VERSOS DEL COLEGIO

VERSOS DEL COLEGIO

Me vais a permitir un poquito de promoción y autobombo, que los libros ni se escriben ni se venden solos (y “un granito no hace granero pero ayuda al compañero”).

Carlos Reviejo y un servidor con ilustraciones de Natascha Rosenberg hemos escrito e ilustrado con mucho cariño este libro para la Editorial SM, dentro de la colección Versos de… (La Tierra, Deportes, El Mar, Niños del Mundo, Versos del Tiempo etc).

Versos del Colegio es un álbum ilustrado con treinta poemas, en el que repasamos, rimando, las “cosas” y las personas que podemos encontrar en un colegio. Desde maneras de comportarse, pasando por los profesores, el recreo, la clase o la goma de borrar hasta el ordenador y su uso responsable.

Hemos querido rendir un homenaje a ese espacio por el que todos hemos pasado y que durante muchos años ha sido nuestra segunda casa. Y por supuesto a los Maestros, Carlos lo fue en su día, y a los pequeños, yo también lo fui en su día, que cada jornada, mochila al hombro o a rastras pasan un montón de horas aprendiendo y jugando.

Espero que os guste como lectura y que os sirva para poner un poco de orden entre lecciones y tareas.

Y a leer, que son dos vidas.

“TESTAMIENTO”

“TESTAMIENTO”

Le regalo mi vida a quien la quiera.

A mis tontos les dejo su fracaso.

A mi banco dos metros de una acera.

A los que no me ven un ceda el paso.

Le regalo la suerte que no tuve

a quienes sepan lo que hacer con ella.

Al ascensor que baja cuando subes

un techo que recuerde a las estrellas.

Le regalo al papel mi mala letra.

Al mar mi soledad bien entendida.

Le regalo mi voz a la careta

callada y de cartón de mi otra vida.

Le regalo al pincel mis tres paletas.

Al tiempo mi reloj bajo de pilas.

Le regalo mi olor a la indiscreta

manera de abrazar de quien me espía.

Le regalo a la noche mis deseos.

Al cielo mi oración más descreída.

Le regalo a la flor un aguacero

para que diga sí, cuando me pidas.

Le regalo al amor todas mis velas.

Al placer el colchón de mis pensiones.

A las bajas pasiones mi trinchera

para ganar la guerra que propones.

Le regalo al olvido mis recuerdos.

Al adiós una larga despedida.

Al cansancio le cedo mis esfuerzos

por hacer realidad tu fantasía.

Le regalo al silencio mis temores.

Al eco un diapasón para que afine.

Le regalo un resol a las canciones

para que con sus notas te iluminen.

Le regalo un condón a los sin dones.

A la piel las caricias que le faltan.

Al deseo ese as de corazones

que se excita en la boca de mi manga.

Le regalo al diablo mis ardores.

A la ternura mi alma desatada.

Le regalo a la vida mis temores.

A cambio, yo, me quedo con las ganas.

AGUA

AGUA

Agua montaña rusa.

Agua estancada.

Agua baño de musas.

Agua salada.

Agua de las montañas.

Agua del cielo.

Agua tela de araña.

Agua de fuego.

Agua que se derrite.

Agua sin nombre.

Agua que se repita.

Agua del hombre.

Agua de marejada.

Agua infinita.

Agua desencajada.

Agua de Ermita.

Agua de las canciones.

Agua del charco.

Agua de polizones.

Agua de barcos.

Agua de manantiales.

Agua de ducha.

Agua de soledades.

Agua de luchas.

Agua de los pantanos.

Agua de río.

Agua de los pecados.

Agua de frío.

Agua que se congela.

Agua que irrita.

Agua que se desvela.

Agua que imita.

Agua de porcelana.

Agua que sueña.

Agua de la mañana.

Agua pequeña.

Agua roca de hielo.

Agua que mata.

Agua lluvia de miedo.

Agua de plata.

Agua de los sedientos.

Agua del lodo.

Agua de los desiertos.

Tierra de todos.

TE SUEÑO

TE SUEÑO

Tengo un sueño despierto, con vistas a tu noche en el que estás dormida y voluntariamente desarmada.

