QUÉ SE LE VA A HACER

QUÉ SE LE VA A HACER

Me gusta ser burbuja

y canto de sirena,

espejismo de almohada,

el relleno mullido

de tu ropa interior.

Me gusta ser cornisa,

balcón sobre la niebla,

reflejo en los cristales,

silencio de sirena,

sonrisa por probar.

Me gusta ser el alma

con la piel de gallina,

la saliva del sobre,

la voz de mi canción.

Me gusta ser la luna

bañándose en el frío,

el polvo de tu brillo,

las ganas de llegar.

Me gusta ser el aire

del viento incomprendido,

el aullido del lobo,

la llave de tu luz.

Me gusta ser el hueco

donde cabe el deseo.

Me gusta ser la tinta

de luto en un papel.

Me gusta ser caricia,

susurro en el oído,

vendedor ambulante

de abrazos sin usar.

(y me los quitan de las manos)

Me gusta ser el loco

que siempre disimula.

Me gusta hacerme el tonto

por darte la razón.

DOS POEMAS (ETEYMP)

DOS POEMAS (ETEYMP)

NOSTALGIA

¿Dónde quedará ahora esa parada?
¿Ese lugar de encuentro y despedida?
¿Ese banco del parque en el que nos sentamos
a darle de comer a nuestras fantasías?
Muchos ratos perdidos, 
me sorprendo recordando 
lo que pudo haber sido,
lo que sería ahora de nosotros,
si no hubieses cogido ese autobús 
que te alejó del paso 
que no quisiste dar.
La vida es ir dejando atrás las cosas. 
Algunas por capricho o por desgana,
otras, por no pisar mierdas recientes.
Las más veces
(nótese aquí el guiño Cervantino)
por no ponerte metas, que se antojan,
demasiado lejanas o escondidas.
Por no comprometernos,
por no dar nuestro brazo a romper.
¿Dónde quedan ahora 
los besos que perdimos 
y los que, tontamente, perdonamos?
A ratos me pregunto
¿Qué paisaje me espera
ahora que doy por bueno  
el que he dejado atrás?
Tus sueños y los míos:
¿Dónde se desperezan?
¿En qué cabeza caben? 
¿Entre qué brazos duermen?
¿Quién eras tú?
¿Quién no fui yo?
Todavía no sé si soy quien debería.
Pero el ayer no puede conocer el mañana.
Sólo los pájaros regresan cada primavera al mismo nido.
Será porque son libres.
Qué paradoja.

LAS HORAS MUERTAS

He encontrado el reloj 
que da las horas muertas.
Un viejo carillón 
que cuenta los minutos en voz alta,
desde el fondo del angosto salón 
donde se encuentran 
las miradas perdidas.
Sobre una mesa camilla 
con la falda muy larga,
una diminuta musaraña enjaulada,
mira por la única ventana que tiene la estancia
y que ofrece unas fantásticas vistas 
a un espacio en blanco.
Una vieja musa despeinada, 
tumbada en el suelo de madera,
hace un solitario con las cartas marcadas 
y ningún interés.
Yo estoy de pie junto a una mecedora 
que cabalga despacio,
hipnotizado por su movimiento. 
Ausente y sin pensarlo me debato
entre quedarme quieto,
o asomarme a la calle y pintar el paisaje.
Sin embargo, no siento nada especial. 
Nada ni nadie me incomoda,
ni siquiera tengo la sensación 
de estar matando el tiempo.
El viejo reloj de péndulo 
ya se encarga de dejarme claro,
cada dos por tres,
que allí se viene: 
a desaprender, 
a desoír, 
a descreer,
a deshacer,
siempre a deshoras.

SE ACERCA EL INVIERNO

SE ACERCA EL INVIERNO

La calle huele a leña y a carbón.
Ya han encendido el aire del invierno.
Ya no revolotean las palomas (afortunadamente).

Ya suena esa canción que derrite la escarcha.

El cielo es una sábana extendida
de un insolente azul que no te quita el frío.
Y esa luz, ese brillo sencillo y penetrante,
es la naturaleza de los guiños. El origen del claro, voy contigo, por supuesto.

Crepitar de castañas en la esquina, patatas y boniatos,
burbujeo de guisos en el fuego,
tintineo incansable de juguetes de viento
que juegan con el aire a que se abrazan.

Las manos buscan manos o bolsillos.
El día es un ensayo de la noche
y hace transbordo en Sol. 

Maldita prisa.

