A PASEO

A PASEO

Salir a pasear sin sentir frío.
ni miedo, ni dolor, ni nada malo.
Sacar a pasear tu desvarío
con la sana intención de no dar palo.

Simplemente: mirar, cruzar el río
que separa el futuro del pasado,
dejar el callejero a su albedrío
aunque elija el camino equivocado.

Y que no importe el nombre de la calle,
o si son empinadas las aceras,
o si el viento te coge por el talle,
o si suben o encajan las mareas.

Caminar sin saber de dónde vienes,
sin que importe una mierda dónde vas,
si se cruzan tus males con sus bienes,
lo que piensen o digan los demás.

Echarle un pulso al loco segundero
que te sigue a sesenta por minuto.
Pasear tu universo diminuto
volando sin volar a ras de suelo.

Pasear por la vida sin complejos
pero sin vocación de escaparate,
persiguiendo sonidos y reflejos
hasta volverte cuerdo de remate.

Salir a pasear con viento en popa
y mandar a paseo la tristeza.
Poner a la frialdad mirando a Europa
y volver abrazado a la belleza.

POCO HECHA

POCO HECHA

Es tiempo de carnaval
y nada es lo que parece.
Bajo la piel de un disfraz
cualquiera puede soñar
que el mundo desaparece.

Carnaval de chirigotas
reinas. máscaras, Drac Queens.
De bailar y dar la nota,
De beber con cuenta gotas
(por si la guardia civil).

A pesar de que hace frío
la calle es un hervidero.
Es tiempo de desvarío,
de llenar algún vacío
y parar el aguacero.

Es hora de hacerse el muerto,
de tener como objetivos:
un humor en cada puerto
y que nos lleven al huerto,
al huerto de los olvidos.

Es carnaval y la vida
se ve mejor desde fuera.
Duelen igual las heridas
pero, a base de paridas,
es como mejor se lleva.

Febrero es un vendaval
donde el aire se conjura.
Donde asusta lo real
por culpa de tanto mal
y de tanto caradura.

Época de carajal,
de sacarse las espinas
del seco y triste rosal,
clavadas en el real
culo de nuestra rutina.

Tiempo de lucir caretas
y planchar la carne cruda.
De guardar las metralletas,
de quitar las espoletas
retardadas de la duda.

OTRO MINUTO DE GLORIA

OTRO MINUTO DE GLORIA

Un minuto de gloria dedicado
por nada en especial, quizá por todo:
Al mástil del pendón desorejado.
Al tuitero que calla por los codos.

Al año de papel del almanaque.
A las gotas que viven de los charcos.
Al que no se defiende al contraataque.
Al que pide en la fila de los bancos.

A la media verdad que no es mentira.
A lo que nunca cuentan de la historia.
Al marco, a la peseta y a la lira
que aún guardan su valor en la memoria.

A la gota de sangre que se seca.
A la tela de araña abandonada.
A los ratones de las ludotecas.
Al vacío que llena una mirada.

Le dedico también este minuto:
Al estuche con lápices gastados.
Al negro por estar siempre de luto.
Al blanco cuando está recién planchado.

Al libro que se aburre en la mesilla.
Al ojal del botón que no se abrocha.
Al sueño que no acaba en pesadilla.
Al que mezcla colores con la brocha.

A la luz que se apaga en la nevera.
Al garbanzo del pito del sereno.
A la huella que borra la marea.
Al que cose los trajes de neopreno.

Le dedico el minuto al espejismo
que convierte en cristal la carretera.
A ese instante fugaz contigo mismo
en el que eres feliz a tu manera.

A la parte más baja de los muros.
Al adiós que no espera un hasta luego,
Al lado sin usar del lado oscuro
y al que sin decir digo dice Diego.

También al interior de las afueras.
A la parte caliente de los paños.
Al cristal de las gafas de madera.
A las selfies tomadas en los baños.

Un minuto de gloria dedicado
por nada en especial, quizá por todo:
A la sonrisa abierta del candado.
A las partes cogidas por el todo.