Al filo de tu cama mis dedos chapotean en tu sexo entreabierto.

Un paisaje de labios que recorro despacio, como a cámara lenta.

Solo se oye el silencio de algún gemido ahogado, de un grito amortiguado por el eco de una leve caricia.

Mi deseo respira por tu boca desnuda.

Dibujo con saliva las curvas de tu pecho que dan la bienvenida a mi boca y mis manos.

Te giras lentamente y me acuesto a tu espalda encajando los bordes de este puzzle sin piezas.

Como estatuas de hielo nos vamos derritiendo hasta que solo somos un espejo de agua, un charco de sudor.

El tiempo se detiene y, sin perder la calma, nos quedamos dormidos.

Tengo un sueño a traición que se acuesta contigo.

O ALGO PARECIDO

O ALGO PARECIDO

Todos tenemos un drama que no contamos, un sueño que no vivimos, un duelo que no esperamos. Un beso en lista de espera, una contraseña olvidada, un recuerdo al que hacerle el boca a boca, un cuello que perder.

Todos tenemos un cielo extraviado, una ilusión contenida, un deseo inacabado, una pasión mal encendida… y otra vida que dejarnos en herencia, hasta el culo de promesas incumplidas.

Todos tenemos una mala noche (y una mala leche…) y un día siguiente con resaca que nos deja la cabeza en la otra orilla. Todos tenemos una buena barca aunque el río no parezca navegable.

Todos tenemos cien asignaturas pendientes, pendientes de un filo, y un examen final que no estudiamos.

Una retorcida rama por la que fugarnos, un espesa niebla donde guarecernos y unas manos hechas para retocar.

Todos tenemos algo que pedir y que ofrecer. algo que desear y que temer. Un amor secreto y un secreto a voces. Una extraña racha y un viento del sur.

Todos tenemos un alma en venta y una piel a tiras. Un beso en la punta de la lengua y una palabra de consuelo. Un abrazo que cura y una caricia a tiempo.

Todos tenemos razones de sobra para intentarlo, para vivirlo, para aclararlo.

Todos tenemos algo que ganar.

(Salvo los que no tienen ni eso ni seso y los que responderán a esta entrada con un “yo no” o un “casi todos. Algo me me toca un pie).

HABERES

HABERES

Hay silencios que rompen

el eco del sonido.

Hay palabras que hieren

y miradas que atan.

Hay besos que desnudan

y versos que acarician.

Hay susurros que abrasan

y gemidos que duelen.

Hay distancias que matan.

Hay espejos que envidian.

Abrazos que enmudecen.

Hay personas que excitan

y carencias que inspiran.

Hay bordes sin abismo

y vacíos que llenan.

Hay ángeles caídos

y demonios helados.

Hay tormentos que asustan

y tormentas que calman.

Hay luces encendidas

que, a la vez, oscurecen.

Hay príncipes azules

que a la larga oscurecen

y princesas azules

con los pies de cristal.

Hay cuerpos que marchitan

la flor de la pasión.

Hay caricias de lava

más frias que un desprecio.

Hay curvas lujuriosas

y lágrimas que pecan.

Hay pecados mortales

que merecen la pena.

Hay penas que se curan

dejándose llevar.

Hay sonrisas que no arreglan nada

pero lo mejoran todo.

LO QUE DURA DURA

LO QUE DURA DURA

Una vez comprobado que en casa no tenía naranjas, ni café, ni leche, ni pan, ni mantequilla, ni mermelada de melocotón, ni ganas de ponerme a enredar; antes de untarme un colín con un poquito de foie gras acompañado de un lingotazo de ginebra a palo seco, he preferido bajar a desayunar a la calle, a una cafetería para ser más exactos. Me he despachado sin demasiado entusiasmo: un zumo de naranja natural y un café con leche XXL en el que he mojado una porra y un churro. Por intentar comer sano que no quede.

