LA CIUDAD DE LAS PRIMERAS PIEDRAS

LA CIUDAD DE LAS PRIMERAS PIEDRAS

Tuve en mi mano la llave de la ciudad de las primeras piedras.

Una llave de paso que no abre cerraduras.

Inútil como un reloj de luna.

Gastada y oxidada y, sin embargo,

algo sentí al tocarla.

(Volví a la primavera de las cosas.

A mi primer amor sin ataduras.

A clavarme la espina sin su rosa.

Al tacto de una piel sin armadura.

Recordé la inocencia necesaria

que permite dar forma a la utopía

y la fascinación extraordinaria

de confundir tú boca con la mía.

Recuperé la luna enrojecida.

El sol de madrugada en las canciones.

Mi caja de sorpresas escondida.

Volví a encontrar el as de corazones

en la manga que cubre las heridas

de un tiempo saturado de estaciones)

Pude oír su silencio bajo el suelo.

Pude sentir el frío de la duda

y recorrer el tiempo detenido

como una cuenta atrás con borrón nuevo.

Los comienzos son sumamente duros.

Sobre todo, saber por qué regresas.

La razón de ese esfuerzo innecesario

para volver al punto de partida

sin deshacer maletas y equipajes.

Volví de nuevo al tacto de la piedra

que nunca deja huella bajo el suelo.

EN 2019…

EN 2019…

Que nadie, ni la vida, te maltrate.

Que el miedo tenga puerta de salida.

Que “tablas” sea más que “jaque mate”.

Que se caigan los puntos de tu herida.

 

Que te sonría (y no se descojone)

el presente de un tiempo mal contado.

Que no nos quiten nunca lo que “pone”,

ni el aire, ni el amor ni lo ganado.

 

Que el año que comienza no se acabe

sin hacer realidad tus fantasías.

Que encuentres el cerrojo de la llave

donde guarda el dolor las alegrías.

 

Que el humor no se muera sepultado

bajo un montón de tristes ofendidos.

Que a los tontos les den por todos lados.

Que tener la razón no esté prohibido.

 

Que lo malo nos muestre el lado bueno.

Que lo bueno no tenga un lado malo.

Que el vaso lo veamos medio lleno.

Que el boomerang no se convierta en palo.

 

Que encuentre pronto piso la cordura

y el sentido que dicen es común.

Que suene a libertad tu partitura.

Que encuentres lo que buscas sin ¡Chimpún!

 

Que la vida y la muerte te sean leves.

Que el deseo te excite sin maldad.

Que sea año de bienes y de vienes.

Que le ponga tu nombre a la verdad.

TARDE Y TEMPRANO

TARDE Y TEMPRANO

Me gusta ver la luz de media tarde entrar por la ventana de mi cuarto.

El sol cayendo a mares tiñendo de dorado los tejados y los pisos más altos de las casas.

Ese adiós de los días brillando en los cristales

Me gusta imaginarte recostada en mi pecho y en mi hombro retomando las horas que perdimos a causa de la distancia o la rutina.

Me gusta tu calor de chimenea que prende entre tus brazos y en tus labios.

Ese olor a nostalgia y a deseo que enciende nuestra piel cuando haces magia.

Me gusta regresar a los lugares en los que la imaginación nos reconoce. Al tacto de tu cuerpo hecho un ovillo. Al tiempo que contigo nunca pasa.

Me gusta compartir risas robadas y miradas que encuentran la respuesta con sonrisa de guiño.

Me gusta la emoción desenfadada de cubrir nuestro amor bajo la manta y quedarnos dormidos, sin nada que perder.

Me gusta que el invierno nos recuerde que cuando vuelva el mar seremos playa.

Me gusta que te guste aunque se haga de noche.

CRÉEME.

CRÉEME.

¿A quién le va a importar que yo me muera?

me preguntó llorándome al oído.

—a mí—, le contesté muerto de pena

y a todos los que tanto te han querido.

Al aire que respiras y te llena.

Al viento que te abraza convencido.

A la sangre que lleva amor en vena.

Al corazón que siente tu latido.

Lamentará tu ausencia la caricia

que se sabe tu cuerpo de memoria.

Los labios que probaron la delicia

de los tuyos sellando aquella historia.

El agua que bañó tu piel desnuda.

El sueño que entendió tu fantasía.

Los que siempre acudieron en tu ayuda.

