CRÉEME.

CRÉEME.

¿A quién le va a importar que yo me muera?

me preguntó llorándome al oído.

—a mí—, le contesté muerto de pena

y a todos los que tanto te han querido.

Al aire que respiras y te llena.

Al viento que te abraza convencido.

A la sangre que lleva amor en vena.

Al corazón que siente tu latido.

Lamentará tu ausencia la caricia

que se sabe tu cuerpo de memoria.

Los labios que probaron la delicia

de los tuyos sellando aquella historia.

El agua que bañó tu piel desnuda.

El sueño que entendió tu fantasía.

Los que siempre acudieron en tu ayuda.

Las lágrimas que saben de alegría.

Comprendo el arrebato de tristeza

cuando el presente oculta su futuro.

Se puede superar con la belleza

hasta el más escarpado de los muros.

Le importará tu falta a quien te escribe

porque fuiste el motivo de sus versos.

A la vida que, al verte, se desvive

porque la sientas digna de tus besos.

¡A VIVIR! QUE SON DOS CENAS.

¡A VIVIR! QUE SON DOS CENAS.

Luces que encienden los sueños.

Frío que pinta las caras.

Besos de labios risueños,

carnavales hogareños

y jornadas que no paras.

 

Almas con amor en vena.

Penas que tocan el cielo.

Estomago que se llena

con el menú de la cena

entre cuñados y duelos.

 

Niños cruzando miradas

con padres, madres y abuelos.

Noches de jugar con hadas.

Días de guardar las balas.

Tiempo de risas y anhelos.

 

Copos de nieve en las copas.

Copas llenas de poesía.

Alegrías como rocas

y tristezas como locas

en busca de compañía.

 

Decorados para un cuento.

La vida en un convivir.

Flor de piel del sentimiento

contado en renos por ciento

de ganas de consumir.

 

Fantasía que nos mueve

a exagerar las bondades.

Estrellas que cuando llueven

sobre un desierto de nieve

guían a sus majestades.

 

Pensamientos solidarios.

Noches para rebuscar

regalos y calendarios.

Conciertos extraordinarios.

En fin: Feliz Navidad.

EN ESTOS DÍAS…

EN ESTOS DÍAS…

Déjate seducir por las miradas.

Por el cálido invierno que provoca

ganas de acariciar bajo la ropa

y beberse el olor de las tostadas.

 

Siente el aliento frío de la vida

con aroma a carbón y chimenea,

a leña crepitando, agradecida,

donde la nieve es luz de luna llena.

 

Días de sol y niebla agazapada,

de noches y de atascos de peatones

que sueñan siete veces por semana

que se hacen realidad sus ilusiones.

 

Déjate conquistar por el paisaje

de aceras a la sal y ramas secas.

Por la vuelta de hoja del viaje.

Por el relleno de las horas huecas.

 

Déjate entusiasmar por casi todo,

incluyendo el placer de no hacer nada.

Por empinar el ánimo y el codo

para recuperar duendes y hadas.

 

Prepárate a nadar con las mareas

con que la Navidad nos redecora,

aunque escarchen sus frutas y maneras,

aunque acabemos por que pedir la hora.

 

Deja de mal pensar en la rutina

que extravió la “t” por el camino

y pongamos a hervir en la cocina

el “caldo con pelota” del destino.

 

Que la suerte termine descorchada.

Que el Gordo pastoree las vacas flacas.

Que tengamos millones de coartadas

para encender sonrisas y no tracas.

VOLVER Y REVOLVER

VOLVER Y REVOLVER

Hay que volver a las pequeñas cosas.

Al calor del abrazo desatado.

Al rojo laberinto de las rosas.

Al beso clandestino agazapado.

 

Hay que volver al tiempo que no dimos.

Al olor con sabor a hierbabuena.

A aquella noche en la que nos perdimos

y el día amaneció con luna llena.

 

Al lugar donde aprenden las mareas

que el mar no se desangra en cada ola.

Al azul que, en la llama de las velas,

baila un vals con el paso de las horas.

