LUCES Y SOMBRAS

LUCES Y SOMBRAS

A ella le daba miedo la oscuridad, él padecía fotofobia.

A lo largo de los años habían hablado miles de veces, pero, casi nunca sus miradas habían podido encontrarse.

Ella cerraban los ojos de noche, él los cerraba de día.

Ella le describía los amaneceres, él le contaba al oído los secretos de las estrellas.

Su relación parecía imposible y, sin embargo, se amaban más allá de lo imaginable. Habían aprendido a quererse así y ya no concebían su relación de otra manera.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, la naturaleza les hacía un regalo maravilloso que les reconfortaba: un eclipse de sol.

LAS HORAS MUERTAS

LAS HORAS MUERTAS

He encontrado el reloj

que da las horas muertas.

Un viejo carillón

que cuenta los minutos en voz alta,

desde el fondo del angosto salón

donde se encuentran

las miradas perdidas.

Sobre una mesa camilla

con la falda muy larga,

una diminuta musaraña enjaulada,

mira por la única ventana que tiene

la estancia y que ofrece unas

fantásticas vistas

a un espacio en blanco.

Una vieja musa despeinada,

tumbada en el suelo de madera,

hace un solitario con las cartas

marcadas y ningún interés.

Yo estoy de pie junto a una

mecedora que cabalga despacio,

hipnotizado por su movimiento.

Ausente y sin pensarlo me debato

entre quedarme quieto,

o asomarme a la calle y pintar el

paisaje.

Sin embargo, no siento nada

especial.

Nada ni nadie me desagrada,

ni siquiera tengo la sensación

de estar matando el tiempo.

El viejo reloj de péndulo

ya se encarga de dejarme claro,

cada dos por tres,

que allí se viene:

a desaprender,

a desoír,

a descreer,

a deshacer,

siempre a deshoras.

“Entre tu espalda y mi pared”.

Editorial Renacimiento.

IDIOTAS

IDIOTAS

El ser humano, del divino ya ni hablamos, ha conseguido, no sin gran esfuerzo, tozudez y estulticia, a lo largo de los siglos y por los siglos de las siglas, que la vida sea tan complicada como para hacerla imposible.

Para ello nos hemos dotado de leyes que regulan leyes que regulan leyes que jamás debieron haber sido leyes (seguramente escupidas por la mente de alguien que perdió un juicio o el suyo propio, o quiso vengarse de otro u otra).

Hemos creado absurdos mecanismos de autodefensa y de defensa ajena que, amén de innecesarios, han contribuido a enredar más esa madeja que hoy nos hace las veces de alzacuellos y de excusa para ahorcarnos con la primera rama tronchada (de risa) del camino.

No contentos con estar contentos y despreocupados, le pusimos una aclaración a cada sílaba, un pero a la parte de atrás de cada frase, una excepción a cada regla, una regla a cada acción, una pega a cada gesto y una mueca a cada respuesta.

Sembramos de dudas los campos de labranza y las laderas del conocimiento y, con la cosecha resultante, llenamos de mierda el silo de la experiencia hasta dejarlo inservible.

Aprendimos de nuestros errores que rectificar era cosa de sabios y nos lo creímos por interés, sin entender que equivocarse es de torpes, que los sabios no están para equivocarse ni pendientes de esas bobadas.

Somos esclavos de las leyes, de los bancos, de la nómina, de las ideas peregrinas, de los políticos, de los miedos de incomunicación, de lo que digan u opinen de nosotros, del papeleo, del temor a ser autónomos (que a su vez son esclavos de todo eso y de ellos mismos).

Estamos presos al otro lado de la valla. Vivimos (o eso creemos) atrapados en el tiempo y en el cada vez más escaso espacio. Entre cuatro paredes por mucho que dos de ellas estén hechas de cielo y de mar.

Nuestro horizonte es la quietud. El futuro sentarnos en cuclillas y matar el tiempo echando de comer a las baldosas.

Todo tiene su excepción, su lado oscuro, su lado absurdo, su lado bueno, pero, ni lo bueno nos convence. Nos sentimos obligados a buscarle siempre tres gatos al pie., de encontrar culpables

Llegará un día en que respirar sea delito o esté mal visto o nos lo prohiba un necio, y habrá quien deje de hacerlo.

Porque somos idiotas.

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(Y cuando aumentó la preocupación por la contaminación acústica en las ciudades, alguien inventó las maletas con ruedines).

CULPABLE

CULPABLE

Camino despacio persiguiendo a mi sombra que me indica el camino que espero sea de luz.

Camino medio grogui como el preso que enfila el corredor de la muerte, con la esperanza de que sus verdugos no hayan pagado el recibo ese mes o se funda la silla o que les hayan cortado el gas por avería o que su ejecutor no encuentren ni una sola vena sana por la que inyectarle su veneno mortal.

Camino sin ganas de llegar a ninguna parte y menos a alguna que termine al borde de un precipicio sin salida, sin más salida que una nada envasada al vacío, al fondo a la derecha.