Las lágrimas que saben de alegría.

Comprendo el arrebato de tristeza

cuando el presente oculta su futuro.

Se puede superar con la belleza

hasta el más escarpado de los muros.

Le importará tu falta a quien te escribe

porque fuiste el motivo de sus versos.

A la vida que, al verte, se desvive

porque la sientas digna de tus besos.

¡A VIVIR! QUE SON DOS CENAS.

¡A VIVIR! QUE SON DOS CENAS.

Luces que encienden los sueños.

Frío que pinta las caras.

Besos de labios risueños,

carnavales hogareños

y jornadas que no paras.

 

Almas con amor en vena.

Penas que tocan el cielo.

Estomago que se llena

con el menú de la cena

entre cuñados y duelos.

 

Niños cruzando miradas

con padres, madres y abuelos.

Noches de jugar con hadas.

Días de guardar las balas.

Tiempo de risas y anhelos.

 

Copos de nieve en las copas.

Copas llenas de poesía.

Alegrías como rocas

y tristezas como locas

en busca de compañía.

 

Decorados para un cuento.

La vida en un convivir.

Flor de piel del sentimiento

contado en renos por ciento

de ganas de consumir.

 

Fantasía que nos mueve

a exagerar las bondades.

Estrellas que cuando llueven

sobre un desierto de nieve

guían a sus majestades.

 

Pensamientos solidarios.

Noches para rebuscar

regalos y calendarios.

Conciertos extraordinarios.

En fin: Feliz Navidad.

EN ESTOS DÍAS…

EN ESTOS DÍAS…

Déjate seducir por las miradas.

Por el cálido invierno que provoca

ganas de acariciar bajo la ropa

y beberse el olor de las tostadas.

 

Siente el aliento frío de la vida

con aroma a carbón y chimenea,

a leña crepitando, agradecida,

donde la nieve es luz de luna llena.

 

Días de sol y niebla agazapada,

de noches y de atascos de peatones

que sueñan siete veces por semana

que se hacen realidad sus ilusiones.

 

Déjate conquistar por el paisaje

de aceras a la sal y ramas secas.

Por la vuelta de hoja del viaje.

Por el relleno de las horas huecas.

 

Déjate entusiasmar por casi todo,

incluyendo el placer de no hacer nada.

Por empinar el ánimo y el codo

para recuperar duendes y hadas.

 

Prepárate a nadar con las mareas

con que la Navidad nos redecora,

aunque escarchen sus frutas y maneras,

aunque acabemos por que pedir la hora.

 

Deja de mal pensar en la rutina

que extravió la “t” por el camino

y pongamos a hervir en la cocina

el “caldo con pelota” del destino.

 

Que la suerte termine descorchada.

Que el Gordo pastoree las vacas flacas.

Que tengamos millones de coartadas

para encender sonrisas y no tracas.

VOLVER Y REVOLVER

VOLVER Y REVOLVER

Hay que volver a las pequeñas cosas.

Al calor del abrazo desatado.

Al rojo laberinto de las rosas.

Al beso clandestino agazapado.

 

Hay que volver al tiempo que no dimos.

Al olor con sabor a hierbabuena.

A aquella noche en la que nos perdimos

y el día amaneció con luna llena.

 

Al lugar donde aprenden las mareas

que el mar no se desangra en cada ola.

Al azul que, en la llama de las velas,

baila un vals con el paso de las horas.

 

Es bueno regresar a las entrañas

del viejo corazón que nos enseña

que, del fuego que funde las patrañas,

importa más el aire que la leña.

 

Hay que volver al guiño de reojo

de un baile inesperado y clandestino.

Al rosa, anaranjado, casi rojo,

del cielo de un pecado concedido.

 

A la gota de lluvia que se escurre

y recorre caminos de cristal.

Al punto donde al cielo se le ocurre

jugar a confundirnos con el mar.

 

Hay que volver a recorrer la acera

por la que se desnudan las miradas.

Hay que recuperar la calavera,

las tibias, el navío y las andadas.

 

Hay que volver al rastro del camino.

A la ropa interior de las afueras.

A mandar a galeras al destino.

A quitarnos las gafas de madera .

 

Hay que volver a hacer cosas normales

como echarle un buen polvo a la tristeza.

Hay que volver a hacer habituales

la paciencia, el placer y la belleza.