VERDES Y SIN ASAS

VERDES Y SIN ASAS

Siervos y un tanto serviles.
Locos pidiendo favores.
Pícaros, fenicios, viles
cuando se trata de amores.
Currantes con o sin IVA.
Expertos en sacar bola.
Piratas a la deriva.
Suecos en bata de cola.
Mitómanos, maleables.
Devotos del gran joder.
De forma de estar, culpables.
Libres de forma de ser.
FunambuIistas sin cable
con carne de alma de artistas.
Expertos en tragar sables.
Despiertos y conformistas.
Con honrosas excepciones,
quien más quien menos se busca
la vida (y sus ambiciones)
en ésta España tan chusca.
Supervivientes innatos.
Listos con clase y sin clase.
Ilusionistas a ratos.
Reciclados sin envase.
Somos lo que padecemos.
padecemos lo que somos.
Y no, no nos merecemos
que nos fundan como plomos.

VISTO LO VISTO

VISTO LO VISTO

Al retrato de esta España
sobre piel de pandereta,
le han pintado una guadaña
envuelta en una patraña
coronada con peineta.
Lo han cosido a navajazos
y pelillos a la mar,
con un pincel de mil trazos
al que le han puesto dos lazos
y un gintónic al azar.
Un retrato con paisaje,
a modo de bodegón,
donde sobra paisanaje,
una perdiz sin plumaje
y un huevo de corrupción.
En el cuadro compulsivo
de esta España con coleta,
junto al divino cautivo,
un San Nicolás esquivo
abarca pero no aprieta.
A la izquierda pueden ver
una multitud confusa.
A la derecha, el poder
y en el centro un a saber
en una montaña rusa.
Al fondo sombras y luces
bajo un sol enladrillado,
un monte con muchas cruces,
gente dándose de bruces
y tontos por todos lados.
De estilo remordimiento,
con un toque surrealista,
la obra es un sufrimiento
pintada sin fundamento
por un neo hiperrealista.
Este retrato sin cielo
huele mucho a hierba mala,
a galán de medio pelo,
a tocinillo de suelo
y a “obso…” eso, programada.