñas, pero, mucho más importantes que las grandes cosas.

Cosas que se repiten una y otra vez inasequibles al desaliento.

Hay cosas que valen la pena cuando se pena con gloria.

Cosas que se caen por su propio peso como las manzanas o las lorzas.

Cosas increíbles como ciertas verdades.

Cosas sin sentido con dos direcciones.

Cosas que esperas que no ocurran.

Cosas que te devuelvan la fe en el ser urbano.

Cosas que te hacen pensar y cosas para olvidar.

Cosas de cajón y de encimera y cosas que me callo por no decir más cosas.

BIENAVENTURADOS

BIENAVENTURADOS

Bienaventurados los que vuelven porque alguna vez se fueron.

Bienaventurados los que se van porque saben lo que se pierden.

Bienaventurados los que madrugan porque santificarán las siestas.

Bienaventurados los que sufren porque ellos estarán hartos.

Bienaventurados los que luchan porque es agotador.

Bienaventurados los que están morenos porque cualquier día estarán negros.

Bienaventurados los tristes porque puede que les dé la risa floja.

Bienaventurados los que escuchan porque oyen lo que quieren.

Bienaventurados los que leen porque saben pasar página.

Bienaventurados los limpios porque mejorarán cualquier el ambiente.

Bienaventurados los que buscan porque lo mismo se encuentran.

Bienaventurados los que piensan porque de ellos será el reino de los que no lo hacen.

Bienaventurados los que NS/NC por lo segundo sobretodo.

Bienaventurados los que creen y los que no, porque ellos verán a Dios, o no.

SE TE TIENE QUE OCURRIR

SE TE TIENE QUE OCURRIR

Hoy se pone a la venta SE TE TIENE QUE OCURRIR -aforismos, tuits y citas a ciegas- (Editorial Renacimiento. Colección A la Mínima).

Este nuevo libro es una recopilación de diez años de encuentros conmigo mismo, a través de frases que se me han ido pasando por la cabeza y que terminaron colgadas en las redes sociales o escondidas en alguna libreta, de andar por causa, de esas que uso para pasarme a limpio.

Ideas, tuits, pensamientos, ironías, sarcasmos, afirmaciones, chistes en serio, confirmaciones, surrealismos, provocaciones, negaciones; palos, pelos (menos que señales); seso, dramas y rock sin roll… conforman este catálogo de aforismos, esta suerte de puntadas y putadas con hilo, que me resumen por fuera tras consumirme por dentro.

SE TE TIENE QUE OCURRIR es más que un libro de auto citas, es el resumen de una filosofía de vida y debida, de una forma de prensar, de una manera de descreer. Es un desnudo integral sin anestesia. Una guía para entenderme y, de paso, interpretar y destripar el mundo que nos rodea.

El libro se puede comprar en los establecimientos del ramo (del ramo de libreros, preferentemente)

o por internet:

https://www.amazon.es/Libros-Javier-Ruiz-Taboada/s?ie=UTF8&page=1&rh=n%3A599364031%2Cp_27%3AJavier%20Ruiz%20Taboada

o a través de la propia página de la editorial:

http://www.libreriarenacimiento.com

Y, ya que estoy, os dejo con uno de mis últimos cuadros.

REGRESO AL PASADO

REGRESO AL PASADO

A veces me entran ganas, casi lo necesito, de llenar la maleta de rostros y de nombres que alguna vez quisieron llevarme de equipaje y salir a su encuentro, allá donde se escondan, y volver a mirarles fijamente a los ojos y escuchar sus silencios y el ruido de sus vidas.

Encontrarme de nuevo con ese amor eterno que duró lo que dura la pasión y el deseo, o al amigo invisible que borró cualquier rastro y del que algunas veces me vienen a contar.

A la bruja de lujo que lamió mis heridas y despertó caricias que nunca se durmieron.

Deshacer el camino para buscar la forma de rescatar lo bueno de mi mala conciencia.

Decirle a aquella chica que aún vibra en mi memoria la tarde que rompimos el sello de los labios.

Contarle a aquel maestro que entendí sus lecciones una vez no hizo falta saber lo que enseñaba.

Ir en busca del viejo que me sirvió de guía e invitarle a la copa que jamás compartimos.

De la loca pandilla que escapaba de nada cuando nos perseguían las ganas de crecer.

A veces me entran ganas de entrar por los balcones y espiar lo que queda de mi vida pasada.

De devolver favores que nunca me pidieron.

De echar bien el cerrojo a algunas cicatrices.

De distinguir las voces del eco de un olvido.

De despedirme ahora que se que queda cerca lo que esté por llegar.

A veces me entran ganas que luego se me pasan.

CONTRA VIENTO Y MANERAS. Ed. Renacimiento.