Los árboles desnudos se disfrazan de invierno. Se visten de espantapájaros. 

(En el cielo dibujan los aviones
el mapa de los sueños sin escalas,
el pijama de rayas que te pones
cuando quieres usarme como almohada.

En el puerto los barcos amarrados
se miran en su espejo y chapotean,
como cuando mis dedos son tus manos
y entramos en calor tocando a ciegas.

Invierno que confunde el mar y el cielo
y la nostalgia con la cama fría,
cuando no estás conmigo y me desvelo.

Nostalgia de mis noches sin tus días,
cuando la soledad fabrica hielo
que se derrite al sol del mediodía)

La calle huele a huída hacia adelante, a licor de cenizas y a quién sabe. Se respira un quizá que quita el miedo.

El invierno está a punto de querer ser nosotros.

Poema del libro TIERRA MOJADA (Renacimiento editorial).

PARA MIS NIÑOS (PEQUEÑOS Y GRANDES)

PARA MIS NIÑOS (PEQUEÑOS Y GRANDES)

Este mes de octubre la editorial SM publica mis dos últimos albumes ilustrados para la colección de literatura infantil VERSOS DE.

Son libros ideales para primeros lectores (de 4 a 9 años) y para lectores en general, personas que gustan de este tipo de publicaciones o para los que tienen cada día una cita con el borde de la cama.

En esta ocasion se trata de Versos de la Tierra (a la venta desde el día 3) y Versos de Deportes (a partir del día 13). Publicaciones que se suman a las ya editadas: Versos del Tiempo, Versos del Mar y Versos de Niños (los dos últimos escritos a medias con Carlos Reviejo). 

Versos de La Tierra ilustrado por Miren Asiain, consta de 30 poemas dedicados a divulgar, en verso, la riqueza y variedad del entorno que nos rodea. Explicar nuestro planeta y alrededores de manera sencilla y divertida. 

Los continentes, los lagos, las montañas, el sol, el viento, las mareas, la luna o el ciclo del agua, son algunos de los contenidos de un libro exquisitamente ilustrado. Concienciar a los niños (y no tan niños) en la importancia de cuidar nuestro planeta es otro de los objetivos del álbum.

Versos de Deportes, ilustrado por Mikel Valverde, explica y juega con las diferentes disciplinas deportivas, sin olvidar sus valores, sus balones y sus galones. 

La mayoría de los 30 poemas, escritos para la ocasión, estan dedicados a algunos de nuestros deportistas más sobresalientes o representativos: Pau Gasol, Mireia Belmonte, Fernando Alonso, Carolina Marín, Gemma Mengual, Iker Casillas… sin olvidar la radio deportiva (como no), la afición y muchos más.

Es un repaso, y que me perdonen los que por falta de espacio se han quedado fuera, que va desde el movimiento olímpico a la sufrida existencia de la pelota de Ping-Pong. Merece la pena leerlo por las magníficas e irónicas ilustraciones que lo acompañan.

Escribir para niños no es tarea fácil, por eso pido vuestra colaboracion para explicarles lo que, en ocasiones, dejo en el aire a tal efecto.

Espero que os gusten.

INVIER  NO

INVIER  NO

La calle huele a leña y a carbón.
Ya han encendido el aire del invierno.
Ya no revolotean las palomas (afortunadamente).
El cielo es una sábana extendida
que no te quita el frío.
Y esa luz, ese brillo sencillo y penetrante
es la naturaleza de los guiños.
Crepitar de castañas en la esquina, 
burbujeo de guisos en el fuego,
tintineo incansable de juguetes 
que juegan con el viento a que se abrazan.
Las manos buscan manos o bolsillos.
El día es un ensayo de la noche
y hace transbordo en Sol. 
Maldita prisa.
Los árboles desnudos se disfrazan de invierno y…

En el cielo dibujan los aviones
el mapa de los sueños sin escalas,
el pijama de rayas que te pones
cuando quieres usarme como almohada.

En el puerto los barcos amarrados
se miran en su espejo y chapotean,
como cuando mis dedos son tus manos
y entramos en calor tocando a ciegas.

Invierno que confunde el mar y el cielo
y la nostalgia con la cama fría,
cuando no estás conmigo y me desvelo.

Nostalgia de mis noches sin tus días,
cuando la soledad fabrica hielo
que se derrite al sol del mediodía.

(Poema incluído en mi libro Tierra Mojada. Editorial Renacimiento)