Camino y no siento la calle, no reconozco las aceras ni las caras que siempre se han cruzado con la mía. Nadie me reconoce ni me conoce. Es como si se hubiesen olvidado de que alguna vez fui bueno o merecí la pena o la alegría.

Camino y me pregunto qué mal pude hacer más allá de respetar la vida, de querer vivirla, de sentirme vivo, de cuidar de todos.

Y así voy caminando de puertas para dentro, dando palos de ciego, sumido en una suerte de desgracia ganada a pulso.

Me siento como el pájaro al que han quemado el nido, como el gato que ansía no ser como los otros, como el árbol cansado de no poder crecer.

Camino y al doblar la esquina compruebo que mi sombra me ha dado la espalda y ahora me pisa los talones.

Camino y no reviento por no sentirme más culpable y solo.

SIEMPRE QUISE TENER

SIEMPRE QUISE TENER

Mis cuadros subiéndose por las

paredes.

Tu corazón en mi puño y viceversa.

Confianza sin fianza.

Un sueño consentido (común).

Mi voz bajo tu almohada.

Una buena oportunidad con

respaldo y dos cojines.

Un sitio donde huir.

Valor para saltar.

Un tiempo que perder.

Dinero suficiente para que no me

importe el dinero.

Un éxito sin más.

Un toque diferente que no

provoque indiferencia.

Volver de todas partes.

Una mirada “de esas”.

Una isla desierta con todo lo que la

gente se lleva y abandona cuando le

preguntan ¿qué tres cosas te

llevarías a una isla desierta?

Un escondite donde encontrarnos.

Una buena razón para no pensar.

La mejor disculpa jamás inventada.

El humor eterno.

Aprobar mi examen de conciencia.

Un pecado vital.

Un trio de dos.

Una noche conmigo pero sin mí.

Otra vida después de la muerte…

(Aquí el lector, si lo desea, puede jugar a aumentar la lista con sus preferencias).

Siempre he querido tenerlo todo,

no creo que sea mucho pedir.

GILHIPÓCRITAS

GILHIPÓCRITAS

No me importa vivir entre cuatro

paredes.

Así puedo esconderme cada noche

en un rincón distinto de mí mismo.

Los habrá que prefieran asomarse a

la calle y exhibirse desnudos, sin

miedo a lo que opine el cretino de

enfrente.

Por amor al arte. Sin temor a

helarse.

Habrá otros que opten por vestirse

de niebla temiendo que levante.

Cada cual se desvive al borde del

peligro en el que más a salvo se

resienta o se resista.

Hace en privado cosas que no

quiere airear, celoso de sí mismo,

receloso del resto.

Porque a nadie le importa lo que

haga mientras no dañe a nadie.

Mientras no lo practique al margen de la ley.

Y a los que no les guste que no

miren.

No busque lo que temas

encontrarte.

Los que buscan lo que no quieren

saber corren el peligro de

encontrarlo.

Cada uno es muy libre de sentirse,

si se da la ocasión, una persona

diferente, dependiendo del lugar,

de las circunstancias, o de las copas

consumidas.

Cada mente se precipita como

quiere a ese abismo tan íntimo

en primera persona que rompe su

rutina.

Casi todos llevamos dentro un

exhibicionista dentro luchando por

salir. Sin ánimo de molestar.

El que lo haga por joder es su

problema y se debe atener a las

consecuencias.

No me quita el sueño lo que la gente

opine de nosotros, de los otros.

Me importa lo que siento, Lo que

me hace feliz, lo que me salva.

Lo que me salva de puertas para

adentro y mentes para afuera.

Nadie tiene la patente de lo que es

moralmente aceptable.

Muchos de los que hablan tienen

tanto que callar que sería mejor que

adoraran al silencio como a un Dios

mayor y más justo.

No estaría de más, llegado el caso, o

el acoso, que dejaran en paz la

desnudez, la “ropa interior” de las

vidas ajenas,

Sería de agradecer que los falsos

santones cesaran en su empreño de

tocarnos los pezones o de pixelarlos

como si fueran hijos Instagram,

No estaría de más poder

desenmascarar y enseñar las

vergüenzas de los cada vez más

rancios y detestables “gilhipócritas”.

Todo el mundo tiene algo que

ocultar y bienvenido sea.

Allá cada uno.

Yo no me meto mientras no me

maten.

QUEDA LA RADIO

QUEDA LA RADIO

#DíaMundialDeLaRadio

El reverso de Taboada

De las voces queda el eco.

De los guiños las miradas.

De la realidad el reflejo

envuelto en polvo de hadas.

De la soledad el frío.

Del río queda la mar.

Del destino un albedrío

difícil de controlar.

Quedan cenizas del humo.

Del humor las carcajadas,

De las palabras un zumo

de frases de temporada.

Del amor quedan momentos.

De la pasión el deseo,

Del adiós un sentimiento

de los de creo y no veo.

Del ayer quedan las ganas

de estar cada vez más vivos.

Hoy que la radio es mañana,

que nos quiten lo emitido.

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