Al salir del bar y por nada en especial, aliviando una época gris marengo que estoy pasando y cuyos motivos no vienen al caso, en la tapia que bordea mis emociones se ha abierto una rendija que ha dejado entrar, por un rato que aún dura, un haz de luz, un rayo de esperanza de esos que no sabes muy bien de dónde viene o quién te lo manda. Ese revolcón que el corazón se da con tu cabeza en un momento dado y matan a polvos la tristeza de forma inesperada. Lo que dura dura.

Tres vueltas a la manzana más tarde disfrutando de esa sensación he visto que, a lo lejos, por mi acera, venía un viejo (des)conocido al que hacía mucho tiempo que no veía por el barrio. Un sin techo (con techo) con el que siempre he tenido buen rollo y al que, sin ánimo de echarme flores, le suelo ofrecer una generosa ayuda. Como he salido de casa con lo puesto (que suele ser lo normal cuando uno sale de casa): un pantalón corto, una camiseta, una tarjeta de crédito y las llaves, le he saludado cariñosamente y me he interesado por su salud. Le he tenido que decir que no llevaba nada para darle y he seguido mi camino. Al recordar que llevaba la tarjeta en el bolsillo, un impulso me ha guiado hasta a un cajero y he vuelto a compartir con él un poco de ese extraño consuelo que yo estaba sintiendo. No le he dicho nada, he pasado a su lado, le he puesto el billete en la mano y he apretado con la mía uno de sus dedos en un gesto cariñoso como quitándole importancia a lo que estaba haciendo.

Oigo a mucha gente que es muy dada a comentar en estos casos, cosas como que “se lo va a gastar en vino”. Por mí como si lo invierte en bocadillos de tofu. Bastante jodida es la vida para algunos como para encima quitarles los buenos ratos que puedan pasar como les salga de las muletas.

Mientras me alejaba buscando un estanco para comprar tabaco porque estoy dejando de fumar, se me ha puesto un nudo en la garganta y he roto a llorar. Ha faltado el canto de un euro para que alguno de los transeúntes que se ha cruzado conmigo se parara a consolarme. A mí, el canto de un gallo para abrazarme al tronco de un árbol y terminar el poema camuflado.

Pasado el tonto sofocón, camino del estanco he saludado a mi kisoskero con el que no hablaba desde hacía tiempo, demasiado.  Lo que tienen los buenos amigos o los buenos conocidos es que puedes estar años sin veros y en el momento del reencuentro es como si hubieseis estado de copas la noche anterior. Me ha dicho que para dejar de fumar solo hay un método fiable: querer hacerlo.

He seguido mi camino después de desearle un feliz domingo y al llegar a un paso de peatones, un par de metros por delante, un abuelo ha estado a punto de dejarse la dentadura postiza y los huesos propios de la nariz contra un bolardo y, no me digáis cómo, he conseguido cogerle al vuelo. Susto superado. Pero ¿qué día es hoy?

Ya en el estanco, una señora que acababa de comprar un cartón de tabaco y un paquete de chicles, después de pagar se ha ido olvidando su compra sobre el mostrador. Sin pensármelo dos veces he salido corriendo tras ella y se la he entregado. La estanquera me ha agradecido el gesto cuando he vuelto a por lo mío y aquí gloria y después paz.

Ahora, ya de vuelta en casa, estoy sentado en el sofá frente a un cuadro que empecé a pintar ayer esperando a ver si se me aparecen sobre el lienzo las caras de Bélmez y entablo con ellas una conversación sobre lo que les preocupa, por ver si puedo hacer algo por ellas. Dada la mañana que llevo seguro que alguna pincelada podré darles.

Es probable que esta noche me haya reencarnado sin saberlo ni pretenderlo en Santa Teresa de Jesús. Mientras que no tenga que ir a misa, bienvenido sea. Supongo que son cosas que pasan y que dependen mucho del estado anímico de cada cual. Unos lo llaman karma, otros causalidad, otros destino, otros gilipolleces. La etiqueta es lo de menos. No deja de ser una satisfacción que alguna vez las cosas vayan bien.

Creo que ahora si me voy a dar el lingotazo de ginebra, sin alcohol y a fumarme un piti. No sé lo que va a durar abierta la grieta de mi pared.