UN DÍA PERFECTO

UN DÍA PERFECTO

El día que vas y vienes
con la prisa en los talones,
que parece que no tienes 
tiempo ni por alusiones.
 
Ese día que naufragas
en cualquier gota de lluvia,
o que te pillan en bragas
y de repente diluvia.
 
En que todo te lo piden
para ayer por la mañana,
y te exigen y no miden,
y tu lloras y no maman.
 
Ese día que se atasca 
la calle de la amargura.
Que te pica y, si te rascas,
la piel te pasa factura.
 
En que el bien va malherido
y el mal quiere que te mojes,
y el pollo come cocido
y el más tonto hace relojes.
 
Un día que por defecto
presenta este panorama,
ese es un día perfecto.
Ese es un día perfecto
para quedarse en la cama.

SI MAÑANA NO FUERA OTRO DÍA

SI MAÑANA NO FUERA OTRO DÍA

¿Y si un día no hay mañana
o mañana ya fue ayer
y el presente es la manzana
que no supimos morder?
 
Quiero decir:  ¿Y si un día
ya nada tiene sentido
porque este globo perdido
raja como una sandía?
 
Vivimos desprevenidos
y, lo que es peor, cegados,
más fieles al enemigo
que de estar de nuestro lado.
 
No sentimos el momento,
no sudamos nuestro miedo,
no movemos un pimiento:
culo, espalda, cuello, dedo.
 
Dejamos para mañana
lo que no haremos jamás,
quizá por falta de ganas
o por todo lo demás.
 
Porque nos tienen cogidos
por dónde todos sabemos:
por el monte del gemido,
por los euros, por los huevos.
 
Si, sin avisar, el cielo
se desploma de repente,
responde sinceramente;
¿qué has dejado para luego?
 
¿Un amor, una mentira,
un viaje, un paradero,
un sueño, una despedida,
otra realidad, un pero?
 
¿Un ruego, tal vez un beso,
un perdón, un espejismo,
un minuto en el abismo,
una fantasía, sexo?
 
¿Qué asignatura pendiente,
qué proposición, qué grito?
Baja la cifra siguiente
que la vida es un cociente
y nos llueven meteoritos.

EL CORRUPTO INTERIOR BRUTO

EL CORRUPTO INTERIOR BRUTO

Pillados con las manos en la masa,
con la que el resto hacemos el pan duro,
suelen ser lo peor de cada casa,
de pasado imperfecto sin futuro.
 
Buscadores de oro en cualquier charco.
Malabaristas de las concesiones.
Tesoreros con título, sin marco,
de una mala carrera de ambiciones.
 
Soldados insaciables de fortuna.
Parásitos que viven de un pastel
que se reparten, sin decencia alguna,
sin dejar una miga en el mantel. 

Estos tipos con alma en estampida,
hoy son de nuevo lo que más escalda
a esta España, paciente y malherida,
cansada de sablazos por la espalda.
 
Muy “listos” pero nada inteligentes,
con más cuentas pendientes que secretas,
Petimetres, chorizos, delincuentes.
¡Váyanse ya a mamar y a hacer puñetas!