 

Es bueno regresar a las entrañas

del viejo corazón que nos enseña

que, del fuego que funde las patrañas,

importa más el aire que la leña.

 

Hay que volver al guiño de reojo

de un baile inesperado y clandestino.

Al rosa, anaranjado, casi rojo,

del cielo de un pecado concedido.

 

A la gota de lluvia que se escurre

y recorre caminos de cristal.

Al punto donde al cielo se le ocurre

jugar a confundirnos con el mar.

 

Hay que volver a recorrer la acera

por la que se desnudan las miradas.

Hay que recuperar la calavera,

las tibias, el navío y las andadas.

 

Hay que volver al rastro del camino.

A la ropa interior de las afueras.

A mandar a galeras al destino.

A quitarnos las gafas de madera .

 

Hay que volver a hacer cosas normales

como echarle un buen polvo a la tristeza.

Hay que volver a hacer habituales

la paciencia, el placer y la belleza.

Y 12

Y 12

Empieza el mes de las cenas.

la lotería, los puentes,

del gasto como condena,

de la bondad recurrente.

 

El mes de la Inmaculada,

el de la Constitución,

de las luces desatadas

y el besugo de ración.

 

Del enemigo invisible,

del jefe venido a menos,

de la multa intransferible,

de los cuñados y renos.

 

Dos mil dieciocho extremo,

con la bala entre las cejas,

tanta paz lleve en su seno

como descanso nos deja.

 

Habrá que mascar turrones

por no morder yugulares

y kilos de omeprazoles

contra la acidez de males.

 

El año en la cuerda floja,

más pesado que un vicario,

no tiene vuelta de hoja

y huye del calendario.

 

Con diciembre hemos topado

sin cariños y con roces

de un año descontrolado

que se va soltando coces.

 

Quedan ya, como quien dice,

doce días laborables

y, sin entrar en matices,

dos noches incontestables.

 

Se nos muere el año en curso

como se encoge una tela.

Encendámosle una vela

como último recurso.

 

Que el rio no tire el puente

y vuelva a su mismidad.

Sin novedad en la frente

y, en en frente, Navidad.

NO TE QUIERE

NO TE QUIERE

Si te pega o te grita no te quiere.

Si te maltrata no vale la pena

tener que soportar esa condena

del que dicta “la mato si se muere”.

 

Hay que bajarse en marcha de ese exceso.

No engaña quien no acepta el desengaño.

No hay nada que alimente más el daño

que morir golpe a golpe y beso a beso.

 

No mejora el amor con maquillaje

para no delatar a ese gusano.

Es preferible hacer el equipaje.

 

Es mejor señalar que dar la mano

al cobarde, patético y salvaje

cabrón que no se mata de antemano.

¡YA EMPEZAMOS!

¡YA EMPEZAMOS!

Ya han parido las bombillas.

Han dado a luz las aceras.

La Navidad, de puntillas,

va a llegar aunque no quieras.

Viene pasada por agua

como caída del cielo.

Suplicio de los paraguas

que te clavan en el pelo.

En las redes hay “figuras”

para montar un Belén,

algunos no tienen cura,

ni cara, ni cruz, ni amén.

Ya suenan los villancicos

en los centros comerciales.

El otoño se hace añicos

deshojado en los portales.

Se nos termina noviembre.

El frio es nieve cuajada.

En breve será diciembre

que llega como si nada.

Para encauzar el enfado

y no nos falte detalle,

el mundo sigue atrapado

en los ecos de la calle.

La pereza aviva el fuego,

el frío encoge el ombligo

y dónde decimos Diego

al tiempo nos dicen digo.

Ya han parido las bombillas:

luces, cámaras, invierno.

Fin de mes con pesadillas.

“Compro piso en el infierno”.

Naviluz por todos lados.

Reza el rosario la Aurora

y el año desorientado

anda pidiendo la hora.

Las semanas tiran millas

y dicen que hará más frío.

Saca cuatrocientas sillas

o de perdidos al trío.